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Artículo
tomado de Universitas Humanística No. 52. Bogotá: Pontificia
Universidad Javeriana, Julio-diciembre de 2001
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LOS LIBROS DE ARENA POR MARCELA CASTRO CASTRO Presentación En algún anaquel de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires hay un libro perdido en el bosque de volúmenes. Se trata de un objeto inverosímil, absurdo: el número de sus páginas es exactamente infinito, ninguna es la primera; ninguna, la última y están numeradas de modo arbitrario; acaso para dar a entender que los términos de una serie infinita admiten cualquier número. ¿Qué podría hacer el lector de semejante libro más que abandonarse al insomnio o acercarse peligrosamente a los bordes de la locura? El infinito es un número divino; demiurgos y dioses escritores podrían optar por escribir libros infinitos con infinitas historias, infinitamente ramificadas. Los mortales, optan por diseñar libros-juego multiplicando las formas hasta el límite de lo imaginable. Afirmar que tales libros existen sería una convención de la ficción; estos libros, sin embargo, existen... El libro-juego En el conjunto de la literatura hay un tipo de obras que nos invitan a abrir la puerta para ir a jugar. Entre éstas, Milan Kundera señala a Vida y opiniones del caballero Tristam Shandy, del novelista irlandés Laurence Sterne, y Jacques el fatalista, de Denis Diderot, como las dos "cimas de la levedad" nunca alcanzadas antes ni después, en la historia de la literatura europea. A pesar de estos precedentes "la novela posterior se dejó aprisionar por el imperativo de la verosimilitud, por el decorado realista, por el rigor de la cronología. Abandonó las posibilidades que encierran esas dos obras maestras y que hubieran podido dar lugar a una evolución de la novela diferente de la que conocemos." (Kundera, 25-26) La novela no escuchó esta "llamada del juego" y eligió otro curso histórico dominante. Sin embargo, paralela pero marginal a la hegemónica, hay otra historia, la del "libro-juego" que conecta esas obras predilectas de Kundera con la "anti-novela" contemporánea y las novísimas creaciones de la narración hipertextual. De esta historia de "larga duración" de los libros-juego he seleccionado algunas obras narrativas de Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar como ejemplo paradigmático de los precedentes literarios de las recientes producciones de la narrativa hipertextual. Para confirmar esta relación examino dos dimensiones constitutivas del libro-juego: una estética del juego, configurada desde la reflexión filosófica, y una estética del diseño abordada a partir de la doble producción que conforman la escritura y la lectura. 1. Estética del juego La cultura humana sería impensable sin un componente lúdico. Tal es la presencia que el juego tiene en las actividades creativas, desde las cotidianas a las artísticas, que se escinden como algo aparte-diferente que se destaca del mundo habitual. No obstante, intentar una delimitación satisfactoria de tales actividades resulta arduo porque el concepto de juego es múltiple y está sujeto a las variables lingüísticas y culturales registradas a través de su historia. Pero siguiendo el rastro de la estética filosófica, desde su consolidación como disciplina autónoma en el siglo XVIII hasta la hermenéutica contemporánea, encontramos seis características determinantes del fenómeno lúdico: la libertad, la dualidad, un espacio y tiempo propios, el automovimiento, la "intencionalidad cero", el azar y la doble productividad. Estos rasgos diferenciales se identifican también en el "libro-juego", en tanto éste promueve la libertad creativa, la reconfiguración de la narrativa, del autor y del lector, el "espacio-vértigo", la lectura extraviada, la mediación del azar y la necesidad y la interactividad. Lo que sigue es una comparación a doble columna de los aspectos más importantes de la estética del juego
