Pensamiento complejo

Con la revalorización de lo caótico, prácticamente no hay aspecto de la cultura que no se haya revisado desde la perspectiva que ofrecen los estudios acerca de lo complejo (Calabrese). Pero son esos fenómenos, ligados tradicionalmente a lo inefable o a lo indecidible, los que más se han favorecido con esta nueva tendencia. El pensamiento es uno de esos fenómenos, sobre los que los estudiosos han renovado su mirada, ya sea para reformular su aspecto lógico, ya para adentrarse en sus aspectos biológicos.

En los estudios sobre inteligencia artificial, por ejemplo, esto ha permitido distinguir mejor varios campos (Rojas, 54-58). Uno de ellos, el de la representación del conocimiento, resulta especialmente interesante en relación con las condiciones de conectividad simultánea  propias de la cibercultura. Modelos como el de los "marcos" permiten ahora entender mejor la manera como el pensamiento dinamiza los horizontes de experiencia en la lectura hipertextual. Este modelo, sugiere la idea de que la mente interpreta cada nueva situación (reconocimiento y potenciación de nodos) en concordancia con estructuras de datos que ha almacenado previamente (contextualización). Por otra parte, el modelo de las "redes semánticas", permite comprender la manera como conectamos esos nodos con otras informaciones, pero también hace que un fenómeno tan inefable como el de la creación o el descubrimiento, pueda ser ahora falible.

La idea del pensamiento complejo es particularmente interesante para el caso del relato digital, en tanto podría plantearse que el hipertexto (plataforma del relato digital) es una herramienta que estaría, a la vez, facilitando este tipo de discurso (el correspondiente a un pensamiento complejo)  y reflejando sus demandas. Edgar Morin, uno de los autores que más han trabajado sobre el tema, define lo complejo como “lo que está tejido en conjunto”, lo inseparable de un todo. En consecuencia, el conocimiento que él estima pertinente es, precisamente, el que asume y se propone evidenciar esa complejidad, la cual tendría al menos tres características:  1) la ubicación de las informaciones y los elementos en su contexto para que adquieran sentido. 2) La multidimesionalidad, esto es, el reconocimiento de  que la realidad se compone de múltiples dimensiones y que para comprenderla, se debería no solamente aislar la partes del todo, sino las partes de otras partes. 3) Lo global, es decir, el conjunto que contiene partes diversas relacionadas de manera inter-retro-activa u organizacional.  Un pensar complejo es, pues, aquél que permite aprehender en conjunto el texto y el contexto, el ser y su entorno, lo local y lo global y lo multidimensional.

El hipertexto, según nuestra opinión, estaría facilitando estas condiciones y favoreciendo claramente sus aptitudes mentales correlativas: las interacciones, las retroacciones, las contextualizaciones y las globalizaciones, ayudando a generar los valores que para Morin son lo más importante: la responsabilidad y la solidaridad. De otro lado, el ejercicio hipertextual colabora en el socavamiento de dos principios muy ligados a la forma de pensar propia de la ciencia clásica: el reduccionismo (conocimiento especializado de las partes que aplica la lógica mecánica y determinista a las complejidades y por eso las restringe a lo simple), y la disyunción, por la cual el saber se parcela y se dispersa.  Quien ha trabajado con hipertexto sabe que los enlaces a fragmentos siempre sugieren y demandan la necesidad de una comprensión compleja, abierta y “enciclopédica” de su discurso.

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