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La transparencia semiótica de los textos electrónicos |
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Reseña del artículo "Electronic Signs" de Jay David Bolter En este artículo, corresponde al capítulo VI del libro: Writing Space: the computer in the history of literacy, en el que Bolter desarrolla la idea de que se está generando una especie de transparencia semiótica, gracias al advenimiento de los medios electrónicos. Según Bolter el computador es una máquina para crear y manipular señales ya sean estas matemáticas, verbales o pictóricas. La primera lección que cualquier usuario del computador debe aprender es que hay una diferencia entre la señal y su referencia y esta dicotomía caracteriza tantos los computadores como los sistemas que se desarrollan a través de él como el hipertexto y los programas para la inteligencia artificial, en los que el texto simplemente es un tejido de señales que apuntan a otras señales. Los medios electrónicos hacen evidente el hecho de que, para escribir, se requiere superficies e instrumentos y que la escritura es en sí misma un proceso de semiosis, esto es el movimiento de una señal a otra en el acto de referencia. En ese sentido, la computadora constituye la encarnación de la teoría semiótica y del proceso de la escritura. A diferencia de lo que ocurre con el libro impreso y la lectura tradicional, el texto electrónico hace pensar en su propia referencia y explícita las relaciones entre lo que el escritor construye y lo que el lector lee Peirce explicó que el proceso semiótico tiene tres partes: Debe haber siempre un puente entre la señal y lo que la señal representa y este puente se llama interpretante. El computador es un mundo autónomo en el que se da el proceso entero de semiosis en el espacio de la escritura electrónica de la máquina. Este espacio electrónico es diferente en relación con otros medios de comunicación , en la medida en que sus estructuras textuales son cinéticas, es decir se pueden alterar o reagrupar sus elementos detrás de la pantalla cuando nosotros estamos adelante. Desde esta perspectiva los circuitos electrónicos se acercan al funcionamiento de la mente humana, con lo que se ponen en juego nuevas maneras de escribir y leer que sobre todo exigen interacciones, atracciones y repulsiones para alcanzar el significado. El espacio electrónico reproduce dentro de la estructura textual lo que en el caso del libro tiene lugar en nuestra mente. Bolter entonces define el hipertexto como una obra de señales. El escritor coloca ciertas señales para que los lectores sigan sus conexiones y se muevan a través del espacio en recorridos predeterminados de interpretación o construyendo los propios caminos. En ese sentido, el sistema se vuelve el interpretante para cada señal y la interpretación se convierte en el proceso de seguir los enlaces según las limitaciones de la lógica del computador. El lector electrónico asume un papel activo en la fabricación del texto. El autor puede formar el texto para que cambie permanentemente cuando los lectores cruzan un cierto camino y el computador puede programase para reestructurarse continuamente. La escritura electrónica según Bolter permite desplegar y manipular nuestra red de relaciones con una facilidad asombrosa. El espacio de la escritura electrónica no es una metáfora para la significación sino una tecnología de la significación. En el computador el escritor construye y el lector ejecuta. El escritor pone señales y reglas de interrelación y el lector juega el juego del escritor, siguiendo esas reglas hasta encajarlas en una estructura. Así el lector ejecuta un programa y el computador constituye el medio por el cual el acto de referencia se hace explícito. Ahora, como el acto de referencia se hace explícito en un hipertexto hay también un mayor énfasis en el significado visual, mientras que un residuo auditivo permanece en la medida en que se requiere también la lectura de palabras. Otra observación: en el hipertexto se da un espacio más apropiado para la intersección de los códigos entre lo escrito y lo impreso en la medida en que el hipertexto realza una red dinámica de relaciones. La escritura electrónica con sus representaciones gráficas de estructura promueve que nosotros pensemos que las relaciones intertextuales pueden interponerse de hecho y entonces surge una manera de restaurar la interactividad de lo oral, pues al lector se le permite agregar nuevas conexiones a las inicialmente propuestas por el escritor. Según Bolter estas facilidades del hipertexto basadas en la intertextualidad de hecho permiten restaurar toda la tradición retórica. En relación con las dificultades de la escritura electrónica, Bolter menciona el aparente crecimiento al infinito de las redes textuales, pero enseguida advierte que los computadores operan con una memoria limitada y que esa infinidad es solo aparente, con lo cual se puede también afirmar que el hipertexto no necesariamente constituye una encarnación del ideal nihilista de una semiosis infinita que subvierte los textos canónicos. El hecho de que las señales electrónicas solo se refieren a otras señales es la característica fundamental del medio, pero en una espacio electrónico no hay ninguna regresión infinita, no tanto porque el lector alcance un significado trascendental, sino simplemente porque los recursos de la máquina son finitos. Esta afirmación de Bolter le permite afirmar que la resistencia y la batalla entre tipos de escritura es una falacia. Finalmente Bolter, examina la dificultad para el lector de sentirse perdido en el espacio y concluye que el escritor electrónico vive hoy un mundo de símbolos interconectados y que por eso los nuevos lectores y escritores deben asumir el propio modelo de la mente humana como su modelo cognoscitivo, con lo que se superaría esta dificultad. Temas relacionados: Problemáticas del proceso creativo en la narrativa hipertextual - Cuestiones en torno a una pragmática en el ambiente hipertextual - El lector crítico de hipertextos - La Escrilectura |