Tercera parte: Otras yerbas  

¿Devenir mujer en
Mrs. Caldwell habla con su hijo?

ACERCA DE LA CREATIVIDAD LITERARIA Y EL DEVENIR

De alguna manera se ha afirmado ya que la escritura poética es en sí misma un proceso en el que se promueven la dos cosas: lo simbólico y lo semiótico; quizás al final lo simbólico restablece el orden, pero en Cela (en esta obra de Cela) se ha potenciado efectivamente lo semiótico: Cela ha devenido mujer en un sentido Deleuziano del término, es decir, ha producido un texto, una escritura femenina: ¿no consiste en eso la creatividad: en poner en juego la posibilidad de un devenir (en este caso un devenir mujer), independiente de quién lo haga?. Al respecto, el pasaje en que Cixóus habla de “lo intermedio” traduce efectivamente ese devenir, ese paso de lo uno y lo otro, ese ser simultáneamente lo uno y lo otro, que ha ocurrido en la obra de Cela:

Admitir que escribir es trabajar en lo intermedio, inspeccionar el proceso de lo mismo y de lo otro, sin el cual nada podría vivir, deshacer el trabajo de la muerte, admitir esto es querer a los dos tanto como a ambos, al conjunto de uno y otro, no fijado en la sucesión de lucha y expulsión o en algún otro tipo de muerte, sino infinitamente dinamizado por un proceso incesante de intercambio de un sujeto al otro.

Más que un acto bisexual, como lo propone Moi (Moi, p. 120) al interpretar este pasaje, la escritura poética, y toda creación artística, consiste en el trasiego por zonas intermedias, por capas  que surgen una vez que se liberan los condicionamientos de la polaridad cultural de lo uno o lo otro, de lo que llaman Benhabiib y Cornell, la lógica binaria (28). Entonces afloran regiones intermedias en que no se es ni lo uno ni lo otro, pero tampoco únicamente lo uno y lo otro a la vez (que sería lo propiamente bisexual), sino un estado informe, un (en términos deluzianos) cuerpo sin órganos, una potencia molecular: un devenir, una haceidad, una desterritorialización.

En la obra de Cela, esta desterritorialización se da efectiva y eficazmente en los papeles, pero el final de los mismos, con el cierre de una trama y con la inclusión de los marcos que dan forma de novela al conjunto, se efectúa una acción de re-territorialización. Hay pues dos momentos en la obra de Cela: en una logra trazar una línea de fuga, en la otra la atrapa y la bloquea. Actúan entonces dos conciencias: una que ha devenido y otra que se avergüenza de ese devenir, una que acontece y otra que resigna, una que expulsa, otra que reprime.

Quizás lo más interesante de todo este recorrido que se ha hecho esté en la visualización de ese proceso en el que un autor, creyéndose dueño del texto, lo cierra y le bloquea su fuga. Quizás el miedo ha matado la línea de fuga que ha creado el propio Cela, quizás los dispositivos de poder contra los que él quiso luchar, actuaron de una forma imperceptible, trabajando sobre su conciencia, sobre su cuerpo, sobre su escritura y, al final, quien ganó el juego no fue él (que creyó evadir la censura) sino la máquina binaria, el régimen, que por caminos imprevistos, y a lo mejor incontrolados e inconscientes, recortó esa fuga y obligó a la autor a meter su mano.

© Jaime Alejandro Rodríguez
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