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Gabriella
Infinita
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Comentario de la hipernovela "Gabriella Infinita" de Jaime Alejandro Rodríguez por Susana Pajares Toska Jaime Alejandro Rodríguez Ruiz ha creado una página web donde va actualizando progresivas versiones de su tesis doctoral en una iniciativa novedosa y muy positiva. La tesis tiene una parte práctica: la hipernovela Gabriela infinita, que reseñamos a fecha de 20 de julio de 1999, pero que sin duda irá cambiando y creciendo según su autor siga trabajando en ella. Nos advierte varias veces que se trata de una obra "en construcción". Gabriella infinita es un gran mosaico en el que se aprovecha la forma hipertextual para unir las piezas de un rompecabezas cuyas partes se relacionan de modo múltiple, de ahí el acierto de la elección de esta forma. El lector se encuentra con una pantalla dividida por frames: una superior, que es el índice del proyecto de investigación general, una izquierda, que contiene "tablas de contenidos" de partes de la novela, y otra a la derecha-inferior, ocupando la mayor parte de la pantalla, que es el texto de la hipernovela. La columna izquierda funciona como un original menú de enlaces que va cambiando según el lector va activando diversas palabras y frases-clave dentro del texto. También se puede acceder a este menú desde la parte inferior de los bloques de texto de la novela, donde los ocho caminos del menú están siempre disponibles, facilitando la posibilidad de hacer cruces y moverse libremente por la novela. El lector puede saber qué partes ha transitado gracias al cambio de color de los enlaces HTML, lo que le permite saber cuándo lo ha leído todo y cuándo quiere finalizar. Cuando el lector comienza a leer, puede moverse simplemente por el texto, haciendo caso omiso del menú (aunque alguna de sus elecciones tarde o temprano activará el menú), porque en el texto hay frases-enlace que nos llevan a otros bloques relacionados. La historia comienza situando a Gabriella, el personaje que sirve de enlace entre las diferentes partes de la novela, vagando por las calles destrozadas de Santa Fé de Bogotá. La historia de Federico y Gabriella, por un lado, del compromiso político de Federico por otro, y de las personas atrapadas con Gabriella en un edificio bombardeado son tres momentos clave en una novela llena de ellos. Pero hay mucho más, porque Gabriella infinita es ante todo la novela de una generación colombiana, la que hoy anda por la cuarentena, atrapados entre los sueños de los sesenta y el doloroso "despertar" de los ochenta. Por eso la novela no se articula en torno a una voz única, sino que hay muchas, voces personales mezcladas con ecos históricos, políticos, literarios, música que marcó una época y amores apasionados por ideas y por personas. Voces que se cruzan, se buscan y a veces rebotan en la pared del monólogo. La hipernovela se cuenta desde el presente, en un tono de nostalgia crítica y desengaño que cuestiona todo lo que se creyó en la juventud. El autor reflexiona también sobre su propia escritura en varios bloques de texto muy inspirados. Juega a las metareferencias hablando de sus personajes y de cómo decidió crearlos, de su relación con el lenguaje, etc. La siguiente cita está en un espacio textual llamado muy reveladoramente "La verdad de las mentiras": "Ahora, ¿cuál situación? Acosado por la imagen persistente del laberinto (que es en realidad mi forma de percibir el mundo), decidí que mis personajes -con toda su carga de historia personal, sus experiencias de "conciencia anticipadora" y sus valores- se encontraran en la absurda y arbitraria situación de encontrar la salida a un sitio que tuviera de alguna manera la esencia de un laberinto, de una "casa encantada", hostigados por sus propias situaciones personales, pero, además, por una situación "exterior" común, que, en este caso, sería la guerra." Si los personajes encuentran una salida o no es algo que dejaremos al lector decidir por sí mismo, porque la novela no tiene una conclusión más allá de la suma de sus voces, es el lector quien tiene que extraerla. La estructura gira ahora en torno a Gabriella, pero puede que en el futuro "tenga que cambiar toda la disposición". El autor duda así de su propia autoridad, invitando al lector a cuestionarla y a cuestionarse sus propias creencias, porque la novela apunta a lo más profundo y no rechaza el análisis duro y explícito. "En la década del miedo no se podía comer tranquilo sin haber visto a algún joven irse de éste país llorando. Narcotráfico, guerrilla, ejército, sicarios, exilados, amenazados de muerte, extraditados, boleteados. Si los años setenta fueron quizás los últimos reductos de una juventud que trató de descifrar el mundo a la medida de su imaginación, los ochenta fueron los años en que murieron aquellos dorados sueños. La juventud fluctuó entre una guerra no declarada y el conformismo oficializante de una sociedad burócrata y parásita. Más que una posibilidad de cambiar la historia, nuestra generación fue un péndulo entre la consagración por el sistema y la demolición de éste. Tal vez por ser herederos de una generación que dio su vida con la esperanza de cambiar el curso a las corrientes de la cultura, nosotros, que canalizamos esa rebeldía, vimos con terror su muerte al quererla poner en las tablas. Somos sin duda la generación de la muerte, la de los hombres desaparecidos." Jaime Alejandro Rodríguez ha aprovechado un nuevo soporte de escritura para expresar preocupaciones clásicas en las letras hispanoamericanas, donde lo personal está intrínsecamente unido a lo social y político, algo que muchas veces se olvida en las hiperficciones norteamericanas. No podemos por menos que dar la bienvenida a una nueva forma de escribir literatura y a unos temas que ya se echaban de menos en las hiperficciones existentes. Gabriella infinita es lectura obligada para todos los hispanohablantes interesados en estos temas. © Susana Pajares Toska 1999 |