Tercera parte: Otras yerbas  

El proceso creativo en la ficción hipertextual

LA NUEVA PRAGMÁTICA

¿De dónde proviene la audiencia del hipertexto: de la literatura o del ciberespacio? ¿Cómo lee esa audiencia las hiperficciones?, ¿cuál es su psicodinámica, su pragmática. ¿Hay que reeducar para pensar, imaginar, crear, conocer en formato hipertextual, o es algo connatural? Estas serían algunas de las preguntas que habría que considerar a la hora de evaluar qué tanto afectan al proceso creativo las nuevas pragmáticas derivadas de ese desplazamiento del lugar d la obra descrito atrás.

Quien "prepara" un hipertexto lo hace de una manera muy distinta a quien escribe un texto. De antemano se sabe que el resultado es apenas una propuesta, el comienzo de una cadena de modificaciones, cuya "forma" final no es posible prever. Quien prepara un hipertexto sabe que no puede diseñarlo de manera que su recepción se haga bajo los parámetros de la homogeneidad o la totalidad (propios de la escritura de textos). Es, por eso, "apenas" un diseñador (aunque también un virtuoso) de estructuras y de "reacciones en cadena".

Quien "recibe" un hipertexto actúa sin la performatividad del autor. Sabe  que el texto es apenas un esbozo (siempre un esbozo), frente al cual debe reaccionar, dejando que las resonancias que le produzca su horizonte de experiencias entre en dinámica.. Es lo que él pueda agregar a la cadena lo que le dará valor a la "obra", pero sabe también que sus enlaces y sus lexias serán ampliadas y "mejoradas", por un nuevo "jugador". Estas condiciones se alejan de las pragmáticas tradicionales (las del saber científico y las del saber  narrativo, según Lyotard), en tanto generan una distinción radical: las fronteras entre un destinador (dador privilegiado de saberes o de informaciones) y un destinatario (por lo general pasivo o subestimado) se diluyen. En un hipertexto de ficción, tanto quien prepara como quien recibe la propuesta, fuerza la herramienta (el hipertexto) a una dimensión estética, es decir a la posibilidad de que las reacciones en cadena del hipertexto también se dinamicen desde un "impacto" o un "enganche"  al sensorium del otro.

Ahora, si estas psicodinámicas, como las correspondientes a la oralidad y a la escritura, dependen de su correlato tecnológico (Ong), el uso “artístico” del hipertexto exigiría entonces una re-educación, un aprendizaje. Frente a este punto las opiniones se dividen: para unos, el hipertexto no es sino una prótesis técnica que, por eso, desnaturaliza la comunicación; para otros, en cambio, la herramienta hipertextual facilita la forma natural como el cerebro humano funciona.

Landow, por ejemplo (criticando la postura de Lyotard, quien considera precisamente que toda tecnología es una prótesis), propone que el hipertexto si bien es una "prótesis" de la mente del hombre, es también una herramienta más adecuada a la propia naturaleza de su pensamiento (Landow, Hipertexto, 216).  Para Queau, la posibilidad de deshacernos de la comunicación física (cuerpo a cuerpo, por decirlo de alguna manera), que se ha podido vislumbrar, gracias a una cultura que ha valorado y puesto en la escena cotidiana lo virtual, hace del hipertexto una especie de escala intermedia en esa travesía que culminará en el ideal de poder atrapar el pensamiento en su inmediatez.

Ahora, Lyotard establece una valiosa distinción entre la pragmática del saber narrativo y la del saber científico, la primera más cercana a las dinámicas de la oralidad y la segunda a las de la escritura. Si hacemos una extrapolación de lo que propone Lévy para distinguir los tipos culturales, también es posible equiparar el hipertexto como el modo de expresión de la nueva situación epistemológica y de sus pragmáticas, esto es, modelo de una universalidad sin totalidad, de una comunicabilidad infinita despreocupada por el final o el sentido..

Pero, ¿cuál es, entonces, la pragmática  del "saber hipertextual"? ¿Corresponde a una pragmática de las condiciones de comunicación en el ciberespacio? ¿Se puede plantear como una pragmática de la oralidad secundaria? En la descripción de Lyotard, tanto para el saber narrativo como para el científico, existe una distinción muy clara entre las funciones del destinador y las del destinatario; mucho más sofisticadas en el caso del saber científico, en el cual tiene que ocurrir un aprendizaje del metalenguaje para el destinador, quien así adquiere la competencia comunicativa. En el saber narrativo, en cambio, la pragmática es mucho más fluida: el destinatario sólo requiere un saber-oir-decir para convertirse en destinador del mensaje. Pero, ¿se puede seguir hablando de pragmática en la cibercultura, donde las fronteras de destinador y destinatario se han diluido? ¿Cómo describir la relación entre lector y escritor de hipertextos? ¿Cuál es la función de uno y de otro? ¿Cuál es su lugar? De cualquier forma, las nuevas pragmáticas y los nuevos lugares de la obra tendrán que convertirse en un necesario horizonte de referencia para los “autores” de hipertextos de ficción.

© Jaime Alejandro Rodríguez
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