2. Estética del diseño El mundo contemporáneo ha recuperado la memoria al reconocer como suyas antiguas ideas científicas y filosóficas, así como saberes tradicionales ignorados, que ahora originan una nueva situación sin precedentes: la concepción radicalmente múltiple, fragmentaria, relacional, comunicativa, evolutiva y compleja de la naturaleza y de la cultura. Es esta una «nueva alianza» (Prigogine y Stengers) entre el ser humano, sus sociedades y la naturaleza gracias a la cual, nuevos-viejos órdenes son revalorados: ordenes dinámicos, complejos, coherentes y, sin embargo, «abiertos», fragmentados, no-lineales. Ya no hay certidumbres absolutas sino expectativa ante lo imprevisto causante de las transformaciones, la innovación, la creación y la destrucción. Esta descripción de un sistema complejo se asemeja a la del juego: espacio-aparte donde se conjuga la necesidad de la regla y la disposición al azar y a la indeterminación. El juego establece también una «nueva alianza» que lo justifica y da razón de su ser: la no distinción entre espectador y jugador porque sólo quien juega hace posible la realización del juego. El jugador es parte del juego, así como hoy la nueva ciencia comprende que el ser humano pertenece a la naturaleza y participa de su construcción estableciendo un diálogo que no pretende la dominación del interlocutor. Este compromiso activo entre juego y jugador constituye el sentido estético (y ético) de una tradición literaria también crítica a los valores dominantes. En la historia de la literatura podemos distinguir dos tipos de sistema: uno «clásico» (representado por la estética realista) y otro que tiende a alejarse del equilibrio. A este último pertenecerían las obras que se inscriben en la tradición lúdica y que he denominado «libros-juego». Estas nuevas estructuras y nuevas formas son el resultado de la desestabilización y la indeterminación introducida en el diseño y en la lectura de la obra, y de la disipación de ciertos elementos caros al equilibrio. El autor, como diseñador conciente del libro-juego propone en el texto una serie de estrategias desestabilizadoras (cuya consecuencia inmediata es la ruptura de las simetrías temporales y espaciales) que invitan al lector a jugar, a participar activamente en la actualización de la obra. A su vez, en este nuevo orden se producen pérdidas: el autor, la trama, la historia de causas y efectos, la forma, el límite y la totalidad se disipan. De lo anterior se destaca la caracterización de la producción literaria como diseño autoconciente de una forma y de una estructura compleja, ordenada, abierta al azar y a la indeterminación. La consecuencia inmediata de ubicar la escritura en el campo del diseño es el privilegio de las estructuras espaciales en detrimento de la tradicional función del tiempo como dinamizador de la narración. En cuanto a la recepción, el proceso participativo del lector se radicaliza. Las estrategias del diseño -la fragmentación, la inestabilidad y la imprecisión- promueven la participación del lector y desestabilizan la lectura (La recepción será entonces, accidentada, inestable, descentrada, extraviada, en últimas, productiva). De esta forma, la lectura (experiencia participativa) y la escritura (proceso creativo) se revelan como desarrollos complementarios. La productividad del texto se dinamiza en la producción del lector: el hecho estético se realiza como un fenómeno de «doble productividad», como un compromiso creativo e interactivo entre lector y texto. Como el paradigma de los sistemas complejos, el juego en el ámbito cultural y literario es un orden diferente relegado al olvido por las tendencias y valores dominantes de la sociedad moderna. Sin embargo, afirma Prigogine, lo minoritario, lo excluido puede ser el origen de algunas de las innovaciones que han transformado a la sociedad. (171) Magister Ludi: Macedonio, Borges y Cortázar Museo de la novela de la eterna, las narraciones multiformes de Herbert Quain, Ts'ui Pen y Pierre Menard, y Rayuela se nos antojan hoy, parafraseando a Kundera, las cimas de la literatura lúdica latinoamericana. Respondiendo a las categorías de la estética del juego y anticipándose, incluso, a las producciones de la tendencia antinovelística, estas obras son los antecedentes indiscutidos de la reciente narrativa hipertextual. Por esto, el lector debe imaginar lo que viene a continuación como una