Tercera parte: Otras yerbas  

La narración oral escénica (NOE):
Un género híbrido

El caso de los cuenteros universitarios de Bogotá
Algunas consideraciones teóricas y entrevista con el narrador Jaime Riascos Villegas

ALGO DE HISTORIA

El caso particular del desarrollo y auge de  la NOE en Colombia, puede ser ilustrativo de su sensibilidad a ciertas condiciones histórico-culturales. Este recuento que hace Riascos de la manera como se dieron esas condiciones en Colombia, en comparación con el caso cubano, permite confirmar esa observación:

El concepto NOE, acuñado por Garzón, nace como observación del fenómeno cubano que se vino a pique, porque, como se sabe, el gobierno cubano, al comienzo de la revolución y durante los años setenta, empezó a impulsar una política agresiva para  apuntalar la revolución cubana a través de la cultura. En ese momento se propició el revivir al narrador oral. Por entonces la corriente escandinava de observación cultural, sirvió para revalorizar la figura del cuenta cuentos, en la medida en que esa corriente afirmaba que los cambios de la modernidad habían traído como consecuencia pérdidas de identidad. Y así se armó en Europa todo un movimiento intelectual y cultural de rescate de la identidad que entre otras cosas reconoció en la palabra y en los cuenteros un depósito de ese subsuelo tradicional. Y empezaron a capacitar bibliotecarios para contar cuentos a los niños, modelo que fue retomado por cuba y lo empezaron a montar y empezó a funcionar muy bien en las bibliotecas hasta que faltó plata, y como el cuentero solo alcanzó a calar a un nivel superficial, entonces el cuentero desapareció en la isla. Esto unido a que todo el movimiento cuentero cubano fue financiado y subsidiado por el gobierno, ocasionó su desplome. En Colombia, en cambio, la dinámica que no tuvo por parte del gobierno, la obtuvo por el lado del rebusque. Se conjugaron así dos factores económico-culturales: la capacidad verbomotora del colombiano y su gran visión de rebusque. Sólo así es posible explicar el gran auge de la narración urbana en las ciudades colombianas.

 

© Jaime Alejandro Rodríguez
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