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Novela y posmodernidad
La narrativa colombiana de fin de siglo
ALGUNOS EJEMPLOS
Eso sucede con la obra de George Perec, para quien la literatura (como
la vida, como el mundo) es un conjunto de piezas sueltas que no obedece
ni necesita las leyes inescrutables del destino o de la historia, sino
las de un manual de montaje. En: La vida: instrucciones de uso,
por ejemplo, Perec propone un inmenso rompecabezas narrativo, compuesto
por noventa y nueve historias que corren paralelas al "dibujo" de una
casa que actúa modelo de constricción y de lectura. Aunque
cada pieza (fragmento) podría leerse autónomamente, siempre
hay propuesta cierta relación, cierta asociación entre las
piezas que promete la reconstrucción de una gran imagen totalizante.
Esta promesa, no obstante, conduce a una conciencia de lo imposible: la
obra de Perec se construye a partir de la conciencia de las partes, pero
no necesariamente conduce al todo, y aunque fuera posible suponer o inventar
la última pieza (el número 99 ya sugiere incompletez), quizás
esta última pieza no coincidirá con el último "hueco"
a "rellenar". Y, así, el lector es sorprendido con la más
íntima de las verdades de esta obra: ni la perfección (totalidad),
ni la verdad son posibles, apenas promesas utópicas y nada más.
Y ante esta nueva "verdad" que propone la obra (según la cual ni
la explicación, ni los objetivos tienen importancia, solo las instrucciones
de uso) sólo le queda al lector una posibilidad: el juego.
Quizás el título de otra obra (la del ecuatoriano Jorge
Enrique Adoum): Entre Marx y una mujer desnuda expresa lo que quieren
este tipo de obras: revolucionar los canones y desnudar la literatura,
ostentarla como un artificio más. En esta obra, la dificultad/facilidad
de acceder a la mujer sirve de alegoría de la creación literaria
misma
Pero además, Entre Marx y una mujer desnuda se expone mediante
el entramado de tres instancias narrativas: la del personaje-autor, que
actúa hacia el interior del texto, donde están los otros
personajes, frutos de su creación, y que se expresa en segunda
persona, constituyéndose en el portavoz del pensamiento crítico;
la del narrador en tercera persona (innominado como el anterior), preocupado
por escribir una novela y con relaciones actanciales al interior del texto;
y finalmente, la de un narrador en primera persona: Galo Gálvez,
que aparece y desaparece para hablarnos de su infancia, su origen ancestral,
su adolescencia, sus amigos, su papel en la política, su vida amorosa
y erótica y para hablarnos también de literatura. La obra
opera como un desnudamiento de la elaboración poética: expone,
entre otras, la técnica del taller literario, maneja una densa
autoconciencia literaria que le permite incluir el discurso crítico
y una teoría de la novela en la novela (una teoría que propone,
como modelo de acceso de texto, el laberinto).
También aquí el tejido superficial de la obra es denso,
complejo, pero una vez transpuesto es posible encontrar, de nuevo, la
fuerza creativa (no sólo el procedimiento) de la novela.
En Morirás Lejos del mejicano José Emilio Pacheco, se encuentra
una actitud similar, sólo que aquí la historia, el contenido
del relato, se diluye en la pura posibilidad, no avanza, no se mueve.
El autor-narrador propone abiertamente el juego (en el sentido no sólo
de jugar, sino de mover) de la estructura tradicional y le adiciona un
elemento: el discurso Histórico. De esta manera se rompe
el marco Historia/Ficción, para abrir un camino de acceso al procedimiento
de lo que deberíamos llamar tradicionalmente una "novela histórica":
El lector cuenta con datos tomados de la Historia, con una situación
hipotética (que a la vez se dispersa en muchas posibilidades) y
con varios desenlances; es decir, cuenta con, los elementos primarios,
con las fuentes en bruto de la creación narrativa. Es su
deber, entonces, armar la historia, el contenido, organizar su propio
"modelo", jugar, performar, crear.
En Azotando a la Doncella (del escritor norteamericano Robert Coover)
también se da este tipo de rompimiento de marcos. Sólo
que la acción de rompimiento se amplia y ahora abarca la relación
ficción/realidad.
La obra opera por repetición y yuxtaposición. Una misma
"escena" es vista en forma múltiple (observada desde distintas
perspectivas espaciales) y simultánea (narrada desde distintos
tiempos). Una y otra vez las miradas sobre un simple evento (una
doncella que asea el cuarto de su amo) se alternan, se concentran, insisten.
La obra no termina, se reanuda eternamente. El argumento se reduce
a lo mínimo en favor del lenguaje, que actúa como el verdadero
creador de la acción y de la novela.
El proceso de escritura está simbolizado por la conflictiva relación
amo-siervo. Aparentemente natural, esta relación es desenmascarada
y se expone como lo que es: una relación discontinua, fragmentada.
Celebración y castigo; concepción y expresión; imaginación
e institucionalización; dudas encarnadas en su relación
artificioso. La escritura (que el lector recibe) es hermosa y dócil
como la doncella, pero en realidad sólo ha sido alcanzada con dolor
y sufrimiento y el lector debe saberlo.
El sueño y la imaginación comienzan a diluir la realidad,
hasta que el lenguaje la absorbe. La novela ¿es un sueño?
¿es la imaginación de los personajes? ¿es el lenguaje
que ha creado la apariencia de sueño, imagen y realidad a la vez?
Como en la escritura, como en el mundo, todo es caos absurdo que requiere
del orden del lenguaje, pero este orden, este cosmos, tiene y mantiene
las huellas del caos: en cualquier momento el orden vuelve a él.
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