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ARANOWITZ, Stanley, Martinsons Barbara y Menser Michael (compiladores). Tecnociencia y cibercultura. La interrelación entre cultura, tecnología y ciencia. Barcelona: Paidós, 1998. Pgs. 15-18 |
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Introducción: establecer marcadores
en el medio Con la aparición, en los últimos cuarenta años, de los campos de los estudios culturales y del estudio social de la ciencia, nos hemos percatado de las maneras en que la tecnología se encuentra intrincada en una extensa gama de ámbitos discursivos y prácticas profesionales. Las tecnologías no sólo se aplican en estas áreas; la superposición de la tecnología altera los campos en sí y afecta a nuestros intentos de cartografiarlos así como nuestras actividades en los mismos. Los artículos de este volumen, aunque muy distintos en cuanto a áreas de investigación, señalan lugares en los que la tecnología ha alterado o socavado las bases epistemológicas de las prácticas disciplinarias y de los análisis culturales. Cada ensayo se centra en un nexo en el que se entrecruzan cultura, tecnología y ciencia, llamándonos la atención sobre las maneras en que dicho nodo está insertado en los espacios tanto prácticos como personales, incluyendo el ocio, el sexo, la pedagogía, el arte y el entorno construido. En la primera parte: «El estudio cultural de la ciencia y la tecnología: un manifiesto, Michael Menser y Stanley Aronowitz proporcionan un enfoque táctico, señalando al lector categorías y conceptos que puedan resultar de utilidad para la lectura de los ensayos siguientes. Los cuatro ensayos de la segunda parte, «Del estudio social de la ciencia a los estudios culturales», delimitan el campo del estudio de la ciencia y la manera en que ésta es moldeada por las tecnologías y elabora narrativas. En esta segunda parte, Dorothy Nelkin aporta un contexto histórico al estudio de la ciencia siguiendo la evolución de nuevas epistemologías de investigación científica y cultural. En su ensavo, Sharon Traweek interviene en los discursos referidos a la producción de conocimiento, la construcción de la identidad sexual, las relaciones sociales y el papel del ejército, mediante un estudio comparativo de laboratorios de física en Estados Unidos y Japón. Ofrece una crítica de las metanarrativas tan frecuentemente desplegadas por los sociólogos de la ciencia, situándose como «observadora externa» en el laboratorio. «Todos contarán » es el lema utopista de una transformación a escala nacional en la enseñanza y la evaluación de las matemáticas escolares. Según la reforma actual -las «nuevas matemáticas nuevas»los enunciados tradicionales de los problemas revisten formas cada vez más abiertas, realistas y pluriculturales. Reconstruyendo a modo de juego los datos etnográficos obtenidos en un estudio de campo de aulas de cuarto y quinto curso en la escuela pública bilingüe de El Barrio (East Harlem, Nueva York), Betina Zolkower examina los efectos antiutópicos que resultan de la interpelación de estas ficciones matemáticas por «los sujetos que supuestamente cuentan». En el último ensayo de la segunda parte se formulan tres propuestas para el estudio cultural de la (tecno)ciencia. En su artículo, Emily Martin se centra en la buena situación de las prácticas científicas y de la producción de conocimiento en las esferas discursivas de la política, de la(s) ideología(s) culturales) y del (los) entorno(s). Valiéndose de los conceptos de ciudadela (con murallas que encierran y protegen la investigación científica), de rizoma (la verdadera e inextricable interconexión imposible de cartografiar entre ciencia y cultura) y de la figura de la cadena (configuración conceptual telescópica de los mapas cambiantes de las relaciones entre ciencia y cultura), Martin esboza una imagen de un mosaico siempre heterogéneo de (inter)relaciones entre ciencia, cultura y tecnología. En la tercera parte, «Mundo, clima y guerra», Andrew Ross, Jody Berland y John Broughton examinan las aplicaciones, en la posguerra fría, de tecnologías producidas por el complejo industrial militar tanto para su continua viabilidad económica como para su preservación como fuerza hegemónico y determinante de la innovación cultural y tecnológico-científica. En su análisis de la actual crisis de legitimación en los negocios y el ejército, Ross examina