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Escrituras de la resistencia
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Ballesteros asegura que el discurso posestructuralista francés es un tipo de discurso posmoderno "inauténtico", a pesar de su intención de ruptura, pues mantiene un vínculo estrecho con el modernismo y no llega a constituir un verdadero cambio de paradigma. Según Ballesteros, sus tres conceptos fundamentales: texto, inconsciente (o máscara) y simulacro, no operan como verdaderas sustituciones, sino apenas como disoluciones de conceptos modernistas . Por esta razón, Ballesteros califica como decadente esta escuela e inventa el término tardomodernidad para definir ese tipo de actitudes y pensamientos que (como el posestructuralismo) no logran romper el lazo con la modernidad, y restringe el uso del término posmodernidad a un tipo de pensamiento "alternativo" que es capaz de dar respuesta (resistir) a los retos de la sociedad actual. Siguiendo a Andreas Huyssen, asigna al término "posmodernismo de la resistencia" una acepción genuina. Y bajo este término incluye el pensamiento de la no violencia (capaz de asumir la sinceridad y el respeto de la realidad), el de la epistemología ecuménica (capaz de asumir la diferencia y la complementariedad), el neofeminista (capaz de concebir y actuar en el equilibrio) y el ecológico (como pensamiento que es capaz de asumir un actuar local), como las alternativas verdaderamente capaces de alcanzar el nivel de sustitución paradigmática que se requiere en una posmodernidad, entendida más como superación de la hegemonía de la modernización, que como un periodo histórico posterior a la modernidad. Vattimo, en cambio, define al hombre posmoderno como ese hombre incapaz de ofrecer resistencia a las presiones y a los condicionamientos sociales, es decir, incapaz de criticar y/o llevar a cabo reivindicaciones. Pero las resistencias se entienden, en este caso, como obstáculo o bloqueo de tipo psíquico (prejuicios) a la integración y a la homologación social que son a su vez huellas de integraciones y homologaciones más antiguas, no menos heterónomas y no menos libres. Para Vattimo, esto no es necesariamente un signo negativo: el abandono de la crítica responde ontológicamente a un debilitamiento del ser, es decir, a un debilitamiento del principio de realidad, que se manifiesta en la sociedad de la comunicación extendida y de los consumos masivos como una generalización de la "fabulación" o el simulacro, y aunque tal debilitamiento podría "sentirse" como una pérdida o como una desnaturalización, es posible encontrarle una perspectiva emancipadora de realización. ¿No es acaso, se pregunta Vattimo, la resistencia que ha opuesto la realidad a los proyectos del hombre, el mayor de los impedimentos de su emancipación? ¿No es la "fabulación", en el mundo de la posmodernidad (en esa sociedad en que lo real pierde peso y adopta rasgos que lo acercan a lo fantástico y a una "vaguedad de lo poético"), la condición más favorable para la liberación? ¿No es un camino válido, entonces, llevar hasta las últimas consecuencias esa fabulación que, apoyada en el consumo masivo y en la sobre información de los mass media, puede conducirnos a esa especie de nihilismo activo que significaría aligeramiento (levedad), atención a la proximidad y quizás también una relación más amigable con la existencia? Así, comprendida como oportunidad-necesidad de realización de la resistencia o como espacio para la liberación, a la posmodernidad se le augura, en ambos casos, una esperanza "feliz", un tiempo, una posibilidad de liberar al hombre de esa hegemonía de la modernidad (entendida, en un caso como obstinada permanencia de un sistema social, y, en el otro, como persistencia del principio de realidad), que podría equipararse también a la esperanza por una sociedad más libre y democrática, implícita en el discurso promocional del hipertexto. Temas relacionados |