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Una batalla por el signo
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Hablar de batalla cultural en torno al hipertexto, implica aceptar que existe una tensión ideológica caracterizada por el endurecimiento de dos posiciones: por un lado, la que reclama la posibilidad de poner en escena nuevas alternativas de escritura y expresión y por otro la que levanta la voz intentando impedirlo. Pero en realidad, esta llamada batalla es mucho más compleja que la simple tensión entre promotores y detractores del hipertexto y abarca otros escenarios culturales contemporáneos (Rodríguez). Puede vivirse como conflicto personal o como el dilema entre alma y tecnología (Birkerts). Ante esta situación se hace cada vez más importante una revisión crítica y minuciosa de las posiciones que consideran la cibercultura como un escenario inevitable y aquellas que consideran que ha llegado la hora de resistir la cibermundialización. En este aparte vamos a detallar sólo dos de esos escenarios. En el primero se observará la forma como se reparten las posiciones y argumentos entre quienes promueven la extensión de la práctica hipertextual y entre quienes denuncian sus peligros. En el segundo se presenta lo que se ha dado en llamar la renegociación entre palabra e imagen. Stuart Moultroph es uno de los autores más representativo de lo que se ha dado e llamar la promoción del hipertexto. Sus ensayos dan cuenta de la resistencia tanto negativa como positiva frente a los sistemas hipertextuales. Algunos de los conceptos que atraviesan los planteamiento de Moultroph tienen que ver con sus características, de algún modo antagónicas a la tradición discursiva de occidente. Así por ejemplo, el concepto de "avería" intenta mostrar cómo el hipertexto es una especie de interrupción o accidente en el flujo lineal del discurso que obliga a tomar conciencia de la falibilidad de algunas de nuestras certezas más fuertes en relación con una deseable precisión discursiva. Junto al concepto de Avería, Moultroph plantea que el hipertextual constituye una posibilidad de realización concreta de espacios semánticos, es decir, de crear significaciones alternas a través de una práctica discursiva no lineal. Al discutir el carácter virtual del hipertexto, descubre que una característica fundamental suya es esa aparente inexistencia que lo hace, más que real, un tipo de escritura potencial, disuelta en el espacio etéreo de la imagen electrónica, algo que irrita a los lectores habituados a un texto estable, amigable y cierto. Pero Moultroph también ve en la realización de sistemas hipertextuales como Internet problemas que deben ser superados, e incluso hace algunas propuestas como el sistema citescapes, y aunque en general se muestra optimista frente al posicionamiento del hipertexto, en algún momento, Moultroph se detiene a analizar las posiciones de resistencia negativa, y debate específicamente las consideraciones de Birkerts y en general de la llamada escuela elegiaca. Birkerts, en efecto, es considerado el mayor promotor de la llamada "escuela elegiaca", según la cual es necesario denunciar la pérdidas culturales a las que estamos enfrentados por la extensión de una cultura digital que estaría sustituyendo, sin una base sociológica adecuada, los valores propios de la cultura de la imprenta. Pero Lanham expone una posición antagónica cuando demuestra que la extensión de la información electrónica afectará positiva e inevitablemente campos aparentemente tan alejados de su influencia como el conocimiento humanístico y de las artes. No obstante, es quizá John Palatella quien ofrece la mejor crítica y deconstrucción de la teoría de los promotores del hipertexto. Palatella propone que en la teoría de autores como Lanham existe una especie de determinismo tecnológico y de desequilibrio genérico que en el que el fondo estaría orientado a restaurar ciertos privilegios del humanismo clásico, configurando una suerte de conservadurismo cultural de visos muy peligrosos. Heiman, de su parte, cree que el desmantelamiento de la palabra escrita debida a los medios digitales afectará no solamente aspectos psicológicos sino ontológicos que obligan a estar muy atentos a una extensión acrítica de la palabra digital. Para Heiman el pensamiento creativo