transversal que toca todos los puntos del díptico inicial. Novela collage Museo de la novela de la eterna Museo de la novela de la eterna no es un "espacio" que contiene obras acabadas, contiene fragmentos autónomos y de diferente naturaleza que no buscan recomponer ningún orden, ninguna totalidad. Entre ellos no hay causalidad ni jerarquías. Cada uno ocupa el centro mientras es leído por el lector. Centro mudable, provisional. Museo es la "primera novela buena", la que inaugura la literatura inseguida e inasible con su escritura fragmentaria, inconclusa, desordenada y descentrada. Esta fractura del relato es una estrategia para eludir la lógica del lenguaje, del discurso y del sentido común y crear un mundo aparte del orden artístico y existencial establecidos. La escritura fragmentada rechaza el sistema y le apuesta al pensamiento "viajero". Esta búsqueda estética y metafísica se expresa en la producción literaria tomando la forma que le es apropiada, la forma en la cual nuestra percepción comprende el mundo: en fragmentos discontinuos y desligados. La escritura en fragmentos modifica la producción, la estructura y la recepción de la obra. Con respecto a la producción, la fragmentación es un signo de la autoconciencia creadora. En cuanto al discurso, se afectan el espacio textual y la estructura narrativa. En su recepción, el lector se siente exigido a modificar sus hábitos de lectura. Autoconciencia. Macedonio hace literatura sobre el intervalo que media entre el impulso de escribir y la escritura misma. No hay una realidad previa a la escritura sino que la escritura crea - y es conciente de su creación- un mundo propio: en el instante en que la escritura cesa los personajes dejan de actuar y el jovencito que cae del balcón quedará suspendido "en el aire sin piso del espacio" (MNE, 230). En la estancia de "la novela" las acciones no ocurren, se escriben; la escritura es un teatro para la representación y el sueño. (MNE, 274) (Y, ¿no será la realidad, como lo quiere el Idealismo, sólo un mundo de pensamiento, y llevando la deducción al extremo, de lenguaje, de escritura? o, ¿será el Arte la evasión de la realidad?) La creación se realiza en el ejercicio de la escritura que se muestra a sí misma en su proceso de construcción asistemático. Museo... es un espacio vacío sin sucesos en el cual, en las palabras de Sartre ya citadas: "la novela está dispuesta a reflexionar sobre sí misma". La escritura es el medio expresivo del pensamiento y el autor piensa escribiendo. Creación y reflexión van de la mano en un movimiento de mutua referencia, inseparables de su objeto artístico. Eliminados de la novela el argumento y el personaje sólo resta el autocuestionamiento de la obra literaria y la autorreferencialidad: la obra que se expone y critica a sí misma. En este ejercicio de autoconciencia Macedonio produjo una original versión del escritor a la vista: se muestra a sí mismo con sus emociones y pensamientos en el proceso de creación. El Autor se encarna como personaje relativizando su propio rol como agente creador y más aún, desintegrando la unidad de su personalidad. En compensación, se fortalece la actuación del lector. La reflexión sobre la creación se orienta hacia la función estética de la literatura (rechazo del Realismo y afirmación del distanciamiento y la "conmoción conciencial") y hacia la institución literaria misma (ironización sobre el papel de los críticos y la "industria" literaria). El entrecruzamiento constante de la creación con la teorización y la reflexión sobre el acto de crear resquebraja la concepción tradicional sobre los géneros. Los modos genéricos: Lírico, narrativo, ensayístico, se yuxtaponen en el mosaico de fragmentos originando un nuevo género "collage" Espacio textual Museo es una novela Inconclusa y lo que es más radical, "in-comenzada". La exagerada secuencia de prólogos -en una novela "imprologable"- tiene, según su autor, el contradictorio propósito de impedir que el lector se introduzca en ella, esto conduce a "entrar cada vez más afuera de la novela" tomando distancia para verla como un objeto inacabado, parcial, incompleto, en términos del Neobarroco, impreciso. Su conocimiento exacto no es