un aspecto generalmente ignorado del Earth in the Balance de Al Gore, arguyendo que éste diseña un nuevo escenario para el despliegue del complejo industrial militar: un plan Marshall medioambiental a escala mundial. Jody Berland examina otro despliegue de las tecnologías empresariales y militares: la construcción de la nación canadiense mediante una sofisticada tecno-territorialización de su topografía y clima. Mediante esta función, el complejo militar industrial se convierte en una fuerza protectora y civilizadora que prevé los desastres militares y naturales y, por tanto, se presenta como una inversión indispensable tanto para la seguridad como para la imagen propia de Canadá. Del mismo modo, John Broughton examina la difusión por televisión del vídeo de la bomba inteligente de la guerra del Golfo para analizar la domesticación del aparato militar y su explotación de las diversas psicodinámicas de la identificación propia. La cuarta parte, «Los mercados y el futuro del trabajo», comprende tres ensayos que exploran la relación entre clase, empleo y sistemas tecnológicos globales y locales. William DiFazio examina diversos lugares de trabajo locales (de los laboratorios médicos a los estibadores pasando por la oficina de desempleo) e investiga el papel de las tecnologías en la descalificación de los trabajadores y en el desplazamiento, tanto funcional como ideológico, del trabajo. Arthur Kroker evalúa lo que considera el monolito de los medios tecnológicos mediante una reformulación del análisis de clases marxista. Ello equivale a una «Teoría de la clase virtual» y a un análisis de las visiones utópicas de las resultantes divisiones económicas y sociales. Manuel De Landa defiende una posición opuesta a la de Kroker -y de muchos otros ensayistas- criticando la noción de sistema capitalista monolítico y global, conceptuando el «capitalismo» como un antimercado y esbozando, en función de dicha conceptuación, una historia de los mercados antimonolíticos. En la quinta parte, «Bioética», se presentan dos análisis que examinan las implicaciones de la alianza entre ciencia médica y código jurídico para determinar cuestiones relativas a la ética de la sanidad. Philip Boyle estudia el contexto del pensamiento ético en estos temas. Ralph Trottier cuenta su investigación sobre trabajos epidemiológicos llevados a cabo en Georgia y Florida La sexta parte, «Arriesgadas lectura, escritura y otras prácticas peligrosas», continúa con algunas de las cuestiones tratadas en la cuarta parte elaborando una especie de «lectura/escritura» que intenta remozar las nociones culturales de «seguridad», del «otro> y de «personalidad». El primer artículo enfoca el respaldo por parte de la American Psychological Association de la patologización del acoplamiento de los niños y del deseo. Peter Lamborn Wilson proporciona una crítica de la producción de espacios psíquicos, cibernéticos y corporales estriados y los concomitantes intentos en pos de la seguridad mediante la inviolabilidad. Barbara Martinsons considera las tecnologías de «lectura» de fotografías y las posibilidades de agencia (o, en lenguaje de Heidegger, el presenciar) para los sujetos fotográficos. Samuel Delany sugiere que la ciencia es la teoría de la tecnología y que la literatura -en virtud de su producción en masa con la imprenta y la máquina de escribir- es una de sus manifestaciones. En lugar del postulado de Bakhtin de que todas las obras escritas son novelas, Delany adopta la postura de Cocteau (y de Heidegger) de que todo el arte, y de hecho, todo lo valioso en el mundo, es poesía. En la séptima parte, «Visualizar y producir espacios anárquicos», Lebbeus Woods y Michael Menser examinan cómo la interconexión entre los paradigmas arquitectónicos tradicionales y los intereses comerciales y estatales conducen a la producción y vigilancia de espacios culturales. Woods analiza las prácticas arquitectónicas contemporáneas que privilegian un enfoque consumiste del diseño de los espacios culturales. El ensayo de Menser continúa el análisis del espacio cultural afirmando que el estado es el principal productor de espacio y de condición de posibilidad para la arquitectura. Como De Landa en la cuarta parte, los ensayos de Woods y de Menser señalan la heterogeneidad de las prácticas tecnoculturales y recogen los conceptos y controversias filosóficos en otros espacios culturales. |