Primera parte: Posmodernidad  

Lo posmoderno en el arte

EL REFLEJO POSMODERNO

Si algo puede ofrecerse como indicador de posmodernidad en arte, eso sería la ostentación que hace de una intensa conciencia de sí, su carácter altamente metasígnico. Pero, ¿cómo alcanzó el arte ese estado? Sometido al grave desafío que implicó su inminente marginación de los espacios pragmáticos de la sociedads , el arte llegó a incorporar a su propio ser la condición que le había restado funcionalidad social: la reflexión. En ese proceso de “supervivencia”, tuvo que asumir una posición autocrítica, desde donde pudo pensarse a sí mismo y redefinir su naturaleza.  Así logró descubrirse como signo intraducible y abrirse a otros signos y códigos, con lo que no sólo evitó la tan anunciada disolución del arte, sino que puso en evidencia un tipo inesperado de centralidad social y cultural del quehacer artísitico.

En general es posible afirmar, con Robbe Grillet , que aún en el caso de que el arte no hiciera sino reproducir la realidad, las estrategias de su "realismo" se han movido  a un ritmo al menos paralelo al de la modificación de las condiciones objetivas de la realidad y ya no es posible encontrar el mismo sentido realista de ayer en el arte de hoy. Mientras para el arte decimonónico, por ejemplo, la estrategia realista consistía en ofrecer la visión universalizante de su mirada, ya en la vanguardia de principios del siglo XX (e incluso antes, con Proust) ésta mirada cambia. El cosmos de referencia se empequeñece hasta reducirse a la micro dimensión de la conciencia, desde donde fue posible un nuevo tipo de infinitud: la multiplicidad.  En Stendhal, como en Flaubert, para hablar de novela, no hay personaje que no se explique por el contexto social y político que lo sitúa.  En el Joyce de Ulises o de Finnegan Wakes, en cambio, el "contexto" sólo es utilizado "en función", como recurso externo, y el gigantismo de la mirada, así como la trascendencia de lo histórico, se desacraliza:  "el espejo de Joyce —nos advierte Fredy Tellez— no es liso, ni bien pulido; él no refleja sino recompone; se diría que está hecho de materiales y superficies diversas, heterogéneas, caprichosas.  El se asemeja, más bien, a esas bolas de cristal fragmentado que, colgadas del techo, en eterno movimiento, reflejan, resquebrajando, la realidad que los circunda, él la contiene a su manera". (Tellez, Palimpsestos, p.15).

Pero el arte posmoderno no sólo reproduce sino que anticipa la realidad y, en ese sentido, puede afirmarse que la crea (no sigue, sino que anticipa sistemas de pensamiento); en eso consistiría su "realismo"; en su capacidad de generar realidad.

Ahora la conciencia de si de sus funciones en el arte posmoderno corresponde a un pensamiento, a un saber, que ha rebasado las exigencias metafísicas de lo verosímil, de lo "conforme a", lo que permite proponer la autoreferencia como la única exigencia de realidad.  Una autoreferencia  que ya no sólo es la condición natural del discurso (es decir, del habla en escena), ni la que necesita el texto (la autoconciencia), sino que incluye operaciones como la auto-identificación e, incluso, la auto-deconstrucción .

© Jaime Alejandro Rodríguez
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