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Primera
parte: Posmodernidad
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Crítica literaria y posmodernidadALGUNAS CONDICIONES DE LA LECTURA POSMODERNAPodríamos afirmar que exigencias del calibre que imponen operaciones como el bricolage o la metaficción a la crítica literaria, la están obligando a mirar con cierta "intensidad" algunos problemas que podríamos llamar "pertinentes" a la esfera tradicional de su acción (de alguna manera hemos hablado ya del problema de la autoconciencia, del sentido y de la presentación de la obra), pero, además, es importante observar que estos proyectos responden a su vez a exigencias "externas" a la serie puramente literaria, exigencias que provienen del ámbito general de la cultura. Una primera consecuencia para la críticaconsiste en su necesidad de adquirir y fomentar nuevas competencias. Sin embargo, la crítica se ve ahora comprometida a cambiar su propia práctica discursiva: si la metaficción incluye la crítica entonces la crítica debería intentar hacer ficción; o, en otros términos, debe asumir esa nueva dinámica discursiva que estribaría en hacer que, paralelamente la labor de la metaficción de "contar" la teoría, una teoría pueda ser leída como una historia verosímil: Abrir su discurso a la fabulación. Aceptar ese reto depende no ya de una "intensidad" , sino de una capacidad de "extensión" de las operaciones: vislumbrar no sólo la posibilidad de ensanchar las maniobras de la crítica literaria a un objeto más extenso, sino ser capaz de apropiarse de otras estrategias discursivas Cada uno de los problemas que hemos planteado puede ser entonces examinado desde una óptica más amplia y posiblemente, en consecuencia, pueda ser mejor comprendido o, al menos, mejor planteado. Los problemas del sentido y de la presentación de una obra no responden sólo al estrecho mundo de la serie literaria, sino que hacen parte del mundo general de la cultura, y es allí a donde hay que ir para explorarlos. Esta visión crítica que no se queda en el examen de su objeto tradicional, sino que se aventura hacia una articulación con el entorno general de la cultura, y detecta y atiende lo nuevo con la óptica de una supraperspectividad, es ya una crítica "extensiva", no sólo por su capacidad de reconocer nuevos parámetros de análisis, sino por la dilatación misma de su operación crítica. Quizás de esta forma, la crítica literaria podría sobrepasar su atención exagerada en los "efectos" de la cultura posmoderna e incluir ahora una plena consideración del signo, es decir, podría intentar una descripción no sólo de lo que presentan, sino de lo que re-presentan estos "síntomas" de la posmodernidad que se materializan en las obras contemporáneas. Pero para ello, quizás, y de una vez por todas, la crítica literaria deba involucrarse activamente en la discusión sobre la posmodernidad. ¿Qué otra cosa podría generar una crítica literaria que no logre comprender oportunamente el ritmo vertiginoso de una sociedad comprometida con el paradigma de la velocidad, si no, tal vez, una confusión del valor de la obra con la simple correspondencia "superficial" con dicho paradigma? ¿Cuál sería la proyección de una crítica literaria que no posea la habilidad de reconocer en qué casos la obra responde más a los impulsos relativistas de una "falsa" posmodernidad o dónde, efectivamente, se puede percibir una tendencia a la parálisis creativa? Quizás su máximo deber sea LEER adecuadamente "detrás" de los síntomas (obras contemporáneas) una realidad en formación, es decir, no sólo interpretar las nuevas estructuras de conciencia y de percepción del mundo, sino sus reglas, sus juegos y sus posibilidades. Pero esta "lectura" ha de ser, además, "productiva", en el sentido de que no sólo basta adquirir esa capacidad de percepción de lo valioso y esencial (en una sociedad que ya no cree en lo valioso y esencial), sino que debe preparase para enfrentar intelectualmente esta tarea y para "elaborar" su propia "fábula" de esa realidad intuida. Con respecto al primer peligro: la asignación de un peso exagerado a la correspondencia entre obra y actualidad, será necesario indagar profundamente lo "actual". Una posible referencia de análisis, definitivamente valiosa, es la, llamada por Vattimo, "Ontología" de la actualidad