|
Primera
parte: Posmodernidad
|
Escrituras sobre la posmodernidadESCRITURAS DEL SABEREl camino que se ha seguido al revisar las escrituras de la esperanza nos ha obligado, en cierto momento, a identificar la posmodernidad con ese tipo de hipermodernidad científico-técnica, "frenética y crispante", desde donde ha sido prácticamente inevitable el ejercicio de la futurología y donde nos hemos tenido que detener en el examen de (los destinos de ) la creatividad. Pero hipermodernidad ha implicado por esta vía (lo he advertido creo ya con insistencia) conceder cierta centralidad a la ciencia y la tecnología y sobretodo atender cierto reclamo de "autenticidad" o de legitimidad del discurso científico sobre otros discursos, específicamente el de la experiencia estética. Existe, no obstante, una escritura que identifica pensamiento posmoderno con pensamiento estético o que, por lo menos, logra relativizar ese carácter aparentemente central del discurso científico. La revisión que hace Lyotard de la condición del saber en lo que él llama las "sociedades informatizadas", por ejemplo, le ha permitido demostrar que el papel de la ciencia ha consistido simplemente en "jugar su propio juego", en producirse, ordenarse y acumularse como información. La ciencia no existe, socialmente, como función emancipadora cognoscitiva modelo (como querrían los metarrelatos de la legitimación del saber ) ni como paradigma y modelo de esa razón ansiosa de unidad, sino como saber que se mueve entre la apertura de un horizonte ilimitado de exploración y la conciencia del carácter limitado de cada forma de conocimiento. El lugar "central" ocupado por la ciencia en los nuevos modelos de sociedad no la convierte en discurso legítimo de la globalidad de los conocimientos. No existe la pretendida autotrascendencia del saber científico y la fusión ciencia-tecnología en un mismo aparato que articula inversiones y funciones termina convirtiéndose en la señal de alarma que ha permitido finalmente reconocer el único papel posible de la ciencia en la posmodernidad: ocuparse de las inestabilidades, asumir su propio juego que es el de su naturaleza operativa, es decir, jugar a la paralogía . Pero es sobretodo en el desenmascaramiento que realiza Lyotard del recurso de la ciencia a los metarrelatos para legitimar su saber, donde es posible detectar un desplazamiento hacia lo estético: en forma inconsciente y, aun, mentirosa, el discurso científico recurre a la legitimación por vía narrativa, construyendo una expresión discursiva distorsionada de la idea de una historia universal, de la perfecta comunicabilidad de la presencia del todo que se concilia en lo uno (y de la que ella, la ciencia, sería su más apropiado instrumento). Este recurso de un discurso no estético a la "vía" narrativa demuestra que, si se ha de hablar de centralidad de algún discurso, ese sería precisamente el discurso estético. Sobretodo a partir de la crisis de la ciencia, en este siglo, ha sido necesario reconocer la centralidad del saber artístico, el papel anticipatorio que ha jugado en los desarrollos de la civilización moderna; centralidad que se manifiesta, entre otras cosas, por la creciente necesidad del discurso científico y/o filosófico de apoyarse (y aprovisionarse) de sus vías, formas, indagaciones y expresiones . Según Vattimo, la centralidad del arte (de la experiencia estética) se hace evidente, desde el punto de vista práctico en el renacimiento, por el proceso de promoción social del artista que le confirió dignidad, carácter excepcional, funciones sacerdotales y civiles y, seguidamente, desde el punto de vista teórico, por la utilización de modelos estéticos en la visión de discursos no estéticos (cuyo extremo sería la historia de la ciencia planteada por Khun ). Pero, además, con el advenimiento de la sociedad de masas, por la imposición de modelos estéticos de comportamiento y la "disolución" del principio de realidad en la "vaguedad poética". Quizás, más que en esta evidencia de centralidad, la importancia de lo estético está en que anticipa lo posmoderno y guía el propio desarrollo de la modernidad hacia la posmodernidad. Y esto principalmente por una razón: en el arte, las raigambres de tipo metafísico (valor de verdad o de utilidad como requerimiento de legitimación) desaparecen mucho antes de haberse producido esa situación de desarraigo (metafísico) en que hoy se encuentra explícitamente la ciencia. El arte habría seguido un camino o un desarrollo distinto al de la ciencia, habría descubierto que la novedad (como valor) no es más que un "pathos" o una "rutina" más y con este descubrimiento habría mostrado que el proceso mismo de secularización (esencial para la modernidad) vacía el concepto de progreso y también el de futuro. El desarrollo del saber artístico constituye así un símbolo representativo del fin de la modernidad, pues ha sido capaz de vivir, sin enmascaramientos metafísicos (es decir, sin la necesidad de buscar fundamentos auténticos de la existencia), la experiencia de lo nuevo (a diferencia de la ciencia, por mucho tiempo vinculada a los valores de verdad y de uso) y también la pérdida o vaciamiento de ese valor, la crisis del futuro, es decir, el sentido de lo posmoderno: el rebasamiento de la metafísica. Ahora, ese rebasamiento de la metafísica, puede también ser percibido como disolución de las esferas autónomas planteadas por Kant como condición de la modernidad (ciencia, arte y ética). Esta disolución, desde un extremo esteticista, habría revelado la dependencia del saber científico con respecto al saber artístico. Podría, entonces, plantearse que las operaciones del saber científico no son más de derivaciones o subconjuntos de esa gran operación del arte que es la ficción (así, por ejemplo toda proposición individual innovante o toda hipótesis del tipo ¿y si...?, estarían revelando el carácter esencialmente ficticio del saber científico y/o filosófico, en cuanto "anticipan" una realidad o una estructura). Construir una hipótesis científica, incluso verificarla, sería ejecutar un ejercicio de ficción, proponer un artificio, y la verdad científica se reduciría a un caso más de verosimilitud del lenguaje. La tarea "paralójica" de la ciencia consistiría entonces, en asumir este carácter ficticio de interpretación - construcción - veridicción de eventos comprendidos como inestabilidades. En todo caso, la centralidad de la ciencia/tecnología, como guía epistemológica y de desarrollo, necesaria para identificar posmodernidad con hipermodernidad, quedaría así abolida y el problema de la creatividad, quizás pueda re-examinarse no desde la condiciones materiales, tecnológicas o sociales, sino desde una búsqueda de esquemas creativos, de nuevos métodos y conceptos de creación del tipo que propone el OU.LI.PO (taller de literatura potencial) francés. Este grupo, fundado por literatos y matemáticos al principio de los sesenta por Raymon Queneau y François le Lionais, se proponía revisar teórica y prácticamente la literatura a la luz de las limitaciones preexistentes a toda escritura; limitaciones asumidas, reivindicadas o inventadas, que definen un texto determinado: "Al entender que las mismas formas hablan de por sí, al negarse a escribir al servicio de la sacrosanta inspiración, al rechazar la postura alquimista de trujamán del mensaje revelado y adoptar aquella analítico - sintética de los químicos, al interesarse tanto por la ilustración de las formas antiguas como por la creación de estructuras inéditas y capaces de engendrar textos nuevos [...]" (Camero, p.11), la literatura oulipiana se ha alejado de toda doctrina, ideológica o estética (en términos metafísicos), y ha asumido como su única preocupación el escribir, y para ello ha construido sus propias máquinas . |