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Primera
parte: Posmodernidad
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Crítica literaria y posmodernidadENCRUCIJADA DE LAS FUNCIONESQuizás la perspectiva más dramática, para el destino de la crítica literaria, es la que ofrece una revisión de sus funciones. De un lado, en cuanto subsisten aún obras literarias modernas (e incluso, como lo demuestra Alvaro Pineda Botero en su revisión de la literatura colombiana de finales del siglo XX, mientras subsista un amplio espectro de acumulación que incluiría desde el mito hasta la posmodernidad, desde una novela "épica", hasta una metaficcional), en la crítica literaria subsisten su sentido y su legitimidad "moderna" institucional: la necesidad de constituir sistemas de explicación y de análisis (que la emparentan con una "estética filosófica" tradicional y con sus funciones performativas). Sin embargo, y recurriendo de nuevo a Vattimo, estas obras literarias de corte moderno se encuentran inmersas en un complejo sistema de relaciones, junto con las tres manifestaciones de lo que se ha denominado el ocaso o fin del arte: el arte como utopía de la reintegración (vida-arte) y por tanto como negación de su especificidad, el arte como silencio, es decir como rechazo al "deleite inmediato" del Kirsch y como Kitsh mismo, esto es, como estetización de “bajo nivel”, como negación de la dimensión utópica y afirmación de la dimensión técnica del arte. Frente a la negación y frente al silencio, la crítica literaria tradicional no tiene nada que hacer: o especular o lamentarse de la situación. Frente al Kitsh, quizás termine enredada en la nostalgia neurótica de un modelo de "obra culta" que le impedirá observar anuncios o experiencias estéticas distintas. O quizás le haga el juego a la sociedad de la comunicación de masas y a la llamada "industria cultural" y termine reducida a lo que Castoriadis denomina "crítica publicitaria", es decir a una dilución de su función crítica, incapaz ya de observar, lo que Benjamín denominaba las posibilidades de ampliación del espectro de expresión, dado por la experimentación técnica. Si la crítica literaria sigue operando desde una perspectiva performativa no podrá comprender que la muerte del arte es tan sólo un aspecto de la muerte de la (verdad) metafísica, y sus juicios tenderán a despreocuparse por la utopía y el silencio y a descalificar el Kirsch, incapaz de ver los aspectos positivos que la experiencia de lo estético ha asumido en la época de la reproductividad de la obra y de la cultura masificada. De todo esto resultan los grandes interrogantes para la crítica literaria: ¿Debe involucrase la crítica literaria en la promoción comercial o debe mantener su labor de cultivo de una sensibilidad para minorías? ¿Hay alguna posibilidad de injerencia real de la crítica literaria en la llamada Industria Cultural? Si hemos de admitir y enfrentar la presencia de esa nueva actitud cultural que desatiende la esfera de la producción en favor de una atención sobre la cadena del consumo, ¿deberíamos entonces, para ponernos a tono, hacer una crítica para el consumo y dejar de lado una crítica del producto? ¿Qué implicaciones tiene para nuestra crítica literaria aceptar, por ejemplo, una condición cultural a la vez pre y post moderna de nuestras sociedades, o la presencia simultánea de una hipermodernidad y de una antimodernidad?. ¿Es legítimo hablar de un fin de la crítica, paralelo a un fin de la modernidad? ¿Habría que asumir la crítica dialógica que propone Todorov como salida a una crisis de la crítica? |