Tercera parte: Otras yerbas  

La narración oral escénica (NOE):
Un género híbrido

El caso de los cuenteros universitarios de Bogotá
Algunas consideraciones teóricas y entrevista con el narrador Jaime Riascos Villegas

LA EXPOSICION:  ETNOTEXTO Y ORALITURA

Estos términos sirven para enmarcar actitudes contestatarias, pues constituyen alternativas significantes para denominar un tipo de texto cuya filiación es genéticamente oral (textos que conforman ese gran campo de la oralidad), cuyos territorios de origen y circulación pertenecen a la "baja cultura", cuyas formas de expresión no son las de la literatura universal o las de la filosofía.

Subyace a estos términos la intención de acercar etnografía y literatura.  ¿No es eso lo que hacen los cuenteros, recolectar, recuperar una tradición y luego renovarla, desplegar narrativas para construir nuevos significantes que restituyan  la fuerza experiencial de nuestras nuevas situaciones culturales? ¿No son ellos mismos exploradores de fronteras? ¿No son ellos a la vez etnógrafos y literatos, expositores de un discurso y un saber que se supone y que a la vez permite reconocer al otro y entonces autoreconocerse uno mismo?

Los textos de los cuenteros son textos de alta ritualización; ejercen un tipo especial de comunicación, una función transformativa de la realidad manifiesta; también son una comunicación de sentimientos propios.. Claro:  todo esto supone problemas metodológicos:  ¿cómo componer un texto "letrado" o científico que hable con eficacia de los manejos del cuerpo, del espacio físico, de los ritos, de la secretividad msima, de la complicidad puesta en escena por los cuenteros? ¿Cómo involucrarse, cómo interactuar, ¿Cómo hacer que se acepte un reconocimiento y una intertextualización, cómo dejarse permear?

La percepción del investigador nunca es neutra y la ficción deviene siempre en búsqueda insistente de sentidos.  Pero aún más: la significación se constituye en varios grados. Para el narrador y para los receptores del contexto natural es un valor.  Lo que se dice es y la narración restituye lo que se cuenta.  Pero habiendo un receptor ajeno, la narración transforma su perfomancia (¿no hay, acaso, algo de simulación en toda encuesta, en toda entrevista? ¿No transitamos los investigadores un desvío, un atajo?). ¿Cómo reconocer los silencios, las complicidades, los secretos?

¿Cómo trasmitir el texto vivo (eso que se vive en el texto)? ¿Cómo restituir la memoria comunitaria, como interpelar al otro a través de sí mismo, cómo superar el enmascaramiento en la reescritura, como trasladar un texto en otro que no es el primario, pero que debe su filiación a él?

Surge de todas estas inquietudes la necesidad de construir un texto que sea leal al otro pero que sea él mismo también.  Moverse entre sistemas epistemológicos y lógicos diferentes.  Flexibilizarse, HIBRIDIZARSE también.  Poner en juego una CIRCULARIDAD deseable: de lo oral a lo lineal a lo escrito.

Así, lo que sigue es la exposición de las observaciones; exposición que tendrá un orden y una legitimación comprometida con la voz de ese otro:  el cuentero y su experiencia.

© Jaime Alejandro Rodríguez
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