Hipertexto y carnaval: el cuerpo grotesco

Reseña del artículo "The Grotesque Corpus Medium as Meat" de Terry Harpold

Harpold propone comprender la experiencia del lector de hipertextos como una experiencia análoga a la de los exabruptos del cuerpo grotesco en el carnaval medioeval. Según Harpold, existe una especie de materialidad abierta en el hipertexto, un funcionamiento anatómico "transparente" que hace de la lectura hipertextual una experiencia "digestiva", esto es sensible a lo que, en el metabolismo corporal, sería la manifestación de las convulsiones internas del tubo digestivo.

Acudiendo a Bajtín, Harpold parte de la afirmación de que el hipertexto es un discurso dialógico y heteroglósico. En efecto, cada uno de los hilos de un hipertexto es un fragmento de conversación que se une por accidente o planeación prevista, hasta constituir un tejido multiforme que excede al fragmento en sí y lo convierte en la pieza de un diálogo de discursos. Y en la medida en que todo diálogo humano está expuesto a un conjunto de condiciones que exceden las intenciones y conocimiento de sus participantes, el hipertexto adquiere una calidad profundamente social, sensible a todas esas condiciones.

Según lo comprobó Bajtín en su estudio de la obra de Rabelais, en el Renacimiento temprano, los excesos de la heteroglosia condujeron a una modulación del arte grotesco en la literatura, con toda su desproporción y toda su propuesta subversiva. Lo grotesco florece como una arena en la que forcejean los discursos políticos dominantes y emergentes, gracias a la exageración y a la negación de la ley. En la ficción de Rabelais, el cuerpo humano es un teatro de transformación que ignora la superficie y se enfoca en el interior del cuerpo , en sus orificios y excreencias. El cuerpo grotesco es continuamente activo: come, bebe, elimina, defeca, copula, se embaraza, se desmembra. Y todos estos actos se realizan en los confines del cuerpo y el mundo exterior, promoviendo una especie de "intercorporalidad", pues no puede concebirse la re-valoración de estas expresiones fuera de un tejido de interrelaciones sociales. El cuerpo grotesco es, pues, la encarnación del dialogismo y de la contingencia del discurso humano.

De otro lado, las manifestaciones del cuerpo grotesco no son más que una de las formas subversivas de expresión propias del carnaval. En el carnaval, se suspenden o se invierten las jerarquías sociales y políticas. La muchedumbre se hace protagonista y se instaura la festividad. El carnaval es la promulgación pública de los principios del desorden regenerador cuya forma es el cuerpo grotesco.

De una manera análoga, las jerarquías semiológicas, narrativas y políticas del hipertexto son inestables. En el medio hipertextual, existe una alta sensibilidad a la continua reorganización e interpenetración de hilos dialógicos que pueden visualizarse en cualquier momento. El cuerpo hipertextual es, pues, según Harpold, un cuerpo grotesco, donde los actos del discurso son fragmentarios, dialógicos y contingentes. Puede decirse entonces que el estilo hipertextual es a la vez grotesco y carnavalesco y que su condición socio-política es dialógica: cuerpo que muestra sus entrañas y enlaza el cuerpo social al cuerpo discursivo.

Para Harpold, sin embargo, el hipertexto y su práctica extensiva no constituye necesariamente un paso revolucionario, sino que está más cerca del desahogo anarquista. La práctica hipertextual claramente suspende los rasgos monológicos del discurso y esa suspensión tiene consecuencias institucionales y políticas, pero la desviación del cuerpo grotesco puede ser festiva o subversiva y hasta ahora no parece posible afirmar más que el hipertexto tiene un estilo de carnaval.

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