La narración oral escénica (NOE):
Un género híbrido
El caso de los cuenteros universitarios de Bogotá
Algunas consideraciones teóricas y entrevista con el narrador Jaime
Riascos Villegas
HIBRIDACIÓN/HIBRIDEZ DE LA NOE
Pero si la NOE es potenciación de la palabra oral, también
es escritura, registro, preparación, invención individual,
autoría. Una primera hibridez de la NOE se da por la mezcla de
dos tipos de psicodinámica: las psicodinámicas de la oralidad
y las psicodinámicas textuales.
Es cierto: la NOE convoca y potencia lo propio de la oralidad: participación,
experiencia, vitalidad, comunicación efectiva, imaginación;
pero como dimensionamiento estético, requiere del registro, de
la preparación, de la anticipación, del trabajo previo de
escritorio, de la precisión, de la labor individual, de la técnica,
de la autoconciencia.
Una primera consecuencia es que el cuentero moderno requiere, además
de talento, formación es decir, un proceso gradual de autoconciencia,
de adquisición de un lenguaje y de un metalenguaje; y el lugar
para su formación es el taller. Esto que nos dice Jaime Riascos,
acerca de sus talleres, resulta muy ilustrativo del proceso de autoconciencia
del cuentero:
El taller que yo dirijo está orientado a producir cuenteros.
El cuentero principiante que llega al taller, y que puede venir de la
docencia, de las artes escénicas de la misma escritura, como
yo, o que puede venir simplemente de un deseo de expresión, joven
o viejo, este cuentero se enfrenta básicamente a varios problemas:
no conoce su estilo, no sabe quién es en el escenario, no sabe
cómo la palabra brota por su boca, no cuenta tampoco con un metalenguaje
que le permita reflexionar sobre su arte; de modo que en el taller se
intenta ofrecer una conciencia de estilo, pero para eso se necesita que
nos pongamos de acuerdo con el lenguaje. Durante las primeras sesiones
yo hablo cuarenta minutos y después hacemos ejercicios. En esos
cuarenta minutos iniciales yo hablo: sobre la narración oral, sobre
la oralidad, sobre la historia del movimiento cuentero, y también
hablo técnicamente del cuento oral; técnicamente quiere
decir que uno tiene un trabajo de escritorio previo para montar el acto
y cuenta con una experiencia y unas herramientas para contar el cuento
cuando se está en el escenario; entonces hablamos del manejo de
la voz, del manejo del ritmo, del manejo del final del cuento, del manejo
de las memorias, de cómo quitarse el “cantadito” de la memoria
y lo que se logra con eso es que el alumno adquiere un lenguaje técnico
para hacer la observación, y así es como nos ponemos de
acuerdo: ya sabemos qué es “se te cayó el ritmo”, qué
es “el final del cuento no cierra”, y el alumno adquiere ese lenguaje
para hacer crítica ya sea de sí mismo o de los compañeros.
En ese sentido el taller es valiosísimo. Y lo otro es que el alumno
desde la primera sesión sale y cuenta; así es como se logra
hacer un diagnostico escénico, oral, gestual y también verbal
de sus intervenciones. Y, a partir de las cualidades y defectos que se
le encuentren (aunque no hablamos de defectos, siempre hablamos de problemas),
se diseña una serie de ejercicios personalizados (yo me se unos
cuarenta, cuarenta y cinco ejercicios) para hacer que el alumno encuentre
su propio estilo lo más rápidamente posible.
Encontrar el estilo y contar con un lenguaje para la auto observación
es aquí lo mismo que adquirir conciencia estética, es decir,
autoconciencia; que es un proceso propio de las dinámicas textuales,
no de las dinámicas orales. Verse a sí mismo, contar con
lenguaje de observación y depurar el estilo es esencialmente lo
mismo que hace el escritor cuando revisa la página y la corrige
hasta dar con la expresión precisa. Aquí la observación
y examen de las intervenciones —que hace el coordinador del taller, el
grupo y el mismo tallerista— cumple la misma función del texto
“borrador”; el diagnóstico y los ejercicios personalizados que
buscan la depuración del estilo son los equivalentes de la corrección
de la página que el escritor realiza y el lenguaje técnico
es la referencia formal con la que el escritor emprende la rectificación
de sus escritos.
Pero la hibridación oralidad/escritura es mucho más compleja:
abarca no solamente los aspectos “tecnológicos” de la palabra,
sino otras dimensiones socioculturales. En realidad la NOE actúa
como un eficiente deconstructor de las fronteras entre oralidad y escritura.