posible y los acercamientos del lector serán siempre parciales y subordinados a su propia actuación. Sin comienzo ni final, queda la obra-mosaico como suspendida en el "prólogo final" que invita a su "eterna" continuación: Prólogo final. Al que quiera escribir esta novela. Lo dejo libro abierto: será acaso el primer "libro abierto" en la historia literaria, es decir que el autor, deseando que fuera mejor o siquiera bueno y convencido de que por su destrozada estructura es una temeraria torpeza con el lector, pero también de que es rico en sugestiones, deja autorizado a todo escritor de futuro de impulso y circunstancias que favorezcan un intenso trabajo, para corregirlo y editarlo libremente, con o sin mención de mi obra y nombre. No será poco el trabajo. Suprima, enmiende, cambie, pero, si acaso, que algo quede. (MNE, 352-353) El lector, con su capacidad de "fantasía", queda autorizado para completar y sustituir finales, prolongar el suspenso hasta el infinito hipotético. La obra se niega al camino "fácil" de ser una novela completa, una novela de autor. (MNE, 351) Opta por ser una "anti-novela", una novela que no se realiza. La lectura-extravío en el espacio de la novela. Construyamos una espiral tan retorcida que canse al viento andar su interior, y de ella salga mareado olvidando su rumbo... (MNE, 260) El autor de Museo, construye, no digamos una historia sino un "espacio de vértigo". Allí, el visitante recorre su forma de espiral-laberinto dando saltos entre fragmentos, andando en círculos, perdiéndose, sin pistas para encontrar la salida porque no la hay. La novela es un laberinto sin solución. Su propuesta es el viaje en sí mismo, sin fin ni finalidad, el placer-miedo del extravío. El lector "entra" en la novela, se pierde en el espacio fragmentado y se pierde a sí mismo. Experimenta el mareo que produce la lectura sin final y la existencia que no es. Si la Escritura es inseguida, inconclusa, asistemática, descentrada; la Lectura es «salteada», «accidentada», «mareada», «loca». Macedonio es escritor para quien quiera ser «lector salteado» " pues mientras otros escritores tienen verdadero afán por ser leídos atentamente, yo en cambio escribo desatentamente, no por desinterés, sino porque exploto la idiosincrasia que creo haber descubierto en la psique de oyente o leyente, que tiene el efecto de grabar más las melodías o los caracteres o sucesos, con tal que unas y otros sean intensos, dificultando al oidor o lector la audición o lectura seguidas". (Papeles de Recienvenido, 42) De tanto saltar entre fragmentos desordenados el lector se «marea», descubre su condición de no ser en la novela. La disposición formal conduce a una percepción existencial: el mareo del Yo, el soñar no ser, el creer soñar en el lector. El lector debe buscar en la novela este particular estado de conciencia, no los desarrollos ni las soluciones argumentales. Historias calidocóspicas Examen de las obras de Herbert Quain, Pierre Menard y Ts'ui Pen Herbert Quain, décadas antes de los experimentos creativos oulipianos, escribió unas obras inexistentes que no por ello, no merecen ocupar un lugar de honor en la historia del libro-juego. Son éstas: The God of the Labyrinth: novela policial, "publicada" en 1933. La historia: Hay un indescifrable asesinato en las páginas iniciales, una lenta discusión en las intermedias, una solución en las últimas. Ya aclarado el enigma, hay un párrafo largo y retrospectivo que contiene esta frase: Todos creyeron que el encuentro de los dos jugadores de ajedrez había sido casual. Esa frase deja entender que la solución es errónea. El lector, inquieto, revisa los capítulos pertinentes y descubre otra solución, que es la verdadera. El lector de ese libro singular es más perspicaz que el detective. (462) April March: novela regresiva y ramificada cuya tercera (y única) parte fue "publicada" en 1936. Juego (simétrico, arbitrario, tedioso) compuesto por trece capítulos: El primero refiere el ambiguo diálogo de unos desconocidos en un andén. El segundo refiere los sucesos de la víspera del primero. El tercero, también retrógrado, refiere los sucesos de otra posible víspera del primero; el cuarto, los de otra. Cada una de esas