¿Devenir mujer en
Mrs. Caldwell habla con su hijo?
ACERCA DE LA CREATIVIDAD LITERARIA Y EL DEVENIR
De alguna manera se ha afirmado ya que la escritura poética es
en sí misma un proceso en el que se promueven la dos cosas: lo
simbólico y lo semiótico; quizás al final lo simbólico
restablece el orden, pero en Cela (en esta obra de Cela) se ha potenciado
efectivamente lo semiótico: Cela ha devenido mujer en un sentido
Deleuziano del término, es decir, ha producido un texto, una escritura
femenina: ¿no consiste en eso la creatividad: en poner en juego
la posibilidad de un devenir (en este caso un devenir mujer), independiente
de quién lo haga?. Al respecto, el pasaje en que Cixóus
habla de “lo intermedio” traduce efectivamente ese devenir, ese paso de
lo uno y lo otro, ese ser simultáneamente lo uno y lo otro, que
ha ocurrido en la obra de Cela:
Admitir que escribir es trabajar en lo intermedio, inspeccionar el proceso
de lo mismo y de lo otro, sin el cual nada podría vivir, deshacer
el trabajo de la muerte, admitir esto es querer a los dos tanto como a
ambos, al conjunto de uno y otro, no fijado en la sucesión de lucha
y expulsión o en algún otro tipo de muerte, sino infinitamente
dinamizado por un proceso incesante de intercambio de un sujeto al otro.
Más que un acto bisexual, como lo propone Moi (Moi, p. 120) al
interpretar este pasaje, la escritura poética, y toda creación
artística, consiste en el trasiego por zonas intermedias, por capas
que surgen una vez que se liberan los condicionamientos de la polaridad
cultural de lo uno o lo otro, de lo que llaman Benhabiib y Cornell, la
lógica binaria (28). Entonces afloran regiones intermedias en que
no se es ni lo uno ni lo otro, pero tampoco únicamente lo uno y
lo otro a la vez (que sería lo propiamente bisexual), sino un estado
informe, un (en términos deluzianos) cuerpo sin órganos,
una potencia molecular: un devenir, una haceidad, una desterritorialización.
En la obra de Cela, esta desterritorialización se da efectiva
y eficazmente en los papeles, pero el final de los mismos, con el cierre
de una trama y con la inclusión de los marcos que dan forma de
novela al conjunto, se efectúa una acción de re-territorialización.
Hay pues dos momentos en la obra de Cela: en una logra trazar una línea
de fuga, en la otra la atrapa y la bloquea. Actúan entonces dos
conciencias: una que ha devenido y otra que se avergüenza de ese
devenir, una que acontece y otra que resigna, una que expulsa, otra que
reprime.
Quizás lo más interesante de todo este recorrido que se
ha hecho esté en la visualización de ese proceso en el que
un autor, creyéndose dueño del texto, lo cierra y le bloquea
su fuga. Quizás el miedo ha matado la línea de fuga que
ha creado el propio Cela, quizás los dispositivos de poder contra
los que él quiso luchar, actuaron de una forma imperceptible, trabajando
sobre su conciencia, sobre su cuerpo, sobre su escritura y, al final,
quien ganó el juego no fue él (que creyó evadir la
censura) sino la máquina binaria, el régimen, que por caminos
imprevistos, y a lo mejor incontrolados e inconscientes, recortó
esa fuga y obligó a la autor a meter su mano.
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