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Caos e hipertexto
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Calabrese expone la manera como el desorden y el caos se revalorizan en nuestra cultura contemporánea y cómo la producción de objetos que asumen el nuevo valor sigue características y procedimientos barrocos. Comienza recordando que en la cultura occidental siempre se han contrapuesto dos series de nociones que, sin embargo, compiten por el mismo problema: describir y explicar tanto fenómenos ya ocurridos (causas) o por suceder (consecuencias). De un lado están las nociones de orden, regla, causa, cosmos, finitud, etc. Del otro, desorden, irregularidad, azar, caos, indefinido, etc. Unas, se han utilizado para dar cuenta del origen y la previsión de los fenómenos (orden) y otras para justificar lo imprevisible o lo intangible (desorden). Ahora, la tendencia en ciencia y en cultura ha sido la de “alejar” el desorden, ya sea por la manera como se la define o porque no se le da una funcionalidad clara. Pero en los últimos años se ha abierto paso la idea de que no todos los fenómenos siguen necesariamente un orden. Existen fenómenos que requieren de matemáticas o geometrías ad hoc, y esto porque ellos tienden a una máxima complejidad que les da una dinámica distinta. Por eso, los fenómenos inefables o indecidibles (como los estéticos) se han empezado a observar desde esta perspectiva, y entonces la idea de una revaloración del desorden se extiende desde el ámbito de los fenómenos naturales a los culturales: de un lado, se derivan consecuencias estéticas, tanto para la producción como para la recepción de objetos culturales. De otro, concepciones protagonistas de la escena cultural contemporánea como el pensamiento débil o el deconstruccionismo encuentran un espacio de convergencia muy útil a sus propósitos. Un ejemplo interesante de esta complejidad revalorizada es lo que Calabrese llama “la belleza de los fractales”. Fenómenos naturales como las formas de las costas, que antes se consideraban aleatorios o caóticos por su comportamiento extremadamente irregular o accidentado, han podido describirse con exactitud gracias a esas geometrías locales que redefinen instrumentos como las dimensiones enteras que se utilizan para objetos más regulares. El hecho de que los objetos fractales puedan ser ahora descritos con reglas precisas (son objetos casuales, pero graduales y teragónicos), legitima en la cultura la producción de objetos “desordenados”, en la medida en que se asimilen al nuevo modelo. Es el caso de la producción de “caleidoscopios” tecnológicos, producidos por la intersección de las artes plásticas y las nuevas tecnologías computacionales, a los que nos han acostumbrado ya las instalaciones artísticas contemporáneas. Esta legitimación de lo casual y “monstruoso” por vía de lo fractal puede extenderse inmediatamente a otros ámbitos culturales y estéticos. Uno de especial importancia para nuestro asunto del hipertexto, es lo que el semiólogo italiano llama: la recepción accidentada. Ya no sólo se trata de la producción de objetos artísticos de dimensión fractal, sino del deseo y búsqueda de estas dimensiones por parte del espectador, que se hace así un consumidor productivo. Es, de nuevo, el caso del zapping, por medio del cual el telespectador fragmenta el discurso televisivo y lo vuelve irregular, pero dotado de esa consistencia " fractal", mediante la cual obtiene su fruición. Es decir, el espectador (legitimado por el espíritu de los tiempos que ya no impone el orden, la homogeneidad como regla, sino que le da paso a lo irregular y monstruoso como valor estético) busca generar su placer a partir de objetos cerrados y ordenados, a los que fragmenta para construir su propio palimpsesto individual: Una recepción accidentada de este tipo, que llega a ser un collage de fragmentos, pude transformarse también en un comportamiento estético, que dota al micropalimpsesto tanto de nuevos significados como de nuevos valores (Calabrese, 145). Lo que así llama Calabrese “comunicación intermitente”, genera entonces un nuevo orden, una especie de “mutación perceptiva” que exige entonces nuevas destrezas y velocidades, que exige en ultimas superar la percepción clásica por un crecimiento de la capacidad gestáltica. Esta capacidad gestáltica es la que posiblemente, en el ámbito de la lectura hipertextual, estaría configurándose como competencia del lector de hipertextos, quien, a su vez, dada su libertad de trayecto y la legitimación y práctica de sus intervenciones, está exigiendo del nuevo soporte tecnológico, diseños y estructuras lo suficientemente flexibles como para promover esa fruición en lo inestable e irregular. Temas relacionados |