tres vísperas (que rigurosamente se excluyen) se ramifica en otras tres vísperas, de índole muy diversa. La obra total consta pues de nueve novelas; cada novela, de tres largos capítulos. (El primero es común a todas ellas, naturalmente). De esas novelas una es de carácter simbólico; otra, sobrenatural; otra, policial; otra, psicológica; otra, comunista, etcétera. (462-463) The Secret Mirror: comedia heroica en dos actos menos afectada por la complejidad formal de sus antecesoras: El primer acto (el más extenso) ocurre en la casa de campo del general Thrale... El invisible centro de la trama es Miss Ulrica Thrale, la hija mayor del general. A través de algún diálogo la entrevemos, amazona y altiva; sospechamos que no suele visitar la literatura; los periódicos anuncian su compromiso con el duque de Rutland; los periódicos desmienten el compromiso. La venera un autor dramático, Wilfred Quarles... Los personajes del primer acto reaparecen en el segundo -con otros nombres. El "autor dramático" Wilfred Quarles es un comisionista de Liverpool; su verdadero nombre John William Quigley. Mis Thrale existe; Quigley nunca la ha visto, pero morbosamente colecciona retratos suyos del Tatler o del Sketch. Quigley es autor del primer acto... La trama de los actos es paralela, pero en el segundo todo es ligeramente horrible, todo se posterga o se frustra. (463-464) Statements: de 1939, es su libro más original y secreto. Compuesto por ocho relatos; Cada uno de ellos prefigura o promete un buen argumento, voluntariamente frustrado por el autor. Alguno -no el mejor- insinúa dos argumentos. El lector, distraído por la vanidad, cree haberlos inventado. (464) También el sabio oriental Ts'ui Pên dedicó los últimos años de su vida a la composición de una novela y de un laberinto que resultaron ser una única obra caótica y contradictoria: El jardín de senderos que se bifurcan. El caos se explica porque en ella el hombre opta -simultáneamente- por todas las alternativas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan. Pero más que un simple experimento de variaciones se trata de una reflexión sobre el tejido del tiempo: El jardín... es una imagen incompleta, pero no falsa, del universo tal como lo concebía Ts'ui Pên. A diferencia de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. (479) Yu Tsun, quien espera el momento para asesinar a Albert, alcanza a percibir la presencia de múltiples realidades: "Me pareció que el húmedo jardín que rodeaba la casa estaba saturado hasta lo infinito de invisibles personas. Esas personas eran Albert y yo, secretos, atareados y multiformes en otras dimensiones del tiempo". (479) El asesino escogerá una de las posibilidades y ejecutará el crimen. Finalmente, el novelista francés Pierre Menard escribió los capítulos noveno y trigésimo octavo de la primera parte y un fragmento del capítulo veintidós de El Quijote. Las obras de Cervantes y de Menard son verbalmente idénticas pero, la distancia histórico-temporal que las separa las hace radicalmente diferentes. El horizonte de interpretación de cada lector, en cada tiempo, aportará las distinciones suficientes para hacer única cada versión del texto. Menard propone la suya pero ésta es sólo una más de las muchas posibles. Estas "historias multiformes" creadas por los imaginarios autores borgesianos remiten a la conocida estructura musical del "tema y variaciones". La obra narrativa, en sentido estructural, se convierte en una "composición", como pueden serlo la música serial o las pinturas de Mondrian, en la cual se presenta una única situación o argumento en múltiples versiones mutuamente excluyentes. Esta estrategia constructiva sustituye la sucesión cronológica irreversible por la presentación perversa (por premeditada) de un conjunto de posibilidades paralelas, simultáneas y contradictorias, de manera tal que cada variación se comporta como un fragmento de la combinatoria total. Cada historia proteica es inestable, es indecible su verdad o falsedad porque sus estructuras dinámicas, en movimiento constante hacia la búsqueda de su forma, relativizan todo intento de fijar un único sentido y hacen de su percepción lo más alejado de la estabilidad y del