- Landow
asegura que los nexos, la intervención por parte del lector y
la variabilidad del hipertexto afectan los modos de argumentación,
generan aleatoriedad, relativizan el control del escritor y fragmentan
radicalmente el texto. El texto, al hacerse alterable, pierde unidad
y entonces se hace natural el ejercicio de la ínter y de la extra-textualidad.
- La fragmentación del texto, recuerda Landow, se lleva
a cabo por dos vías: por fragmentación interna o por su
inclusión en una red de textos; todo lo cual destruye la noción
de unicidad del texto: el texto se convierte en un campo disperso de
variantes y no en una entidad falsamente unitaria: se abre.
- Ahora, la retórica lineal sigue funcionando para la lexias
(bloques), pero no para la estructuración general. Una primera
consecuencia de esta multisecuencialidad es la deconstrucción
del principio y del final. Si la retórica
no es lineal, tampoco puede haber principio o final. Una segunda
consecuencia es la relativización de la categoría de la
totalidad: el todo se decide, no se impone. Acabar sólo significa,
en hipertexto, estar dispuesto al cambio. La materia hipertextual es
de por sí abierta.
- El hipertexto, al permitir conectar bloques de textos, al permitir
anotaciones a un texto individual, y al facilitar la conexión
con otros textos, incluso contradictorios, destruye la noción
de univocidad; el texto pertenece ahora a una red, a un inmenso dialogo.
- Ahora, la linealidad implica jerarquización, categorización.
En el texto tradicional existen categorías: lo principal y lo
marginal. El hipertexto nivela esa categorización: lo marginal
resulta tan importante como lo central. Lo central deviene pasajero.
- El hipertexto hace que lo marginal tenga mucho que ofrecer. En el
hipertexto, tanto lo central, como lo bello y lo relevante, dependen
de quien lo contempla.
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