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Hipertexto y carnaval
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Pero acudamos a un teórico que ha estudiado a fondo las relaciones entre literatura y carnaval: Bajtín . Para este autor, que ya nos ha servido de apoyo en otros momentos de la investigación, el problema de la carnavalización (entendida como la influencia del carnaval en los distintos géneros literarios), sólo se comprende si se tienen en cuenta tres cuestiones. Una: que el carnaval es toda una amplia visión de mundo, persistente desde tiempos inmemoriales. Esta percepción se opone a la seriedad oficial, "monológica y dogmática, engendrada por el miedo, enemiga del devenir y el cambio y que tiende a la absolutización del estado existente de las cosas" (Bajtín, Carnaval y literatura, 335). Según Bajtín, la percepción carnavalesca con su alegría en los cambios y su "feliz relatividad", rompe todas las cadenas, pero sin la más mínima huella de nihilismo, y de este modo aproxima el hombre al mundo y a los hombres entre sí. Otra cuestión es el reconocimiento que hay que hacer de la influencia (y hasta de la determinación) que el carnaval ha tenido sobre los géneros literarios. Desde los diálogos socráticos, hasta la "corriente menipea" que desemboca en la novela moderna, pasando por el cuento fantástico, la literatura (especialmente la que pertenece, según Bajtín, a la corriente dialógica) ha estado dispuesta a absorber esa relatividad feliz del carnaval, no sólo como temática, sino, sobre todo, como principio estético. Pero, la risa del carnaval, si bien sigue haciendo parte de la estructura literaria de los géneros modernos, se ha venido ensordeciendo. Y esto constituye un peligro, pues si algo garantiza la risa carnavalesca es que no deja enredar la expresión en las tentaciones de la absolutización, el anquilosamiento o la seriedad monológica. Ese parece ser el destino de la novela; sobre todo de cierto tipo de novela, comprometida con lo que Kundera, a su vez, llama el decorado realista : novela lineal, performativa, con pretensiones de autotrascendencia que ha perdido capacidad para burlarse de sí misma. En realidad, la historia de la novela podría entenderse como la de su propia auto-limitación, pero también como la de su esclavitud frente a un tipo de discurso organizador que la obliga a una presentación de tipo "verosímil" y "realista" como garantía de performatividad. Tal como lo hemos visto antes, el hipertexto encarna esas ocasiones perdidas que la novela tuvo para deshacerse de su compromiso con un tipo de expresividad y, sobre todo, con un tipo de soporte tan cerrado como el libro. Pero también hemos afirmado que sus modelos de expresión y sus nuevas reglas, sólo pueden ser desarrollados a partir de la observación de los intentos por romper estos límites de la expresividad, presentes en la novela no lineal, en la estética posmoderna de fuerzas y en las operaciones neobarrocas. Desde este punto de vista, es posible comprender el propósito de la novela hipertextual de superar esa "incapacidad" estructural que le impidió a la novela tradicional liberarse de su dependencia del sujeto del discurso, como una recuperación de orígenes carnavalescos: en la práctica hipertextual no sólo es posible, sino necesario invertir el orden jerárquico de la expresión, vencer la separación entre escritor y lector y remplazar esa distancia artificiosa por un contacto libre, espontáneo, por un nuevo modo de relación, y también abrirse a lo que normalmente está prohibido o impedido por la expresión tradicional, basada en la forma libro. El hipertexto, en ese sentido, aproxima, reúne, democratiza; destrona la dimensión monológica y se abre a una dialogía ya no tanto representada, como real, extendida y viable. Finalmente, el hipertexto, en la medida en que su lugar de desarrollo y dinámica es la red electrónica, garantiza ese lugar publico y abierto propio del carnaval, y aproxima por eso la práctica hipertextual a lo popular y familiar. Temas relacionados Hipertexto y carnaval: el cuerpo grotesco - Hipertexto y Bajtín |