El hipertexto y la utopía

Para  Laplantine utopía es, cálculo, previsión, monotonía. El pensamiento utópico sería el que corresponde al de un racionalismo social. Contrario a las actitudes del poseso, del teatrero, del anarquista, quienes aceptan y promueven el goce y la fantasía, los utopistas son tristes y amigos de lo uniforme, sufren una especie de pasión por el sistema y viven sometidos a los imperativos de la planificación. El utopista aborrece la historia y la memoria colectiva. Trabaja según un ordenamiento matemático de la construcción utópica. El utopista detesta lo que es único, original, lo que diferencia y personaliza (Laplantine, 145).

Pero además de este fuerte contraste, Laplantine plantea también una diferencia esencial:

Lo que deseo destacar es lo poco subversiva que es la utopía: nunca se constituye en ruptura del orden establecido, en un proyecto que sea, ya de alternativa (revolución), ya de alternancia (fiesta) (151).

El utopista condena cualquier inquietud metafísica o ambivalencia mítica, detesta la pasión y la desmesura y se encierra en una ciudad hermética. La utopía se constituye en una religión del activismo y el trabajo, que promueve el frenesí de la organización.

Estas ideas, según Laplantine, animan la utopía:

  • El grupo social debe ser arrancado de su medio natural para remoldeárselo de la cabeza a los pies conforme a las exigencias de la ciudad.
  • Necesidad de protegerse del mundo exterior, de cortar los puentes con el exterior, tildándolo de corrompido.
  • La separación geográfica entre el trabajo y el hábitat.
  • El frenesí ambulatorio. Exceso de organización.
  • Confianza fanática en la escolarización y la pedagogía.
  • Reducción del hombre a la dimensión única del ciudadano.
  • El régimen político es dirigista, centralizado y planificador
  • Fobia al cambio.

¿Tiene algo que ver todo esto con la discusión sobre el hipertexto? Sí, en dos sentidos. Como apreciación de contrastes ideológicos, y como pre-visión de los peligros de una posible institucionalización del hipertexto.

Aunque resulte algo caricaturesco, se puede afirmar, siguiendo a Laplantine, que mientras los promotores de la fiesta hipertextual actúan más con la lógica de la imaginación profética o de la posesión, sus detractores actúan y se expresan según las motivaciones utópicas: no desean el cambio, son guardianes de la institución, les molesta las expresiones individuales, la libertad del anarquista y el goce del rumbero.

Ahora, el tiempo mesiánico de la institucionalización es, ni más ni menos, el de la decadencia, el de la caída en la utopía; de modo que se puede también prever una extensión de la actitud utópica (entendida como lo hace Laplantine) en esos, hasta hoy, precarios intentos de institucionalización del hipertexto. Mientras la práctica del hipertexto actúa como elemento de perturbación del sistema y pone en evidencia la crisis institucional literaria, mantiene su fuerza subversiva. Una vez establecido como práctica institucional perderá dicha energía

 
Universidad Javeriana - El relato digital - Jaime Alejandro Rodríguez - Foro abierto