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El hipertexto: un objeto híbrido
(imagen vs palabra)
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En su descripción del hipertexto, Landow ofrece la siguiente observación: la hipertextualidad “naturaliza” el contacto y uso de información no verbal, ya sea porque introduce ayudas multimedia (sonido, imagen, vídeo, etc.) o porque brinda asistencia al lector mediante facilidades tales como el cursor, los menú o los iconos. Esta característica del hipertexto origina una resistencia —incluso para quienes se han acostumbrado a escribir con procesadores de palabra— cuya causa, según Landow, proviene en últimas de la tecnología de la imprenta. De un lado, el “modo tecnológico” de la imprenta redujo la conexión entre información verbal y no verbal y, de otro, ha establecido ciertas cuestiones de categoría y poder que habrían ocasionado una desvalorización de lo visual. Sin embargo, con relación a lo primero, Landow nos recuerda lo siguiente: Examinando la historia de la escritura, se ve enseguida que tiene una larga conexión con la información visual, por no hablar del origen de muchos alfabetos en jeroglíficos ni de otras formas de escritura originalmente gráficas (Landow, Hipertexto, 72). Landow cree que esa potenciación de lo no verbal, y en particular de lo visual, que realiza el hipertexto, de alguna manera reivindica la demanda derridiana de una nueva forma de escritura jeroglífica que pudiera evitar algunos de los problemas implícitos e inevitables en los sistemas occidentales de escritura, como la linealidad y la negación del carácter multidimensional del pensamiento simbólico. Pero Landow también cree que la tecnología de la imprenta, por su propia lógica, ha reducido el papel del escritor al mandato: “sólo escribir”, generando así dos situaciones bien curiosas: una, la negación para el escritor del placer de trabajar con material visual. Acostumbrado a asumir su oficio bajo ese mandato restrictivo, el escritor no se atreve a entrometerse en algo que no es lo suyo, y termina, sobrevalorando lo verbal. La otra consecuencia es una especie de “división del trabajo”, con todo y sus consecuencias económicas: la edición de texto sólo la hacen “especialistas” que cuentan con el conocimiento, las herramientas y la tecnología específicos, y que no permiten que nadie más lo haga. Las facilidades del hipertexto y su potenciación de lo visual estarían, de un lado, deconstruyendo estas actitudes y de otro poniendo en evidencia las reducciones a las que ha conducido la tecnología de la imprenta. Por su parte, Kernan propone que uno de los factores que estaría contribuyendo a la muerte de la literatura romántico-modernista es la dura “competencia” de la imagen como forma de conocimiento frente a la palabra escrita. Según Kernan, las imágenes visuales no proporcionan el mismo tipo de verdad que las palabras; lo que dicen no es necesariamente inferior, pero sí diferente. El sentido se halla mucho más en la superficie y se experimenta de inmediato en lugar de descubrirse por un extenso análisis, como sí se hace necesario con los textos tradicionales. El sentido de la imagen visual es, además, mucho menos complejo pues carece de la multiplicidad de sentidos característicos de la palabra y de la ambivalencia irónica que se establece entre las palabras (Kernan, 148). Estas diferencias entre “epistemología” verbal y “epistemología” visual se extienden más allá de la palabra y de la imagen, hacia estructuras organizativas más amplias: La televisión es un collage continuo, tenso, descompuesto. El ideal sistémico, orgánico, de fijeza de la literatura con su hincapié en el oficio y la idealización de lo icónico, no tiene cabida en la televisión. La televisión no produce clásicos, sino entretenimiento... lo que importa no es la continuidad, sino las imágenes individuales y no se hace necesario un desarrollo causa/efecto (Kernan, 148). La cultura del libro habría extrapolado desde la escritura “fija” valores tales como la estructura intrincada, la complejidad del sentido, la ironía, la ambigüedad, la plurivalencia, la indeterminación. En la literatura estas características habrían, según Kernan, generado formas peculiares: poemas densamente tramados, novelas que encierran un misterio, piezas de teatro que adoptan como tema las complejidades de la ilusión: Estos son los clásicos de la literatura moderna, encarnaciones, según se creía, de verdades humanas permanentes. La literatura y la imprenta son encarnaciones de supuestos de un humanismo anterior, vinculados a asuntos tales como la verdad, la imaginación, el lenguaje, la historia. La televisión es una manera diferente de interpretar el mundo: imágenes visuales en lugar de palabras, sentidos simples y francos, no complejos u ocultos, lo efímero, no la permanencia, episodios, no estructuras, el teatro no la verdad. (Kernan, 149). Palabra vs. imagen, imprenta vs. hipertexto, literatura vs. televisión: se configura otro escenario aplicable al análisis de la arena ideológica en torno a la discusión sobre el hipertexto. El análisis de dos textos puede ayudar a entender mejor aspectos relacionados con este tema como son: la manera como se manifiesta la resistencia a creer en la imagen codificada como fuente de conocimiento; y las diferencias entre una epistemología de lo verbal y una epistemología de lo visual. Temas relacionados Historia de la literatura moderna - Escenarios contemporáneos |