El hipertexto frente al límite

Calabrese parte de la distinción entre sistemas abiertos y sistemas cerrados. Estos últimos se caracterizan por dos condiciones: poseen centro y poseen perímetro. A su vez, los sistemas cerrados  se pueden clasificar en sistemas centrados y sistemas acentrados. Los primeros se organizan por simetría en relación con el centro y configuran estabilidad y orden, pero también anquilosamiento. Los segundos poseen una organización asimétrica que, con el tiempo, genera fuerzas expansivas, las cuales pueden llegar a poner en crisis el conjunto de puntos comunes entre lo interno y lo externo.

Límite y exceso sólo pueden ser percibidos, desde sistemas cerrados, como deseos u operaciones de apertura: en los sistemas abiertos no puede haber, ni tarea de límite ni de exceso. Esto es importante, porque  las crisis institucionales sólo pueden ser concebidas entonces como crisis de los sistemas cerrados que detectan en su interior este tipo de trabajos. Así, el planteamiento de una presencia de conflictos en la institución literaria (debido a la aparición del hipertexto en sus discusiones y prácticas), corresponde a una situación análoga, que, por lo tanto, sólo puede ser entendida como conciencia de trabajos en el límite o por exceso, por parte de elementos endógenos. El límite es la tarea de llevar a sus extremas consecuencias la elasticidad del perímetro sin destruirlo.

El exceso es la ruptura del contorno. Según Calabrese, la época neobarroca es más afín al placer o a la necesidad de ensayar a romper las normas perimetrales. Este placer (o esta necesidad) se comprende mejor desde dos actitudes posibles: tender al límite (sin destruir las reglas del todo) o  superar el umbral.

Calabrese trae a cuento dos ejemplos para ilustrar algunas operaciones de superación del umbral. Una es la manipulación de la “cámara lenta” y la “cámara rápida”, para crear ciertos efectos  en el cine, la televisión o el vídeo. Otra es el llamado “zapping” u operación del control a distancia de los televisores que permite al telespectador fragmentar los discursos hasta límites insospechados. Estas posibilidades de superación de los umbrales del tiempo, promueven una visión de mundo distinta: todo se coloca en proximidad y continuidad, se cambian los connotados de certeza, es decir, se ponen en tela de juicio ciertas estabilidades consideradas naturales.

Existe otra actitud posible: la excentricidad, que implica  desestabilización, en la medida en que es superación del confín. En las épocas barrocas, dice Calabrese, se produce un fenómeno endógeno: en el interior mismo de los sistemas se producen fuerzas centrifugas que se colocan fuera de los confines del sistema. Y caracteriza tres excesos barrocos: un exceso representado como contenido, un exceso como estructura de representación y un exceso como fruición de una representación. Los excesos neobarrocos, tienen que ver tanto con el contenido, como con la forma y las estructuras discursivas. Estos excesos suelen presentarse como desplazamiento de las fronteras, ya sea porque no se rompen totalmente, ya porque el sistema se hace más elástico o porque vuelve a absorber el exceso.

Así, lo barroco se caracteriza por dinámicas como el trabajo en limite o el trabajo por excesos, a diferencia de lo clásico que trabaja bloqueando confines o centralizando. De otro lado, el gusto neobarroco (a diferencia de las vanguardias) usa el límite haciéndolo parecer exceso para hacer aceptable la revolución sólo del contenido, o para hacer indistinguible una operación en el límite o por exceso.

Con esta caracterización de las operaciones neobarrocas del límite y el exceso, es posible concluir varias cosas en torno a la batalla por el signo quen plantea la discusión sobre hipertexto. Una es que el conflicto que puede causar la discusión sobre la pertinencia del hipertexto se puede asociar a las crisis de un sistema cerrado y a la aparición de ciertas fuerzas endógenas (en esta caso las nuevas tecnologías), de modo que, desde el mismo sistema, las posiciones favorables a una valoración positiva del hipertexto son percibidas como trabajo de límite o como excentricidad. Entretanto, ese trabajo podría asimilarse a un trabajo neobarroco de desestabilización, que, a su vez respondería a una tendencia de época.

De otro lado, el hipertexto mismo podría considerarse como sistema abierto, en tanto que la literatura tradicional actuaría, desde esta perspectiva, como un sistema centrado. Los casi hipertextos que menciona Landow (la tradición no lineal en narrativa, por ejemplo) podrían asimilarse a un sistema a-centrado y a un trabajo de límite. Las mismas propuestas de Landow podrían apreciarse como un trabajo de limite, que busca romper los umbrales y apreciar las nuevas visiones de mundo, pero que permanece al interior, en el borde de la elasticidad del perímetro institucional, para hacer percibible como viables las reconfiguraciones canónicas que exige.

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