Segunda parte: Novela y posmodernidad  

Examen de la metaficción en algunas
novelas colombianas recientes

LA ESCRITURA COMO TEMA Y COMO PROBLEMA

En todas estas novelas, la escritura es una preocupación. La escritura del texto, la escritura del mundo, la escritura que se impone, la escritura-salvación, la escritura-imposible, la escritura refugio, la escritura conjuro, la escritura que. presente o ausente,  lo anega todo.

¿Qué es la escritura?  Un juego peligroso y penosamente necesario .afirma el narrador-escritor (uno de ellos) de La otra selva:

Las palabras —me digo mientras escribo estas líneas— son más fuertes que los cuerpos, más poderosas que los seres que pretenden inventarlas. decirlas, lanzarlas a la vida [... ] Fueron las palabras las que me llevaron a dejarme enredar en esta red de historias que ahora pretendo aclarar escribiendo más  palabras, siguiendo su juego terco, peligroso. burlón.  Pero eso sólo lo sé ahora, cuando escribo sentado frente a... (p. 26).

La escritura es también una forma escurridiza de liberarse de los fantasmas. de llevar la angustia a  umbrales tolerables. nos afirma Ramón. el protagonista de Transplante a Nueva York:

¡Necesito escribir! Es la única forma de llevar mi angustia a una condensación soportable.  Aunque la escritura sea la realidad que se escapa tendrá la consistencia de lo visto v lo vivido.  No escribiré lo que imaginé sino que representaré mi verdad interior (p.26).

La escritura es exorcismo, catarsis, recuperación, conjuro, rito, tal como lo ve el narrador de La muerte del Alec:  "Escribir obsesiona" (P.61), es un "proceso de decantación (...) un producto selectivo de la memoria" (p. 63), Una  posibilidad de recomponer el "rompecabezas" de la historia.

Escribir es algo ineludible: una vez nos contamina su virus no deja de afectarnos. Quizás de ese virus sufre José Kristian, el protagonista escritor de Las puertas del infierno, cuando nos confiesa:

Fue así como comenzaron mis quince largos años de miserias y derrotas.  La realidad era que no tenía confianza en mí mismo, en mi talento para escribir.  Era una sensación muy extraña.  Me decía: no vuelvo a escribir.  Comuniqué un día a mis amigos: adiós a la poesía, al cuento, a la novela.  Pero seguía escribiendo ... (p. 16).

Escritura es terapia, es salvación: "(Sólo escribir sedirnenta, cristaliza, produce sosiego dentro del caos invariable)”, nos afirma esa mujer doble que nos habla desde el Reptil en el tiempo.

Escritura puede ser también encuentro con la historia como en La Ceniza del Libertador,  donde el escritor-cronista (testigo de otro tiempo) participa a la vez de los últimos días del Libertador y en la trama suya que los revive:

Desde el puente, abandonado a otras manos, Su Excelencia voltea a mirar hacia el vapor.  Y observa, agarrado a la varandilla, al hombre del comedor.  Levanta su mano, se despide de él.  El hombre de los tarros de lata de estribor sonríe, anota afanoso sus últimas cosas.  En lo invisible de su vida Su Excelencia comprende que aquel hombre, que aquel testigo mudo, lo ha escrito todo, lo contará todo algún día.  Entonces descansa... (p. 320).

La escritura es, en fin, la vida ampliada por los procedimientos heurísticos de relato, al sentir de Luis, el protagonista-lector de El Visitante: Qué me queda afirmar del contenido (de la novela) si es la vida misma?.  Es la nueva vida que se ha moldeado de mi historia.  Es la historia mía mis la metáfora.  Es mi cuadro más la hipérbole. (p.82).

© Jaime Alejandro Rodríguez
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