La narración oral escénica (NOE):
Un género híbrido
El caso de los cuenteros universitarios de Bogotá
Algunas consideraciones teóricas y entrevista con el narrador Jaime
Riascos Villegas
LA EXPOSICION: ETNOTEXTO Y ORALITURA
Estos términos sirven para enmarcar actitudes contestatarias,
pues constituyen alternativas significantes para denominar un tipo de
texto cuya filiación es genéticamente oral (textos que conforman
ese gran campo de la oralidad), cuyos territorios de origen y circulación
pertenecen a la "baja cultura", cuyas formas de expresión no son
las de la literatura universal o las de la filosofía.
Subyace a estos términos la intención de acercar etnografía
y literatura. ¿No es eso lo que hacen los cuenteros, recolectar,
recuperar una tradición y luego renovarla, desplegar narrativas
para construir nuevos significantes que restituyan la fuerza experiencial
de nuestras nuevas situaciones culturales? ¿No son ellos mismos
exploradores de fronteras? ¿No son ellos a la vez etnógrafos
y literatos, expositores de un discurso y un saber que se supone y que
a la vez permite reconocer al otro y entonces autoreconocerse uno mismo?
Los textos de los cuenteros son textos de alta ritualización;
ejercen un tipo especial de comunicación, una función transformativa
de la realidad manifiesta; también son una comunicación
de sentimientos propios.. Claro: todo esto supone problemas metodológicos:
¿cómo componer un texto "letrado" o científico que
hable con eficacia de los manejos del cuerpo, del espacio físico,
de los ritos, de la secretividad msima, de la complicidad puesta en escena
por los cuenteros? ¿Cómo involucrarse, cómo interactuar,
¿Cómo hacer que se acepte un reconocimiento y una intertextualización,
cómo dejarse permear?
La percepción del investigador nunca es neutra y la ficción
deviene siempre en búsqueda insistente de sentidos. Pero
aún más: la significación se constituye en varios
grados. Para el narrador y para los receptores del contexto natural es
un valor. Lo que se dice es y la narración restituye lo que
se cuenta. Pero habiendo un receptor ajeno, la narración
transforma su perfomancia (¿no hay, acaso, algo de simulación
en toda encuesta, en toda entrevista? ¿No transitamos los investigadores
un desvío, un atajo?). ¿Cómo reconocer los silencios,
las complicidades, los secretos?
¿Cómo trasmitir el texto vivo (eso que se vive en el texto)?
¿Cómo restituir la memoria comunitaria, como interpelar
al otro a través de sí mismo, cómo superar el enmascaramiento
en la reescritura, como trasladar un texto en otro que no es el primario,
pero que debe su filiación a él?
Surge de todas estas inquietudes la necesidad de construir un texto que
sea leal al otro pero que sea él mismo también. Moverse
entre sistemas epistemológicos y lógicos diferentes.
Flexibilizarse, HIBRIDIZARSE también. Poner en juego una
CIRCULARIDAD deseable: de lo oral a lo lineal a lo escrito.
Así, lo que sigue es la exposición de las observaciones;
exposición que tendrá un orden y una legitimación
comprometida con la voz de ese otro: el cuentero y su experiencia.
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