Hipertexto e interactividad

El hipertexto, como el juego, no permite espectadores sino  jugadores porque sólo quien juega hace posible la realización del juego.  En este sentido, la obra hipertextual obedece a una estética que exige la cooperación activa del receptor en la construcción del sentido. Las funciones creadoras y receptoras se modifican y se unifican. Las dos producciones de sentido no se pueden separar: el autor, como diseñador consciente de las estructuras hipertextuales, propone una serie de estrategias que invitan al lector a jugar, a participar activamente en la actualización de la obra; el lector, como jugador, no puede situarse al margen como espectador pasivo. Sin su actuación la obra, el juego, la fiesta, no se realiza.

Los grados de interactividad que las estrategias hipertextuales ofrecen pueden ser variables: desde la activación de enlaces y  la selección de trayectos hasta la colaboración en la escritura y el diseño. El hipertexto tiene el potencial de superar el grado inicial de la activación de enlaces —aceptada como grado suficiente de participación en muchas aplicaciones multimedia— y  buscar un alto desarrollo de sus posibilidades técnicas a fin de lograr una práctica receptiva más creativa, productiva y comunicativa.

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