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Hipertexto y fragmentación
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Calabrese da cuenta de un fenómeno cultural más bien generalizado, y de sus consecuencias “estéticas”: la puesta en tela de juicio del concepto de totalidad. El autor parte de un dato: muchos artistas contemporáneos construyen hoy obras-detalle u obras-fragmento, es decir, obras que, a su vez, manifiestan la deconstrucción de la categoría parte/todo a través de la puesta en escena de una nueva categoría: la parte entendida como detalle o como fragmento. Así que, observar los criterios de pertinencia por los cuales se legitima este comportamiento puede ayudar a comprender el gusto de época. El principal criterio se refiere al proceder mismo de divisibilidad de una obra. Según se proceda por corte o por ruptura, se tendrán dos tipos de estética: una, conformada por obras que se concentran en la elaboración de las partes y la emergencia del detalle, y que Calabrese llama “práctica del asesino”, en cuanto son obras que exigen una lectura por reconstitución; la otra, la constituida por obras que proceden por fragmentación, las denomina Calabrese “práctica del detective”, pues la lectura que exige esta manera de proceder es la reconstrucción. Pero la inversión de valores no sólo afecta la fuente, sino también la recepción; de modo que, frente a las dos estéticas ordenadas por la modernidad (estéticas de la totalidad): la de lo singular o lo excepcional (la vanguardia) y la de lo normal (lo clásico), surgen, por ruptura con esa prescripción del todo, cuatro poéticas: poética de la producción de detalles (ejemplo: cámara lenta, tomas de cerca, minimalismo); poética de producción de fragmentos (collage, descripción sin unidad, citas); poética de recepción de detalles; y, finalmente, poética de recepción de fragmentos. En general, lo que puede adelantarse como generalización es que la tendencia del detalle es a un gusto por la autonomía de la parte, mientras la tendencia del fragmento es a un gusto por la ruptura o proliferación de las partes. En cualquier caso, el criterio de totalidad deja de ser pertinente para la construcción o para la fruición de la obra. La estética del fragmento implica un escurrirse, eludiendo el centro y responde a una expresión de lo caótico, y a la necesidad de alejar el monstruo de la totalidad, de ahí que la escritura fragmentaria sea proclive a los aforismos, a los pensamientos sueltos, a los no-libros. El sentido poético se reencuentra por vía del alejamiento de lo sistemático y de lo regular. La estética de recepción del detalle se caracteriza por ser una estética de la fidelidad, del gusto por lo perfecto de la representación. Mientras que la estética de recepción del fragmento (un ejemplo es la “pulsión del control de mando” o zapping) se caracteriza por un gusto por la ruptura de la continuidad, a partir, por lo general, de productos regulares y continuos. Calabrese propone la siguiente apreciación: En conclusión, podemos observar entonces que detalle y fragmento, aun tan diversos entre ellos, acaban por participar del mismo espíritu del tiempo, la perdida de la totalidad... Esta es también una posible explicación (entre muchas) de la decadencia de los grandes sistemas ideológicos. No sólo se trata de una decadencia de modelos frente a la modernidad (o posmodernidad). El hecho es que el detalle de los sistemas o su fragmentación se hacen autónomos, con valorizaciones propias y hacen literalmente “perder de vista” los grandes cuadros de referencia general (105). De nuevo es posible extraer dos tipos de conclusión: uno para el hipertexto como objeto cultural y otro para la discusión sobre su pertinencia. Por lo examinado en las propuestas de reconfiguración de Landow, el hipertexto puede ser inscrito en esta valoración positiva, propia de la asunción de una perdida de la totalidad. En cuanto se plantea como objeto abierto e inacabado, y como práctica participativa, el hipertexto puede caracterizarse a la vez como objeto fabricado por fragmentación (bloques potencialmente enlazados) y como discurso para ser gozado en su fragmentación, la cual puede extenderse a límites extremos por la intervención libre del lector. En cuanto conflicto de sistemas axiológicos, que participan a su vez de sistemas ideológicos, puede afirmarse que los discursos que circulan en favor de la promoción del hipertexto están del lado de la valoración positiva de una perdida de totalidad, es decir de una ideología del fragmento (o del detalle); mientras que los discursos que rechazan la inclusión del hipertexto estarían del lado de una exigencia de totalidad como condición ideológica y estética. Temas relacionados |