El dilema: alma vs. tecnología

En su libro: Elegía a Gutenberg, Sven Birkerts (274) afirma: "me parece evidente que el proceso (de paso de una cultura de la imprenta a una cultura electrónica) ya se ha iniciado y es probable que no se detenga". Más adelante (276) dice: "me siento como si un tren hubiera pasado a toda velocidad por la estación dejándome en ella viendo el revoloteo de las envolturas de papel de los caramelos... aceptar el microship y toda su magia supondría separarme de gran parte de  mis costumbres y actitudes, aquéllas que me definen... tendría que despedirme de determinadas formas de ver el mundo, ligadas a un conjunto de suposiciones sobre la historia y la distancia, sobre la dificultad y la soledad y el lento proceso de realización del yo, todo lo cual choca frontalmente con las premisas de las instantaneidad, la interacción, el estímulo sensorial y la comodidad que hacen del mundo de Wired tan atractivo para tantos... pienso en términos de enfrentamiento, lucha o guerra; pero se trata en gran medida de una guerra que se libra en mi interior..."

Birkerts es un autor que no duda en calificar nuestro tiempo como el de un nuevo "pacto fáustico", en el que el demonio es la tecnología; imagen que contrasta con la de otro autor: Eduard Barret, quien en cambio no duda en afirmar: "somos (los que le apostamos a la utopía tecnológica) ángeles de la historia. Andamos invisibles a través de galerías de pinturas mudas. Leemos las mentes de los otros en el Metro... esperamos para hablar... El computador es un ángel de la historia, lo textualiza todo, una corriente de bips colapsa el espacio y el tiempo...cada contextualización implica una narrativa, una historia... el computador es el lenguaje: encarna y modula nuestro pensamiento, a través suyo, hablamos con nosotros mismos, con los otros, pensamiento y lenguaje en un entorno virtual persiguen una síntesis mayor, la representación de una idea en el contexto de su verdad..."

Pesimismo humanista y entusiasmo tecnológico, ¿no pasamos nosotros cada día, alternadamente, por esos dos estados, por la frontera borrosa de esta lucha? ¿No nos enfrentamos a diario con los añoradores de lo viejo? Pero también, ¿no olemos nosotros mismos un poco a muerto? ¿No ha llegado la hora de hacer un balance?

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