Novela y posmodernidad
La narrativa colombiana de fin de siglo
ANTIDISCURSIVIDAD DE LA LITERATURA POSMODERNA
Desenmascarado el problema de la presentación (según el
cual, lo concebido no necesariamente tiene que coincidir con lo expresado),
es posible afirmar que entre la concepción del "material literario"
y su expresión existe una diferencia y que esa diferencia es la
verdadera obra. El material literario sólo actúa como
un "indicador", como una máquina de significar, que el lector asume
para proponer su visión, para completar y abrir de nuevo.
De ahí que los conceptos de doble productividad, conciencia de
catástrofe, auto-referencia y continum, también operan en
una literatura postmodema. En consecuencia, lo que estaría
en juego en la literatura postmodema, es hacer del lector un productor
de texto, es decir, la promoción del lector-creador, el entendimiento
de la escritura como creación de mundo, de vida, argumento y memoria.
Literatura, mundo y vida, llegan a ser así, un mismo acto: la escritura.
El escritor postmodemo es consciente del sentido discursivo del mundo,
de su recorte y del carácter parcial e ideológico (es decir,
ficticio) que le da cualquier discursivización. En general,
esta actitud antidiscursiva, puede seguir dos direcciones: la primera
es la dirección de la ostentación. La literatura se
expone a sí misma como ficción, denunciando el "fraude"
de sí misma, ejerciendo su propio desenmascaramiento. Esa
función de conocimiento sobre el mundo —que tradicionalmente se
le reclama a la ficción— se reemplaza por un acto auto-refiexivo
que busca, dentro de la ficción misma, el sentido de lo que significa
escribir ficción, es decir, por una autoidentificación en
el sentido expresado por Culler para la literatura:
La literatura es un modo de escritura diferenciado por la búsqueda
de su propia identidad: el cuestionamiento de la literatura se convierte
en el marco de lo literario. la novela incluye la parodia de la novela
y la teoría de la novela. La esencia de la novela reside
en no tener esencia, en ser proteica, indefinible, en abarcar aquello
que pudiera situarse fuera de ella (Culler, p. 161.)
Es decir, en la literatura posmoderna, la autoconciencia misma, hace
que la auto-referencia sea, sobretodo, auto-identificación.
En la segunda dirección, la literatura posmodema responde a cierto
impulso que surge de la conciencia de un "todo se puede hacer ahora";
es la dirección del "hurto". Esta dirección se concreta
en la práctica intertextual, que ofrece la posibilidad de recontextualizar
elementos tomados al fragmentar materiales de la cultura en general.
El plagiarismo, la citación, la retorna irónica, serían
operaciones propias de esta dirección, en la que el concepto mismo
de originalidad se disuelve.
El concepto de intertextualidad, que también se ha reelaborado
dentro de un marco de reflexión autoconsciente, sirve aquí
como medio de lo que hemos llamado la operación de ornamento: el
autor actúa como un "bricoleur", no opera con materias primas,
sino con materias ya elaboradas, con fragmentos de obras, con sobras y
trazas, y fabrica su texto a partir de un universo textual ya dado.
La obra se hace múltiple.
En el caso de la novela, el narrador asume el papel de compilador y organizador
(editor) de las materias narrativas al interior del mundo ficticio y no
es un inocente colector de textos preexistentes, sino un activo productor
de discurso intertextual, operando desde un material que altera intencionalmente
para exacerbar las confrontaciones múltiples y para producir un
efecto (tan sólo un efecto) de realidad total.
La ficción del sujeto creador se hace franco hurto. La toma de
citas y extractos, la acumulación, la repetición de imágenes
ya existentes, socavan las nociones de originalidad, autenticidad y presencia.
Surge una nueva superficialidad, opuesta a la pretendida profundidad performativa
de la estética de formas, constituida por elementos difícilmente
relacionables.
En esta dirección, la literatura posmodema parodia la realidad
y revela la inestabilidad del proceso de significación. Por
esto es posible afirmar que, consecuente a su rechazo a una estética
de formas, la literatura posmodema, en sus dos direcciones (la metaficción
y el bricolage), asume una actitud antidiscursiva: porque desenmascara
la discursivización, incluso de la misma literatura, como un artificio
ideológico, y porque relativiza el proceso de la significación
y desenmascara el carácter arbitrario de la relación continua
entre el referente y la cosa en sí, entre mundo y realidad.
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