Primera parte: Posmodernidad  

Crítica literaria y posmodernidad

ENCRUCIJADA DE LA LEGITIMIDAD

Quizás lo más complicado en la tarea de proponer un sentido  y una legitimidad de la crítica literaria en la posmodernidad es el planteamiento de metodologías.  Denunciados los grandes "metarrelatos"   (los sistemas de explicación global) como estrategias del poder, los mismos conceptos de marco teórico y de metodología como pautas generales de análisis resultan cuestionados.

La crítica de lo actual ya no puede darse en nombre de los valores absolutos jerarquizantes y exige, por tanto, una "ontología de la actualidad " pensada como un saber no fundante, que no ofrece legitimaciones definitivas y tranquilizadoras: "El pensamiento crítico que es posible y que nos hace falta es aquel que nos permite vivir sin neurosis regresivas (¡y represivas!) en el mundo de la realidad fabulizada" (Vattimo, El consumidor consumido, p. 22), que se libera de la nostalgia por las estructuras fuertes y por el principio de realidad, y que lleva hasta las últimas consecuencias la fabulación del mundo.  En otras palabras significa optar por el "Nihilismo Activo".

¿Cómo caracterizar tal crítica de lo actual y, dentro de ésta, de la obra literaria?

Tal vez desde el "pensar dialógico" que supera la Identidad hacia la mismidad que posibilita la pluralidad, hacia la verdad no absoluta sino parcial, contextualizada, hacia la reinterpretación y el diálogo con la tradición; hacia el reconocimiento de la heterogeneidad, del pastiche, del bricolage, de la hibridación; hacia la búsqueda de un sentido no discursivo que no es Idea ni Razón, que está organizado sin ser "lógico", y hacia una "re-creación" que renueve el valor de la tradición.

Todas estas posibilidades son significativas y pertinentes por que se corresponden, a su vez, con las transformaciones actuales de la literatura misma.  Todorov caracteriza esta literatura en cuanto asume su heterogeneidad:  "es a la vez ficción y panfleto, historia y filosofía, poesía y ciencia.  Los textos de Solzenitjin y de Kundera, de Gunter Grass y de D.M. Thomas no se dejan encasillar en las concepciones anteriores de la literatura.."(Todorov, Crítica de la crítica, p.155).

Frente a las opciones de la crítica actual, desde el formalismo hasta el estructuralismo y la semiótica, que pretenden extraer de la contingencia y singularidad de la obra literaria una suerte de esquema universal inmutable, encuentro otra propuesta muy sugestiva:   se trata de los planteamientos del crítico norteamericano Ian Watt sobre una crítica que trata de ser a su vez literatura, una crítica "humilde" que no habla directamente de la verdad o del valor de una obra literaria sino  que deja más posibilidades al lector para que él mismo concluya, una crítica, en fin, que permite que la "mente, los sentidos, los sentimientos del individuo afronten no el modelo universal traído por el profesor o el estudiante sino la resistencia obstinada de la particularidades del otro..." (Todorov, p. 112-113)

De cualquier forma, y aunque nuestro tiempo exige rupturas, una crítica que adopte los rasgos que hemos enumerado no debería plantearse como "nueva", pues esto sería seguir el juego sospechoso de la eliminación dogmática de lo pasado, de lo no-nuevo.  Esta crítica sería más bien "diferente", no se vería abocada a eliminar y sustituir dogmáticamente a las anteriores, sino que reconocería a su vez la pluralidad de la crítica e incluso, que su "novedad" no existe como tal sino como re-creación lúcida de propuestas, tal vez olvidadas, pero que aún tienen algo que decirnos.

A primera vista esta situación implica una rendición del oficio crítico tradicional; sin embargo, lo que en realidad se presenta es un reto e incluso una apertura de esta tarea.  Siguiendo a Lyotard, se trataría de buscar un "paralogía" crítica paralela a la que se propone en general para la ciencia posmoderna (es decir, reconocer el propio "juego" informático de la crítica literaria).

© Jaime Alejandro Rodríguez
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