Itinerario de una sospecha   

El origen

Una reciente conferencia del escritor mexicano Guillermo Samperio , anunciada con el nombre de Novela y posmodernidad, produjo en mi retentiva un efecto similar al que provocó en Marcel el aroma de las magdalenas: el vuelco tumultuoso e intempestivo de una serie de ideas e inquietudes que había aplazado en mi mente, y la consecuente e imperiosa necesidad de expresarlas; la conciencia de que aún tenía cosas qué decir en relación con la posmodernidad, especialmente al respecto de lo que Samperio llamó una “crisis de la expresión”.

La conferencia del mexicano básicamente postulaba la necesidad, que habían tenido él y otros escritores de su generación, de reflexionar acerca de un supuesto vaciamiento en el horizonte expresivo que se manifestaba, en el caso concreto de la novela, por la fatiga de los recursos narrativos que los miembros de la anterior generación (los del boom: García Márquez, Carlos Fuentes, Cortázar, etc.) habían agotado. Tales recursos ya no responderían, según su propia experiencia, a las exigencias de una nueva sensibilidad: las que una sociedad posmoderna (es decir, globalizada, agobiada por la información generalizada y por la dilatación del consumo masivo, uniformizada) habría ido conformando. Las expectativas estéticas de esa nueva sensibilidad se habrían ido llenando por lo que Samperio llamó los géneros livianos, en los cuales la reflexión está ausente y la complejidad habría sido finalmente sometida en favor de una simplicidad rampante (proceso cuyo correlato podría hallarse, según Samperio, en el “aterrador” paralelo: sustitución del cerebro por el computador).

Sin embargo —se preguntaba Samperio—, ¿es la producción de géneros livianos, la única posibilidad para un arte posmoderno? Samperio abogaba porque no. Según él, la función de un arte posmoderno (capaz de superar lo “light”) está en negar la imposición de lo simple, en afectar la sensibilidad de un lector ensimismado por la tecnología, en desnudar el sistema de la uniformización y la homogeneidad, en RESISTIR.

Ahora: ¿cómo hacerlo? ¿Qué clase de resistencia? Acudiendo a Lyotard y a Heidegger, Samperio proponía una resistencia que consistiría fundamentalmente en no desfallecer ante la uniformización del mundo (un mundo que, cada vez más, sustituye pensamiento por economía), en mostrar el sistema en su desnudez y en “dejar descansar en sí mismo lo tecnológico” para sortear así su manipulación. Proponía igualmente aprender de otras artes como la música, la danza, el cine y la pintura que habrían empezado ya a construir códigos más potentes, capaces de afectar la nueva sensibilidad.

© Jaime Alejandro Rodríguez
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