Una parte de la entrevista a Jaime Riascos resultó muy reveladora
al respecto:
Estabamos en Venezuela en un festival de narración oral. Había
un debate teórico. Jairo Aníbal Niño estaba en la
mesa redonda y entonces le preguntaron que si él, de estar viendo
tanto cuentero, había tenido problemas en su proceso creativo porque
sabe que este cuento lo va a coger un cuentero y se lo va a cambiar y
Jairo Aníbal dijo: «mire, es tanta la influencia que
tienen sobre mí los cuenteros que he tenido problemas con la pagina
en blanco porque cuando empiezo a escribir el cuento empiezo a imaginar
un narrador oral ideal; entonces lo que quiero es que el narrador entone
así en esta parte, haga la pausa de tal largo en esta otra, pase
la mano por su cara así, muestre la belleza y el adjetivo de esta
manera, y he estado pensando que debería existir una nomenclatura
del gesto para indicar al cuentero, al interprete: vea aquí haga
así, aquí levante la voz, haga pausas largas, muévase
en el escenario, siéntese, póngase de pie». Entonces
en el público, le salió una persona que le dijo, «pero
Jairo Aníbal, eso seria castrar la imaginación del narrador
oral, su posibilidad recreativa y reconstructiva, porque ya lo está
ciñendo a un libreto», y Jairo Aníbal le dijo,
«no señor porque el jazz hizo lo mismo y el jazz es
la música por excelencia que permite la libertad y la improvisación»;
y en ese sentido él tiene razón, porque lo que un cuentero
hace es improvisar muchas cosas a partir de una partitura no idealizada
y que normalmente no está ni siquiera escrita como un texto oral
transcrito, sino como escritura literaria.
Lo cual confirma que las relaciones entre oralidad y escritura, en el
seno de la práctica de la NOE, son muy complejas. Así por
ejemplo, es muy frecuente en los actos de cuentería ver a los cuenteros
posando con fórmulas que intentan expresar espontaneidad, capacidad
de improvisación, etc. Aunque es posible comprender esas situaciones
como parte de una pragmática que se explicaría por el hecho
de que el publico exige cierto grado de naturalidad en la intervención,
esto es lo que opina Riascos al respecto:
Eso de que el cuentero empiece a decir que «yo no sé que
voy a contar, yo quería decir unas cosas», siempre he pensado
que es el recurso del mal conversador: todo el mundo sabe qué va
a contar; pero el mal conversador no sabe cómo romper “la cuarta
pared”, es decir, no sabe cómo promover un ambiente espontáneo
y familiar, y empieza con esas muletillas. Por otro lado lo que sí
es muy cierto es que hay mucha gente que escribe sin pensar en el problema
oral, hace simplemente literatura, sin preocuparse por si luego va a ser
presentado oralmente; la reconversión oral de un texto escrito
originalmente para ser leído, no escuchado, es un problema muy
particular del cuentero que utiliza fuentes literarias, pues la oralidad
obedece a unas reglas completamente diferentes; la oralidad no tiene el
diccionario que tiene la escritura, porque nadie puede volver la pagina
o buscar en el diccionario en escena; el cuentero va sobre el tiempo y
eso es lo que nos diferencia de la escritura; el cuentero es un acto en
vivo y eso ya plantea unas reglas de juego diferentes en la recreación
del cuento. Pero también es cierto que la oralidad y la escritora
se retroalimentan, es tan cierto como saber que los primeros textos escritos
habían sido orales, como saber que los textos orales o la oralidad
escénica, con la llegada de las grandes urbes, desaparecieron momentáneamente
del escenario social y llegaron otros medios que producían una
imagen diferente y la gente se embebió en eso; pero ahora, desde
la escritura, estamos regresando a la oralidad, se esta haciendo el proceso
inverso como en el caso del cuentero que coge el cuento escrito y hace
una versión oral; así como también en lo geográfico:
estamos atrayendo a las ciudades cuenteros campesinos de oralidad primaria
a veces ágrafos, analfabetos y vienen con su oralidad y se presentan
en estas sociedades que se dicen de oralidad secundaria (lo que no es
tan cierto por que los narradores naturales llegan acá y encantan
con una oralidad que es la oralidad de su región y el público
que es un público letrada y que está acostumbrado a que
le digan y entonces el hombre dijo dos puntos exclamación mire
señor tal cosa, se encanta). Ellos (los cuenteros tradicionales)
nos cuentan y nosotros quedamos felices. El proceso se empieza a dar además
porque del cuento escrito que se vierte en una versión oral ya
nadie vuelve a decir, después del cuarto oído, quien es
el autor, y parece entonces que siempre hubiera sido oral y desaparece
el concepto y la dinámica escrita del cuento.
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