Lo universal totalizador

Según Lévy (29), las sociedades modernas hicieron surgir, por la utilización de la escritura como el modo preponderante y valioso de la comunicación humana, una universalidad totalizadora. La literatura, entendida como la expresión artística de esta situación espistemológica, se empieza, por eso, a mover bajo una doble tensión: de un lado se siente condenada a decir desde la condición de universalidad totalizadora: se le exige autoexplicación y autosuficiencia, como a las demás escrituras, y se le exige a sus mensajes la posibilidad de circular por todas partes; de otro lado, expresa el conflicto: el héroe literario percibe una realidad vivida más bien como incompleta, misteriosa, resistente a cualquier interpretación fácil o totalizadora y como algo que escapa a su juicio.

El ciberespacio, en cambio, pone en juego otro tipo de universalidad: la interconexión generalizada. La universalidad ya no consiste en un sentido único, en una clausura semántica, sino en la posibilidad de participar de lo que Lévy (28) llama la inteligencia conectiva. Es de esperar que la hiperficción, entendida como la expresión artística de esta situación epistemológica, empiece a moverse ahora bajo una doble tensión: de un lado tendrá que arreglárselas para poner en juego una interconectividad infinita, de otro, una vez superado el actual periodo de normatividad tecnológica, tendrá que saber expresar los nuevos conflictos que surjan.

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