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Tercera
parte: Otras yerbas
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El proceso creativo en la ficción hipertextualUNA NUEVA SITUACIÓN EPISTEMOLÓGICAEste modo convencional de observar el fenómeno de la creación artística está ligado a un modo cultural propio: la escritura. El hipertexto, sin embargo, obedece a otro acontecimiento cultural: la así llamada “cibercultura”, que contiene una situación epistemológicamente distinta a la del mundo cultural de la escritura Una manera de comprender en qué consiste la nueva situación espistemológica de la llamada revolución electrónica, la ofrece Pierre Lévy en su artículo Sobre la cibercultura. Según Lévy, la evolución cultural podría describirse como la sucesión y acumulación de tres tipos: El de las sociedades pequeñas y cerradas, de cultura oral, que
viven una totalidad sin universalidad Lo común de estos tres tipos de cultura es la idea de universalidad. Mientras en la primera es posible el sentido, éste (la totalidad del conocimiento), es apenas local, restringido a la tradición, cerrado. En las sociedades modernas, debido al descubrimiento de la escritura, se hace posible una práctica de la universalidad entendida como la fijación del sentido (clausura semántica, según Lévy). Las obras (artísticas) se valoran en la medida en que sus mensajes pueden circular por todas partes, independientemente de su proceso de producción: La obra escrita se hace autoexplicativa y la condición de universalidad, así entendida, se extiende a otras dimensiones de la cultura, en la medida en que su base se hace "textual". En el tercer tipo, el concepto de totalidad (y también las estéticas de la totalidad) es relativizado. Sin embargo, la idea de universalidad no desaparece, sino que se comprende de otra manera: ya no depende del cierre del sentido (de la clausura semántica), de la necesidad de completar un trayecto, sino de la posibilidad de conectar muchos: la interconexión generalizada. "Este universal no lleva a cabo su empresa totalizadora a través del sentido, sino que relaciona por medio del contacto, de la interacción general" (Lévy, 24). Y este modo de relacionar ya no es totalizador. Lo universal propio de la cibercultura, sería pues el deseo )y también la necesidad) de un conjunto y comunión de los seres humanos. En realidad, el hipertexto, aún entendido sólo como una facilidad para crear nodos y establecer enlaces, estaría mucho más cerca de ese nuevo ideal de la cibercultura que la obra literaria y su función posiblemente consista en establecer un puente para la transición de un tipo de cultura a otro. Desde esta perspectiva, el proceso creativo convencional se podría ver afectado de dos maneras: En primer lugar: o bien creando nuevas posibilidades expresivas (en la medida en que el “lenguaje” hipertextual se refine y afloren sus verdaderas potencias), o bien generando nuevas necesidades de expresión. Así por ejemplo, siguiendo a Lévy, lo que permitiría expresar el hipertexto sería una nueva posibilidad de comprender la universalidad humana, ya no atada a la totalidad-secuencialidad como a la conectabilidad simultánea, no al signo, como a la semiósis infinita.. La literatura, entendida como una expresión artística de la situación epistemológica de las sociedades modernas, refleja una doble tensión: de un lado se siente condenada a decir desde la condición de universalidad totalizadora (se le exige autoexplicación y autosuficiencia, como a las demás escrituras, y se le exige a sus mensajes la posibilidad de circular por todas partes); de otro lado, expresa el conflicto de esta situación epistemológica: el héroe literario percibe una realidad vivida más bien como incompleta, misteriosa, resistente a cualquier interpretación fácil o totalizadora y como algo que escapa a su juicio. Es de esperar que la hiperficción, entendida como la expresión artística de la nueva situación epistemológica, empiece a moverse ahora bajo una doble tensión análoga: de un lado tendrá que arreglárselas para poner en juego una interconectividad infinita; de otro, una vez superado el actual periodo de normatividad tecnológica, tendrá que saber expresar los nuevos conflictos que surjan. La pregunta que queda, frente al potencial expresivo del hipertexto de ficción sería entonces: ¿es el hipertexto el modelo "artístico" de la nueva situación epistemológica? ¿Cómo se debe plantear su modo de ser? Si para el relato literario moderno el núcleo expresivo derivaba de la dificultad del héroe para vivir una situación epistemológica propia de lo escrito, para la hiperficción el núcleo expresivo debería, entonces, derivar de la dificultad de vivir la nueva situación epistemológica: una realidad vivida tal vez como anarquía, desorden, aletoriedad. En segundo lugar, el hipertexto podría afectar las dinámicas del proceso creativo convencional, cambiando nuestra manera de percibir el “lugar” de la obra misma. Una de las condiciones para que se produzca efectivamente la conectabilidad simultánea, esto es, la posibilidad de conectar todo con todo en cualquier momento, es la virtualización de la realidad. Ya no basta con que las realidades estén ahí, dispuestas a conectarse, es necesario que el lugar físico de la realidad se disuelva en favor de la información y del lenguaje, para que se pueda realizar la conectividad. Según Quéau, lo virtual socava los fundamentos del lugar (incluyendo nuestra percepción y experiencia de lugar). Lo virtual se sitúa casi por completo del lado del lenguaje. Los vínculos entre lugar y lenguaje se enriquecen y todo ello se traduce en formas artísticas. Es por esto que, en el arte, esa virtualización supone una actitud: promover la interacción radical. Una de las funciones más interesantes del arte así "afectado" por lo virtual es, precisamente, estimular cualquier forma de interacción. El artista interactivo propone siempre a los espectadores una colaboración creativa, una "co-creación". Esta actitud supone ya un cuestionamiento del "procesamiento" de la obra misma que, de este modo queda "marcado" y registrado en la obra misma. En este orden de ideas, la pregunta por el lugar de la obra pasa por las siguientes cuestiones: ¿dónde está la "obra”: en el modelo interactivo que ofrece el artista al espectador? ¿En las interacciones propiamente dichas que podrían llegar a alterar radicalmente la obra "original"? ¿En la idea inicial del autor, quien busca por sobre todo promover la interactividad? ¿Quién es finalmente el autor? Afrontar, estas preguntas, por supuesto, implica asumir el proceso creativo de un modo distinto: ya no vinculado al "autor", entendido como sujeto individual y privilegiado, sino al sujeto interconectado y democrático. |