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La
novela está más viva que nunca
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Reseña del artículo de Carlos Fuentes "¿Ha muerto la novela?" En este artículo, Carlos Fuentes debate algunos de los argumentos que aparentemente favorecen la idea de que existe un agotamiento del género novela, y reivindica la funcionalidad que aún mantiene este género narrativo en nuestros tiempos. Según Fuentes, la idea de que la novela ya no aporta novedades tuvo sentido como una reacción a la potencia narrativa de otros medios como el cine, la televisión y el periodismo. Sin embargo, esta reacción produjo un efecto contrario: la constancia de que la novela podía seguir ofreciendo su función narrativa al lado de estos medios y de otros como la informática que anunciaban el fin de la era de Gutemberg. La novela juega un papel importante en cuanto información significativa en medio de la abundancia de información que facilitan los nuevos medios, los cuales tienen características que la novela fácilmente supera. Por eso, Fuentes cambia la pregunta sobre una supuesta muerte de la novela y la plantea de la siguiente forma: ¿qué puede decir la novela que no puede decirse de ninguna manera? Y al tratar de responder a esta pregunta, nos hace una descripción precisa y a la vez iluminadora de lo que es la novela. Lo primero que Fuentes afirma es que la novela ofrece tiempo para la imaginación, es decir que, al contrario de los géneros electrónicos, favorece el viaje interior. Lo segundo, es que la novela se ha visto envuelta en medio de varias dicotomías que a la postre han resultado simplistas e innecesarias. Entre ellas, la dicotomía entre realismo y fantasía, entre nacionalismo y cosmopolitismo y entre compromiso y formalismo. El siglo XX también ha sido el escenario de exigencias radicales para la novela. En algún momento, se le exigió someterse a una ideología política, en algún otro se le obligó a restringirse a la pura función de entretenimiento; también se le pidió que fuera la expresión del nihilismo. Pero Fuentes considera que lo importante para la novela no son estas dicotomías y exigencias engañosas sino su capacidad par añadirle algo significativo a la realidad, es decir, la novela no solo es expresión de la realidad sino que es capaz de incorporar nuevos elementos a la realidad y es capaz también de vehicular un sentimiento colectivo. La novela, insiste Fuentes, ni muestra ni demuestra al mundo, sino que añade algo al mundo. La novela se ofrece como hecho perpetuamente potencial, como posibilidad, pero también como inminencia. Desde el punto de vista del oficio del escritor y de su compromiso, Fuentes afirma que la novela enfoca sus funciones estéticas y sociales hacia el descubrimiento de lo invisible, de lo no-dicho, de lo olvidado, de lo marginado, de lo perseguido, y para ello hace uso de la imaginación y de lenguajes múltiples. El lenguaje como substrato de la novela es uno de los aspectos en que más insiste Carlos Fuentes. En el caso de la novela Latinoamericana, una de sus funciones más importantes es la de expandir los lenguajes, liberándolos de la costumbre, el olvido o el silencio hasta transformarlos en metáforas dinámicas e inclusivas. En relación con la vinculación de novela y modernidad, Fuentes afirma que la novela es el complemento estético de la modernidad en cuanto ésta es incapaz de dar cuenta plena de su proyecto universalista de felicidad y, desde el punto de vista político ha conducido no sin frecuencia al autoritarismo. El compromiso mayor de la novela, como realidad imaginativa, como narración de naciones, sociedades y culturas, como compromiso de invención verbal, como propuesta de historias alternas, es, en primer lugar, el uso amplificado de ciertos recursos técnicos y lingüísticos; en segundo lugar, con una voluntad de apertura; y finalmente con la relación entre creación y tradición. La novela es la arena donde todos pueden darse cita, no solo como encuentro de personajes, sino como encuentro de lenguajes. La novela constituye un cruce de caminos entre el destino individual y el destino histórico y por eso está abierta al futuro. La tradición y el pasado, afirma Fuentes, solo se hacen reales cuando son tocados por la imaginación poética del presente. La novela sigue teniendo receptividad porque sigue planteando asuntos significativos. La novela es una búsqueda verbal de lo que espera ser escrito y no solo le atañe una realidad visible y cuantificable sino, sobre todo, una realidad invisible, marginada y muchas veces intolerable y engañosa. La novela, según Fuentes es el vehículo para decir lo que necesita ser dicho mediante un concepto amplio, conflictivo y generoso de la verbalidad narrativa; no solo lo que es real o lo que es políticamente correcto sino lo que es universalmente posible. Ha habido tiempo sin novelas, pero nunca ha habido una novela sin tiempo, nos dice Fuentes. Y el tiempo contemporáneo es el tiempo del otro. La novela tiene que dar cuenta de ese otro. La búsqueda de la novela es la búsqueda de la segunda historia, del otro lenguaje del conocimiento, mediante la imaginación; y en últimas es un acto también egoísta, pero que nos enseña a conversar con nosotros mismos. Temas relacionados |