Psicodinámicas de la hipertextualidad

Quien "prepara" un hipertexto lo hace de una manera muy distinta a quien escribe un texto. De antemano se sabe que el resultado es apenas una propuesta, el comienzo de una cadena de modificaciones, cuya "forma" final no es posible prever. Quien prepara un hipertexto sabe que  no puede diseñarlo de manera que su recepción se haga bajo los parámetros de la homogeneidad o la totalidad (propios de la escritura de textos). Es, por eso, "apenas" un diseñador de estructuras y de "reacciones en cadena". Quien "recibe" un hipertexto actúa sin la performatividad del autor. Sabe  que el texto es apenas un esbozo (siempre un esbozo), frente al cual debe reaccionar, dejando que las resonancias que le produzca su horizonte de experiencias entre en dinámica. Es lo que él pueda agregar a la cadena lo que le dará valor a su "lectura", pero sabe también que sus enlaces y sus lexias serán ampliadas y "mejoradas", por un nuevo "jugador". Estas condiciones, si bien se alejan de las pragmáticas del saber científico y se acercan a las del saber narrativo (Lyotard), generan una distinción radical: las fronteras entre un destinador (dador privilegiado de saberes o de informaciones) y un destinatario se diluyen.

En un hipertexto de ficción, tanto quien prepara como quien recibe la propuesta, fuerza la herramienta (el hipertexto) a una dimensión estética, es decir a la posibilidad de que las reacciones en cadena del hipertexto también se dinamicen desde un "impacto" o un "enganche"  al sensorium del otro.

Ahora, si estas psicodinámicas, como las correspondientes a la oralidad y a la escritura (Ong), dependen de su correlato tecnológico (el hipertexto), ¿exigen entonces una re-educación, un aprendizaje? Frente a este punto las opiniones se dividen: para unos, el hipertexto no es sino una prótesis técnica que, por eso, desnaturaliza la comunicación; para otros, en cambio, la herramienta hipertextual facilita la forma natural como el cerebro humano funciona.

Landow, por ejemplo (criticando la postura de Lyotard, quien considera precisamente que toda tecnología es una prótesis), propone que el hipertexto si bien es una "prótesis" de la mente del hombre, es también una herramienta más adecuada a la propia naturaleza de su pensamiento (Landow, Hipertexto, 216).

Para Quéau, la posibilidad de deshacernos de la comunicación física (cuerpo a cuerpo, por decirlo de alguna manera), y que se ha podido realizar gracias a una cultura que ha valorado y puesto en la escena cotidiana lo virtual, el hipertexto sería como una escala intermedia en ese camino que culminará en el ideal de poder atrapar el pensamiento en su inmediatez.

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