Una estructura blanda

En su libro Writing Space. The Computer, Hypertext, and the History of Writing, Jay Bolter caracteriza dos tipos de estructuras discursivas según el grado de flexibilidad de organización de sus elementos: las estructuras blandas y las estructuras duras. Las estructuras duras generalmente están determinadas por los materiales tangibles donde se soporta la escritura. Así, en el caso del libro, por ejemplo, las estructuras duras están definidas por los materiales usados en su fabricación: el orden de las páginas, que se fija al pegarlas o coserlas; la secuencia del texto, que se define por el seguimiento “página por página”, de una sucesión predeterminada. Las estructuras blandas serían las palabras mismas, el alfabeto, aunque también los dibujos, las gráficas, etc., que tienen un mayor grado de flexibilidad de organización.

En las tecnologías electrónicas, las estructuras duras están determinadas por el hardware del computador. El texto no sólo se escribe, sino que se almacena y debe ser recuperado para la lectura. En este proceso intervienen varios dispositivos electrónicos: el teclado, la memoria del computador, el disco duro y la pantalla.  Parece ser evidente que el espacio de escritura es la pantalla, pero en realidad sólo es el mecanismo que nos permite ver el texto. El texto es almacenado en el disco duro del computador, pero cuando se está usando reside también en la memoria de trabajo del computador. La pantalla es entonces la superficie natural del texto electrónico para la escala humana, pues aunque el texto quede en la memoria o en el disco duro el ser humano es incapaz de reconocerlo en ellos, por lo que necesita de un aparato que lo presente en un tamaño fácilmente identificable para el ojo humano.

La página, como  unidad de soporte escritural condiciona el texto a su medida y a la necesidad de una secuencia, mientras la pantalla, por el contrario, cambia su contenido a una velocidad que depende de las características del procesador, la memoria del computador y el lugar donde se encuentre alojada la información (memoria, disco duro, otro computador). Esto hace que el texto electrónico sea efímero en sí mismo, pues aunque un mismo fragmento pueda ser consultado varias veces en oportunidades distintas, no permanece todo el tiempo en la pantalla, por lo cual no es estable ni permanente para el ojo humano.

Ahora bien, entendido como una estrategia de vinculación textual que permite recorridos flexibles y libres por parte del usuario o lector, el hipertexto resulta ser una estructura discursiva relativamente blanda que, aunque puede estar soportada en diferentes  medios, (y no se limita por eso al medio electrónico), parece tener su mejor presentación en el computador, donde puede explotar todas sus características, de ahí que el discurso hipermedial sea un discurso flexible y proteico a diferencia de lo que ocurre con el discurso propio del soporte libro.

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