será sustituido por un pensamiento de la eficacia y considera que la tan exaltada inteligencia colectiva conducirá más bien a un tipo especial de estupidez. Miall, entre tanto, considera que los sistemas hipertextuales pueden ayudar en el trabajo investigativo y de contextualización, pero no pueden reemplazar la experiencia de la representación de la interpretación literarias, y descree por eso de los beneficios del computador en el caso de la escritura y la lectura literarias. Gómez Martínez, en cambio cree que estas resistencias al hipertexto no son sino desahogos nostálgicos frente a una realidad que derrumbará inevitablemente estructuras de poder y de distribución del poder, especialmente en el ámbito académico y universitario. Desde el campo de la física y de la matemática, Rosemberg plantea que en la teoría del hipertexto se da una especie de utilización indebida de ciertos términos y de ciertos conceptos para promover una pretendida pero no cierta capacidad vanguardista y liberadora. Tolva prefiere hablar de miedos y ansiedades frente a la herejía del hipertexto, pero al final afirma que esto se debe a que estamos atravesando un tiempo de transición y que la comunicación humana se sabrá adaptar a las nuevas realidades que promete el computador. McGann estima que las escrituras electrónicas pueden alcanzar un desarrollo importante especialmente en las áreas de la investigación científica, aunque deben superar varios problemas que por ahora impiden su evolución extensiva. Finalmente, Ess hace un llamado a los teóricos del hipertexto para que moderen sus posiciones posmodernas, pues considera que si bien el hipertexto tiene su antecedente teórico en los ideales posmodernos y posestructuralistas, su práctica exige combinar elementos modernos y posmodernos. Y, a pesar del anuncio de que el hipertexto es una realización de la textualidad, Bennington nos advierte que el hipertexto es sólo su imagen, no su encarnación, oponiéndose así a la vinculación entre hipertexto y decosntrucción. 2. La renegociación del signo: palabra vs. Imagen La renegociación contemporánea entre palabra e imagen devela un conflico muy complejo entre sistemas de representación simbólica (dentro de los cuales, la escritura es el más imponente) y sistemas de presentación perceptual (o de promoción de la presencia inmediata). Y la tecnología electrónica parece haber expuesto no sólo la fuerza de ese conflicto sino su irresolubilidad. Según Bolter (267- 270), la desable convergencia entre tecnologias de la impresión y tecnologías electrónicas parece cada vez lejana, y esto por dos razones correlacionadas: porque la imagen tiene hoy más probabilidad de imponerse como forma de acceso al conocimeinto y la realidad, y porque el medio electrónico parece más proclive a la presentación perceptual. Estas dos citas del autor mencionado son bastante dicientes: La relación entre la palabra y la imagen se está haciendo tan inestable en los multimedia como en la prensa popular, y parece que esta inestabilidad se está extendiendo. En los siglos XIX y XX, el deseo de ver el mundo en la palabra ha sido sustituido gradualmente por el deseo más fácilmente obtenible de ver el mundo mediante las tecnologías de la ilusión perceptual. Facilidad que hace pensar en un conflicto de fondo: el que se da entre signos arbitrarios y signos naturales. En efecto, las facilidades tecnológicas de hoy han generado el despertar de un deseo reprimido por la cultura y el orden del libro: el deseo por el signo natural, por pasar directamente del signo a la cosa sin mediaciones simbólicas, lo que implica, en su extremo, la disolución de los sistemas de representación que no son capaces de competir con sistemas de inmediatez y transparencia como la realidad virtual. Esa inmediatez, tiene que ver, según Bolter, con otra característica del arte del siglo XX, que habría promovido más un mirar a través, que un mirar propiamente dicho. El arte del siglo XX nos ha acostumbrado a fijamos menos en la estructura del texto, que en lo que nos exhibe. De ahí la potencia de la realidad virtual: una tecnología para mirar a través de. El usuario solo se interesa por el entorno: alta interacción, pero poca conciencia técnica. Promoción de la visualización y de la interacción, desvalorización de una conciencia del signo. |