Poiesis, aestesis y catarsis: una nueva convergencia

La oportunidad que ofrecen  los entornos digitales para una nueva experiencia estética está basada principalmente en la clara posibilidad,  por parte del lector, de realizar una auténtica co-creación de la obra. Hablar de co-creación, es aludir a uno de los descubrimientos más importantes de la teoría de la recepción: la idea de que la obra (abierta) está en realidad definida como un espacio de encuentro entre autor, texto y lector. O, dicho de otro modo, como el necesario entrecruzamiento simultáneo de los procesos de producción (poiesis), recepción (aestesis) y comunicación (catarsis) de la experiencia estética.

Siguiendo a Jauss en su Experiencia estética y hermenéutica literaria (93-85), es posible comprender el hipermedia como la culminación de un proceso histórico de la experiencia estética en occidente que habría promovido por lo menos tres situaciones:

  1. El paso que, en la época moderna, da la poiesis (el trabajo del artista), desde un énfasis en la promoción de una contemplación pasiva, propia de la obra mimética, a la promoción de una participación activa del espectador y del lector, propia de una obra autónoma (que deconstruye la frontera realidad/ficción) y del objeto ambiguo, que demanda del lector una postura teórica y estética, necesaria para completar el sentido de la obra.
  2. El paso que, desde la aestesis (la recepción de la obra) se da en la actitud del espectador (lector) frente a la obra, a la que se exige una dilución performativa, esto es, una estructura más abierta y proclive a la participación. Este paso se explicaría por una especie de "duda" sobre la capacidad del artista, sobre su autoridad, que explicaría la demanda de participación y de co-creación a la que tendría derecho el espectador-receptor.
  3. El paso de una catarsis basada en la ejemplariedad, esto es, la obtención de una "lección" o un mensaje moral a través de la propuesta de la obra, a una catarsis basada en la promoción de la libertad y la autonomía.

Al respecto de este último punto, Landow nos recuerda que, frente a la relación: moralidad/narrativa, se requiere tener en cuenta que la afirmación según la cual la moralidad sería inherente a la coherencia y a la unidad, es básicamente una moralidad "ideológica" (promoción de la idea de que narrar = moralizar la realidad = dotar a los hechos de coherencia, integridad, plenitud y terminación). El hipermedia no promueve tal integridad (la visión de conjunto, coherente). Pero, eso no significa que rechaza la moralidad, sino que configura otra, basada  en una oferta de libertad para el lector. Esa sería, precisamente la moral del texto electrónico: el ofrecimiento de una conciencia y de una practica de la libertad y de la creatividad. El lema sería: no hay historias, sino lecturas. Es decir, no hay performatividad, sino libertad.

Otra forma de comprender esta convergencia es afirmando que el hipermedia narrativo es ese tipo de relato que ofrece hoy la posibilidad más completa de realizar en forma integral y explícita, los tres quehaceres básicos de la narración: El hacer saber (una historia), el hacer hacer (la historia) y el hacer ser (en libertad).

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