El paso a la posmodernidad

Reseña del artículo "La revolución paradigmática" de Fernando Mires

En este artículo, Fernando Mires completa la mirada sobre nuestra sociedad contemporánea, que según él vive varias revoluciones: la revolución microelectrónica, la revolución feminista, la revolución ecológica y la revolución política. La revolución paradigmática tiene que ver con el cambio en la visión de mundo que ha predominado en los últimos siglos.

Según Mires, con la modernidad surgió una utopía política que con el tiempo ha terminado desarticulada. Mires afirma que ha llegado el tiempo para una "segunda secularización" que comienza a desmontar algunos de los valores de la modernidad como la ciencia y la fe en el progreso. El orden tranquilizador a que nos habían acostumbrado los paradigmas de la modernidad comienza a derrumbarse. La hegemonía de las ideas de la modernidad empieza a ser sustituida por un nuevo paradigma.

El paradigma de la modernidad surgió en oposición al religioso y fue por tanto un paradigma secularizado y secularizador. La posmodernidad, según Mires, radicaliza la visión secular y en este sentido es como una prolongación de la modernidad. Mires hace una comparación entre los dos paradigmas (el moderno y el posmoderno) para analizar las consecuencias del cambio que vivimos.

La modernidad la describe bajo ocho paradigmas. El primero consiste en la relación maquinal entre causa y efecto, es decir en la creencia de que existen causas indeterminadas que deben ser conducidas a través de un principio de determinación. El segundo paradigma de la modernidad tiene que ver con el naturalismo. Los científicos sociales naturalizaron lo social, lo económico y lo político; pero al naturalizar estos campos condujeron al esencialismo, es decir a la búsqueda de una verdad única y con él a una metodología del conocimiento cuya base era el racionalismo. El llamado racionalismo es la cuarta característica paradigmática de la modernidad, pero el racionalismo devela la necesidad de una lógica dicotómica que se constituye en otra de las características de lo moderno. Una sexta característica del paradigma moderno es su proyección de trascendencia, de acuerdo con la cual no es la contingencia la que determina el futuro sino el futuro el que determina la contingencia.

Dicotomía y trascendencia operan estrechamente y conducen a la creencia de que hay un orden universal e inmutable; esta creencia es la séptima característica de los paradigmas modernos. La última característica paradigmática consiste en la distinción entre lo objetivo y lo subjetivo que implica para la ciencia moderna, una separación entre observador y observación.

Fernando Mires hace una revisión de la manera como estos paradigmas empiezan a ser cuestionados y propone algunos conceptos antagónicos, derivados en principio de los hallazgos de la física cuántica, y cuyo conjunto constituye el paradigma de la posmodernidad. El primer concepto tiene que ver con la realidad. Precisamente la física cuántica demuestra que la realidad no tiene esencia y la conclusión filosófica consecuente es que tanto fenómeno como esencia son simples proyecciones de paradigmas anteriores en la producción de la real. Una segunda conclusión que asume la posmodernidad es que el mundo es vivido como representación, es decir, que la posibilidad de separar lo objetivo de lo subjetivo se desvanece en tanto el observador es parte de la realidad que observa. Y si esto es así, una tercera característica es que ya no es posible separar al sujeto del objeto, y esa imposibilidad impide determinar un objeto específico para cada ciencia, es decir conduce a la interdisciplinariedad.

Otra de las conclusiones filosóficas radicales es que no hay posibilidad de diferenciar contenido y forma y los contenidos deben considerase ahora como individualizaciones que asumen las formas de acuerdo con la autoorganización de la materia.

A partir de estas ideas se empieza a configurar una imagen del universo como un proceso siempre inconcluso del cual participamos activamente, y en ese sentido no somos actores de una realidad objetiva sino creadores de la realidad en la que participamos y eso quiere decir también que autoorganizamos individual y colectivamente nuestra visión de la realidad, y en su interior nos relacionamos por medio de las palabras que hemos inventado para construirla. De este modo, la realidad objetiva no es más que la producción realizada mediante consenso de la realidad misma.

Pero construir es también decidir, y la posmodernidad fomenta una visión constructivista del mundo, con lo cual se genera una interesante consecuencia ética, pues ahora que sabemos que lo que suceda en adelante no es culpa de la realidad debemos asumir una nueva actitud responsable: Se trata, según Fernando Mires de organizarnos para decidir qué realidad se va constituir, con qué materiales y en cuánto tiempo.

Estos conceptos que van configurando el paradigma de la posmodernidad, constituyen el ambiente cultural y cognoscitivo en el cual pueden desarrollarse cómodamente las aspiraciones de quienes creen en la necesidad de extender los efectos de la información electrónica y, específicamente, de los sistemas hipertextuales.

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