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El hipertexto y la caída de Hierarco
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Ese hilo que recoge la tradición underground, está descrito en otro libro (Semiótica del arte y de la arquitectura), éste del poeta concretista brasileño, Décio Pignatari . En su hipótesis, Pignatari contrapone las ideas de Hegel a las de Giambattista Vico relativas a la estética para mostrar cómo existen dos modos de proceder que corresponden a su vez a dos universos: uno, el lógico y otro, el analógico; el primero gobernado por el concepto, el segundo por la imagen. Pero lo más interesante de las propuestas de Piganatari es su apreciación de una especie de conflicto ideológico permanente entre los “habitantes” de cada universo y que él sintetiza así: En términos gramscianos, se plantea una verdadera lucha de clases en el mundo de los signos, sonde se oponen antagónicamente, el universo prosaico verbal ordenado por la contigüidad, la lógica, la jerarquía, y el universo no-verbal, icónico, ordenado o mejor dicho “desordenado” por la similaridad, por la analógica y por la coordinación no-jerarquica (39). Es lo que llamará Pignatari la revolución permanente de los fámulos icónicos, una pléyade de artistas que a lo largo de los tiempos permanecen fieles a ciertas ideas (previstas por Vico), centradas en el combate contra el logos ordenador. Según Pignatari, la palabra occidental es el “producto-productor” de esa primacía del discurso frente al antidiscurso, una palabra que: Se manifiesta bajo la forma de tiempo, de continuum, de causa efecto, de lenguaje lógico, en suma. Esta tradición genera también una jerarquía homogenizante: todo proceso lógico-discursivo se organiza por hipotaxis, por subordinación. Ya el signaje de lo inconsciente es básicamente icónico y analógico, estructurándose por parataxis, por coordinación, surgiendo así un No-jefe, Anarco, en lucha permanente contra Hierarco, el jefe Sagrado (45). Así, lo verbal poético se haya en lucha permanente contra lo verbal lógico, la parataxis, contra la hipotaxis; y esta lucha se habría manifestado a lo largo de la historia del arte y la literatura, básicamente como resistencia contra el logocentrismo. Termina Pignatari su exposición acerca del conflicto y continua re-formalización de dos tipos de cultura: la sensible (icónica, no-verbal, anárquica) y la reflexiva (discursiva, verbal y jerárquica) con algo que puede resultar muy importante para comprender la relación entre discurso promocional del hipertexto y anarquismo: la relación que habría entre estos dos modos de proceder, percibir y organizar el mundo con la estructura neurocerebral del hombre. Siguiendo a Robert H. Ornstein, Pignatari sugiere que el conflicto entre esas dos culturas responde, por analogía, al hecho de que nuestro cerebro esté partido en dos hemisferios: el derecho, que gobierna las actividades holísticas e icónicas, y el izquierdo, que gobierna las operaciones lógicas y analíticas. El primer hemisferio actuaría según un modo lineal, mientras que el segundo lo haría por un proceder simultáneo y heurístico. La proclama final de Piganatari es sugerente y nos reconduce a uno de los argumentos a favor de la extensión de las prácticas hipertextuales: su cercanía al modo de operar del cerebro: Con la esperanza de que hayan llegado los tiempos en que el hemisferio derecho del cerebro pueda desarrollar las potencialidades subyugadas y oprimidas por su hermano de la izquierda, recuerdo que Giambattista Vico tenía razón en definitiva: el logos tiene dos cabezas, una lógica, otra analógica, en una sola (92). Y esos serán los tiempos de la fiesta, los tiempos del triunfo de la imaginación que también anunciaban los estudiantes parisinos, los días que, según Resler verán el florecimiento de la persona en el seno de una comunidad de dimensiones humanas, los tiempos de la expansión horizontal de la creación popular y diversa. Tiempos que revelarán por qué la estética anarquista se vuelve resuelta hacia el porvenir, hacia lo desconocido. Temas relacionados |