Pájaros, bandoleros y sicarios
Para una historia de la violencia en la narrativa colombiana
(Un enfoque desde la Historia de las Mentalidades)
EL PROCESO MODERNIZADOR EN COLOMBIA
Hemos utilizado dos planteamientos de Jaramillo Vélez para relacionarlos
con el propósito de nuestro trabajo: uno proviene de su artículo
Tolerancia e Ilustración , en el que el filósofo reflexiona
al rededor del problema de una supuesta "educación para la
intolerancia" que caracterizaría nuestros comportamientos
en Colombia, y cuya causa estaría enraizada con un pasado hispánico
remoto del que habríamos heredado ciertos rasgos. Tras de
hacer un recorrido por ese pasado, Jaramillo llega a la conclusión
de que "el asunto de la intolerancia aparece vinculado al de la religión"
(Jaramillo, 190) y, a su vez, el asunto de la religión aparece
vinculado al de la auto-conservación. Auto-conservación
que, para el caso de la España de Carlos V, se justifica en la
medida en que la estabilización de la nobleza castellana sólo
se podía lograr mediante mecanismos de exclusión y persecución
"religiosa". Auto-conservación que, en el caso americano
(por vía de la educación y de la contra reforma), se habría
heredado como prejuicio, es decir, como abreviación del pensamiento;
prejuicio básicamente contra la modernidad, y que pervive, tras
500 años de cultura autoritaria y dogmática, hasta convertirse
en mecanismo de agresión y justificación de la violencia.
El otro planteamiento de Jaramillo (proveniente de su artículo:
Postergación de la experiencia de modernidad en Colombia), útil
a nuestros propósitos, consiste en mostrar el particular comportamiento
de, nuestros procesos de modernización, los cuales se vieron afectados,
desde un comienzo, por dos condiciones: una es la que Jaramillo llama
ingenuidad o infantilismo en la puesta en escena de factores de modernización.
La segunda, el peso que significaba, para el país, la facticidad
del carácter de la colonización española.
A un primer momento, caracterizado por el intento a ultranza de abandonar
el influjo del pasado colonial español, con su dos contrapesos:
la ingenuidad y la facticidad de ese pasado, sobreviene uno segundo en
el que se combina un retorno a la tradición hispánica y
la iniciación de un proceso de consolidación nacional: el
llamado periodo de la regeneración, en el que, a nombre del orden,
se fortaleció la represión y se entregó a la
iglesia católica los aparatos ideológicos para su manipulación,
todo lo cual constituyó en realidad una gran reacción contra
los "errores" de los tiempos modernos. Aunque el clero sólo
cumplió un papel subalterno en relación con un esquema productivo
que el poder dominante impuso (los valores "hacendarios"), sin
proponérselo intencionalmente, se convierte en agente propagador
de las racionalizaciones que legitimaban ese poder, "condicionando
cada uno de los actos colectivos e individuales y dando un perfil característico
al grupo cultural entero" (Jaramillo, 45).
Pero lo más interesante de este periodo es la contradicción
que se desarrolla en el sentido de que, mientras el proceso de consolidación
nacional exige el cambio acelerado de la estructura socioeconómica
del país, en el campo ideológico se produce un retorno,
y de ese modo, las estructuras de poder no cambian simultáneamente,
"ni las imágenes míticas del consenso colectivo, creando
un caso excepcional en la historia de la América latina" (Jaramillo,
45): ese sincretismo colombiano sui géneris, esta modernización
en contra de la modernidad, que permitiría en los primeros decenios
del siglo XX avanzar en el terreno infraestructural sin variar, substancialmente
la concepción tradicionalista o la visión de mundo y la
ideología (46).
La consecuencia más dramática es que la "modernidad"
como ideología se inserta en un esquema utilitarista, pero no se
integra mentalmente. Esta ausencia de asimilación efectiva y real
de la modernidad como ideología y el avance técnico imparable,
conduce, en un tercer momento: nuestra contemporaneidad, a enfrentar sin
preparación los embates de una anomia social. "La carencia
de un ethos secular, afirma Jaramillo, de una ética ciudadana,
constituye nuestro mayor problema" (Jaramillo, 49). Y este problema
parece estar en el núcleo de comportamientos anormales, peligrosamente
diseminados en Colombia.
Con relación a ese "mimetismo" modernizador (que sólo
copia signos pero no asimila esencias), Daniel Pecáut, afirma en
su artículo: Modernidad, modernización y cultura, que ésta
actitud corresponde a lo que podría denominarse una pseudo o para-modernidad,
es decir, a un proceso de modernización superficial, cuya explicación
estaría en una serie de bloqueos culturales y políticos
que habrían forzado a una entrada por vía negativa de la
modernidad en Colombia.
Entre los obstáculos culturales que destaca Pecáut, están:
el poder de bloqueo de la iglesia católica, que sobre todo en lo
ideológico ha constituido siempre una resistencia al proceso modernizador
y a todo el espíritu de la modernidad. Otros factores antimodernizadores
serían: el arraigado provincialismo de nuestras élites,
la débil apertura hacia el mundo exterior, la vinculación
de los intelectuales a los partidos tradicionales y el peso de los valores
rurales en la vida colombiana. Entre los obstáculos políticos
Pecáut menciona: la ausencia de identidad de clases medias y populares,
la precariedad del estado, la fragmentación del poder, la inestabilidad
de la vida política.
Quizás todo este panorama corresponda a lo que ya García
Márquez reseñaba en su célebre proclama Por un país
al alcance de los niños:
Esta encrucijada de destinos ha forjado una patria densa e indescifrable
donde lo inverosímil es la única medida de la realidad.
Nuestra insignia es la desmesura. En todo: en lo bueno y en lo malo, en
el amor y en el odio (6)... Pues somos dos países a la vez: uno
en el papel y otro en la realidad... En cada uno de nosotros cohabitan
de la manera más arbitraria la injusticia y la impunidad.... No
porque unos seamos malos y otros buenos, sino por que todos participamos
de ambos extremos. Llegado el caso -y Dios nos libre- todos somos capaces
de todo (García Márquez, 7).
Y finalmente advierte García Márquez algo que ha servido
para guiar nuestros análisis:
Tal vez una reflexión más profunda nos permita establecer
hasta qué punto este modo de ser nos viene de que seguimos siendo
en esencia la misma sociedad excluyente, formalista y ensimismada de la
Colonia... tal vez estemos pervertidos por un sistema que nos incita a
vivir como ricos mientras el cuarenta por ciento de la población
malvive en la miseria... Conscientes de que ningún gobierno será
capaz de complacer esta ansiedad, hemos terminado por ser incrédulos,
abstencionistas e ingobernables, y de un individualismo solitario por
el que cada uno de nosotros piensa que sólo depende de sí
mismo (García Márquez, 7).
Bajo el marco de la modernización concretamos un amplio y útil
espectro de nuestra idiosincrasia: prejuicios culturales e ideológicos
que nos confunden, auto-conservación a ultranza que nos conduce
fácilmente a la intolerancia, la paranoia y la violencia "justificada".
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