Pájaros, bandoleros y sicarios
Para una historia de la violencia en la narrativa colombiana
(Un enfoque desde la Historia de las Mentalidades)
INTRODUCCIÓN
En un trabajo anterior sobre novela colombiana contemporánea,
me preguntaba si podría haber alguna conexión entre el hecho
de que en Colombia no haya existido un movimiento de vanguardia literaria,
tal como se había presentado en otros muchos lugares de Hispanoamérica,
y la debilidad de los gestos posmodernos en la novelística reciente
.
Al querer profundizar en la cuestión, me encontré posteriormente
con la hipótesis propuesta por el filósofo colombiano, Rubén
Jaramillo Vélez , según la cual, nuestro país posee
una peculiaridad idisosincrática que consiste básicamente
en la postergación de una vivencia plena de la modernidad, y que
se reflejaría en actitudes concretas como la intolerancia y sobre
todo la violencia extendidas. Esta hipótesis conduce necesariamente
a enfrentar la posibilidad de rastrear lo que podríamos llamar
una genealogía particular de dicha peculiaridad. Un intento en
este sentido lo realizó el historiador Daniel Pecáut
cuando propuso en su momento que nuestra experiencia no había podido
ser plena porque una serie de bloqueos de tipo cultural y político
habrían hecho que la entrada de la modernidad a nuestro país
se hubiera hecho por "vía negativa", de modo que lo que
habríamos experimentado finalmente habría sido una pseudo
o, mejor, para-modernidad.
Ahora, el fracaso del proyecto moderno en Colombia podía enfocarse
desde dos perspectivas: 1) como fracaso ideológico; o bien, 2)
atendiendo a la observación y examen de ese conjunto de ideas y
creencias que se habría ido conformando como resultado de los vaivenes
y paradojas de nuestro proceso de modernización, hasta constituir
una mentalidad, es decir, una respuesta al mundo distinta, en todo caso
-siguiendo a Vovelle-, de un pensamiento claro o de una elaboración
cultural, que tendería a favorecer los signos de la modernidad
sin asumirla en su esencia.
El trabajo que entonces emprendí favoreció este segundo
enfoque, examinando uno de los aspectos más dolorosos de nuestra
para-modernidad: la violencia. En realidad, lo expuesto aquí es
una apretada síntesis de lo que, a modo de ejercicio, está
escrito en forma más extensa en otro lado: el seguimiento de lo
que podríamos llamar la evolución del personaje protagonista
de la violencia colombiana, en íntima relación con la revisión
de los distintos experimentos de modernización socio-política
del país. Por tratarse de un ejercicio, sólo se trabajaron
tres momentos de nuestra contemporaneidad -que podrían reflejar
tres tipos de violencia-, a través del análisis de los protagonistas
que la encarnan: el "pájaro" (asesino de la llamada "violencia"
de los años cincuenta), el guerrillero (y su versión "rústica":
el bandolero) y el sicario. Para llevar a cabo estos propósitos,
el trabajo se dividió en dos partes: una primera de discusión
de los marcos de referencia y una segunda, el ejercicio mismo de análisis
de los personajes en un corpus seleccionado de narrativa colombiana contemporánea.
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