estereotipo. (Calabrese, 110 ss.) Esta percepción de nuestra realidad como una de las tantas posibles, inclusive con frecuencia no la más probable, resulta de una situación "abierta"; esta noción de que otros posibles resultados no son simplemente cancelados sino que continúan rondando nuestra "verdadera" realidad como un espectro de lo que podría haber sucedido, confiriendo a nuestra realidad el estatuto de extrema fragilidad y contingencia. Quedan en manos del lector las hipotéticas ordenaciones de los factores narrativos: ya sea mediante la búsqueda de las pistas que conduzcan a la solución acertada; la permutación entre las historias paralelas propuestas y, si las posibilidades se pueden multiplicar, la propuesta de nuevas variantes; la escritura original y única de un texto ya existente, la selección de los recorridos por el laberinto de posibilidades En el artículo "La abducción en Uqbar", Umberto Eco señala cómo "los lectores tienen la impresión de que, así como don Isidro se burla de sus clientes, así también Biorges (Bioy-Jorge) se burla de sus lectores y que en eso, y sólo en eso, radica el interés de estos relatos..." (De los espejos y otros ensayos, 174) Con sus historias multiformes (que podrían ser tomadas como ensayos) sin duda Borges hace ostentación no sólo de erudición sino también de humor. Las obras ficticias y su juego de "di-versiones" obligan al lector a un ejercicio de conjeturas interpretativas en torno a las trampas que confunden constantemente la verdad y la mentira. No sólo mediante su conocida estrategia de confundir los géneros (ficción, ensayo, poesía), sino también en la presentación de obras que rompen con todo género. Aparentemente absurdas, estos relatos fantásticos se harán realidad en los juegos formales de la literatura contemporánea Novela mecano Rayuela Heredero en primera línea de la novela collage de Macedonio y de las historias multiformes de Borges, Cortázar diseña su rayuela-laberinto colocando al espacio como núcleo generador de la narración. Juego y espacio tienen una relación obligada: "el juego humano requiere su propio espacio de juego. La demarcación del campo de juego (...) opone, sin transición ni mediaciones, el mundo del juego, como un mundo cerrado, al mundo de los objetivos." (Gadamer, "El juego como hilo conductor de la explicación ontológica", 150) En este espacio delimitado se desarrolla su movimiento lúdico de "vaivén": Del Lado de allá (París) hacia Otros lados, y luego, al Lado de acá (Buenos Aires). Jugar a la Rayuela es cumplir con ese vaivén repetitivo, movimiento sin objeto que sólo tiene sentido en la plena realización de sí mismo. Movimiento de ir y venir en un espacio demarcado; espacio del juego: la rayuela. Movimiento crítico y transgresor del Orden. Con una finalidad que se aleja del mundo de los objetivos de la vida corriente. Fin in-útil, fin dimensionable únicamente en el ámbito autónomo del juego: alcanzar el cielo. Y aunque no se alcance, el juego no deja de ser tal. Pero la rayuela es también, un símbolo dentro de la obra, un símbolo de la búsqueda-movimiento vital de Horacio Oliveira por encontrar el Centro del laberinto, su eje, su razón de ser, la unidad. Búsqueda representada en varios símbolos que se repiten insistentemente: la luz negra, la llave (c26), el kibbutz del deseo, el Cielo (c.36), el centro del mandala, el Ygdrassil (c.54). La rayuela, como los laberintos, esconde un centro. Y, como en el ajedrez infinito, el juego termina cuando se encuentra el centro: -Jugada veinticinco, las negras abandonan -dijo Morelli, echando la cabeza hacia atrás. De golpe parecía mucho más viejo-. Lástima, la partida se estaba poniendo interesante. ¿Es cierto que hay un ajedrez indio con sesenta piezas de cada lado? -Es postulable -dijo Oliveira-. La partida infinita. -Gana el que conquista el centro. Desde ahí se dominan todas las posibilidades, y no tiene sentido que el adversario se empeñe en seguir jugando. Pero el centro podría estar en una casilla lateral, o fuera del tablero. (c.154) Rayuela es un intento por buscar un "centro" que por definición es inalcanzable ("podría estar en una casilla lateral, o fuera del tablero"); es una partida infinita. El "movimiento lúdico" transgresor y utópico deja lugar a la sospecha de un paraíso recuperable ya que: "no puede ser que estemos aquí para no poder ser."