que consiste en la capacidad para captar el ser como evento (y no como estructura) en la medida en que este existe actualmente (percepción y lectura de signos actuales). Sólo así, aceptando como "eventos" reales las tendencias culturales de la actualidad (y no procurando "imponer" o restituir un modelo de realidad a esos eventos) será posible la trasparencia en una crítica que pueda no sólo contemplar con "tranquilidad" —sin el afán neurótico que implicaría una nostalgia por las estructuras fuertes— el panorama actual, sino asumir las posibles alternativas creativas que ofrece esa disolución del principio de realidad que una sociedad "confabulada" por la dilatación del consumo y por la generalización de la información ha generado. Una visión crítica "tranquila" podría conducir, así, a una valoración justa de las obras y expresiones nuevas, evitando el "melodrama" o la neurosis de una crítica nostálgica de valores "fundamentales". Sin embargo, también es necesaria una claridad frente a los problemas, por que si bien es cierto que la crítica debe observar todo el panorama, no debe ser tan laxa como para dejarse confundir. A este respecto pueden surgir dos amenazas: o se terminan valorando exageradamente las "contorsiones" expresivas de una vanguardia que sólo aspira a lo nuevo por lo nuevo o se pierden definitivamente los parámetros en medio de ese despliegue demasiado amplio de una "producción" —que sólo es repetición, fabricación en serie, re-utilización de esquemas, o deducción— que impide ver una verdadera preocupación por proponer proyectos y nuevos esquemas de representación e imaginación. Sólo una crítica transparente y lúcida , puede ser (y estar), además, atenta; puede afirmar con propiedad que no todo vale, que hay producción desechable, porque es capaz, ahora sí, de percibir —a través de un reconocimiento de la conexión, del diálogo, de la multiplicidad y la simultaneidad —una correspondencia profunda con ese nuevo pensar-vivir, en que todo es hermenéutica, texto, escritura. Pero también, sólo una crítica así es capaz de extender su opinión y sus operaciones a los ámbitos desde los cuales la literatura y el arte están exigidos. He intentado mostrar algunas de las actitudes que, a mi juicio, debe cultivar (si no adquirir) una crítica literaria que desee hacerse extensiva, en el sentido de dilatar sus operaciones y de actuar sobre objetos que no son los que tradicionalmente atiende, hasta, incluso, intentar un papel de injerencia sobre fenómenos de lo actual, como son precisamente los debates en torno a la posmodernidad. Creo que una crítica intensiva es muy importante y que su papel consiste en detectar y atender las huellas a través de un aparato flexible, capaz de articularse con el ámbito general de la cultura. Pero quiero resaltar la trascendencia de una crítica de tipo "extensivo", cuyas condiciones, a mi modo de ver, deben ser la tranquilidad y la lucidez. Una crítica tranquila se hace transparente y capaz a la vez: al deshacerse del propósito neurótico de atrapar los fenómenos en las redes de la estructura fuerte, adquiere la habilidad de observar supraperspectivamente el panorama cultural y se libera de actitudes "melodramática" estériles. Finalmente, esta tranquilidad y esta lucidez le permiten a una crítica "extensa" asumir los nuevos retos y las nuevas competencias que exige la realidad en formación que el arte, siempre premonitorio, ya nos está presentando. Si algo del arte sorprende siempre al crítico es su capacidad de anticipación. Asumir este hecho no debe conducir sólo a la lectura atenta de los signos que puedan con-formar las nuevas representaciones del mundo que el arte es capaz de visualizar, sino, sobretodo, operar como el artista lo hace: el crítico debe ahora proponer su verdad y hacer uso de la ficción, tal como el artista ha aprendido a hacerlo, es decir, en función de "alimentar" su percepción de lo singular hasta lograr presentarlo como algo más: como eso particular revelador Quizás así, abriéndose a nuevos retos, replanteando
los problemas, conformando nuevas competencias, ampliando su objeto de
observación, la crítica literaria pueda encontrar su paralogía,
su juego. Por ahora, el compromiso sigue siendo leer y escribir los signos
de una posmodernidad que ya parece haberse instalado en el pensar-vivir
de lo cotidiano. |