Primera parte: Posmodernidad  

Crítica literaria y posmodernidad

HACIA UNA CRITICA CULTURAL

En todo caso, sea porque la crítica actual ya no fluye a gusto en el clima cultural, sea porque la crítica ha llegado a su fin, se hace necesaria y urgente una profunda reflexión.  Una reflexión que debe abordarse desde un panorama más amplio: el que ofrece el abismo cada vez mayor entre el significado "público" de cultura (y específicamente el que manipulan quienes establecen las políticas estatales y/o los criterios de una Industria Cultural) y su significación más allá de la visión puramente instrumental.

Para Eagleton, como también para Jameson también, el problema de la crítica literaria no consiste en establecer adecuadas categorías de lectura de obras literarias; ni siquiera en extender la operación crítica a los ámbitos culturales con los que se articula lo literario, sino en acercar la crítica a la política, es decir, a la acción social; quizás a ese tipo de acción que más le corresponde: la promoción de un significado de la cultura que supere el de la crónicas de los suplementos dominicales o el propuesto desde los institutos gubernamentales precisamente allí donde más se necesita un proyecto de este tipo.

Una de estas áreas de acción que Eagleton identifica es la "Industria Cultural" (sobre la cual sería pertinente una especie de crítica contra esa "ideología" cultural).  Irónicamente (tal como lo demuestra Vattimo en su ejercicio de observación del "ocaso del ser" en la sociedad posmoderna) el objetivo de las vanguardias de alcanzar una estetización masiva de la sociedad, originó (por efecto de las estrategias industriales) la anulación de la significación utópica del arte en favor de una significación tecnológica con la consecuente esquematización de las competencias estéticas hasta el facilismo.

Según Cornelius Castoriadis, como se ha visto, todo apunta en la actualidad a anular la posibilidad de una cultura creativa, a una parálisis que estaría expresada tanto con la muerte del relato metafísico como con el fortalecimiento del Kitsh y del melodrama en nuestra sociedad.

Frente a la visión optimista que predice el surgimiento de una sociedad autónoma y creativa (y que incluiría lo que Vattimo define como un nihilismo terapéutico o lo que James Austin intuye como la sociedad creativa del futuro ) y al desencanto, a veces melodramático de un Virilio que descree de esas posibilidades, la crítica literaria se ve abocada a tomar alguna posición.

Vislumbro al menos dos posibilidades: de un lado, la crítica está obligada a detectar y asumir consecuentemente los retos que ofrecen los impulsos creativos de nuestra cultura actual y, de otro, hereda la obligación de actuar sobre esa cultura para extender una significación más allá de lo exclusivamente instrumental o tecnológico

© Jaime Alejandro Rodríguez
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