(c.18). Morelliana. ¿Qué es en el fondo esa historia de encontrar un reino milenario, un edén, un otro mundo? Todo lo que se escribe en estos tiempos y que vale la pena leer está orientado hacia la nostalgia. Complejo de la Arcadia, retorno al gran útero, back to Adam, le bon sauvage (y van...), Paraíso perdido, perdido por buscarte, yo, sin luz para siempre (...) el Paraíso, el otro mundo, la inocencia hollada que oscuramente se busca llorando, la tierra de Hurqalya. De una manera u otra todos la buscan, todos quieren abrir la puerta para ir a jugar. Y no por el Edén, no tanto por el Edén en sí, sino solamente por dejar a la espalda los aviones campanilla, el ajustarse a termómetro y ventosa, la jubilación a patadas en el culo (...) Esta nostalgia barroca de la edad de oro, del paraíso terrenal, de la Arcadia está en relación directa con el Carnaval, ese tiempo de excepción en el cual "la civilidad abre un paréntesis en favor de la locura, la decencia fait la part du feu a la licencia, la personalidad al anónimo (máscaras, disfraces), el orden al desorden, Apolo a Dionisios, Logos a Pan." (D'oors, 131). Paraíso Perdido y Carnaval son justamente la ocasión de evadir el tiempo cotidiano, alienante sus normas e imposiciones que ocultan las posibilidades de una vida auténtica. Recobrar el paraíso de la rayuela es la oportunidad de librarnos de las trampas de Occidente, de su lógica cerrada que instaura las oposiciones, las dualidades, la no contradicción, la identidad de lo uno igual a sí mismo y del Fundamento absoluto que han posibilitado la cultura occidental hasta hoy. Pero aún así la búsqueda no culmina, no encuentra su fin, la esperanza se diluye.
Terrible tarea la de chapotear en un círculo cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna, por decirlo escolásticamente. ¿Qué se busca? ¿Qué se busca? Repetirlo quince mil veces, como martillazos en la pared. ¿Qué se busca? ¿Qué es esa conciliación sin la cual la vida no pasa de una oscura tomada de pelo?" (c.125) La vida, la rayuela, el libro, constituyen un juego sin esperanza de solución pero con la esperanza de poder seguir jugando, de mantener el movimiento, la búsqueda.
Cuando la estructura narrativa espacial se coloca en primer plano, el orden temporal pierde su sentido. Schiller analiza este aspecto indicando que en el juego la sucesión se diluye para dar paso, no a la atemporalidad, sino al instante del presente absoluto. En palabras de Alberto Sacido: "Tanto la casualidad como el juego... necesitan de un espacio donde poder ser representados y, al mismo tiempo, están caracterizados por una temporalidad difusa, dominada por el presente. En ambos, la falta de un orden temporal preciso es necesario, ya que una cronometría rigurosa eliminaría su esencia y no serían ya más un juego puro y una pura casualidad." ("El espacio, esqueleto representacional en la crisis lúdica de la Rayuela", 79) La ordenación espacial de Rayuela elimina la sucesión cronológica, núcleo fundamental del paradigma de la novela, en favor de la discontinuidad y la simultaneidad. Si en Museo, al seguir la secuencia de fragmentos se produce la lectura salteada, en Rayuela se propone la lectura a saltos en una secuencia alternada, de vaivén. El lector "entrañado" en la sucesión lineal y en la seducción de lo continuo es sacado, "extrañado" y arrojado a un orden que él mismo debe componer, en complicidad con el diseñador del juego, inventado o suponiendo las relaciones entre los fragmentos y sus sentidos posibles. Penúltima jugada La escritura permanece. Busca, se interroga, se cuestiona, se discute, se transforma, se transmuta, se metamorfosea, se deforma, se corrompe, se pervierte, se despedaza, se fractura, se geometriza, se matematiza, se recodifica, se digitaliza, se grafica. Pero permanece; y la lectura también: el graphos nos constituye. Y no dejará de buscar su forma, nuestra forma, la forma de nuestro tiempo. Los caminos recientes de la expresión asegurarán su permanencia en nuevos géneros. Por lo pronto, nos mantendremos expectantes. |