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Hipertexto y laberinto
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El laberinto es una de las imágenes del caos: tiene orden pero es oculto y complejo. Está vinculado, del lado de la producción (diseño), a una complejidad inteligente, y, del lado del usuario, al placer del extravío y al gusto por salir (juego). Por otro lado, es una figura profundamente barroca; tanto que es posible afirmar que la frecuencia de su representación está correlacionada históricamente con épocas barrocas: “allá donde resurja el espíritu de la pérdida de sí mismo, de la argucia, de la agudeza, allí encontramos puntualmente unos laberintos y unos nudos” (Calabrese, 147). La complejidad del laberinto también puede definirse como ambigua: de un lado niega el valor de lo global, pero de otro constituye un desafío para encontrar un nuevo orden. Es decir, el “juego” del laberinto empieza por un placer: perderse, y termina en otro placer: reencontrarse. Pero el proceso de solución del enigma del laberinto sólo es posible actuando constantemente por transformación más que por estabilidad. Incluso las teorías matemáticas de resolución de nodos utilizan procedimientos distintos a los de la matemática clásica: los heurísticos, que no garantizan del todo un final feliz. En nuestra época, estas características se han reactulizado hasta el punto de trivializarse en la producción del recorrido-juego de los videojuegos, donde las reglas del laberinto: perderse, ausencia de mapa, miopía teórica, movimiento, son respetadas. El laberinto en nuestra época se muestra sobre todo como estructura: es el caso de las enciclopedias multimedia interactivas, diseñadas en función de un saber abierto, interdisciplinario, dinámico y a riesgo de la pérdida de orientación. También es posible encontrar múltiples ilustraciones de estructuras laberínticas en novelas (Duluth, de Vidal), donde básicamente el diseño está en función de un recorrido no lineal de la trama. De otro lado, el laberinto moderno promociona sobre todo el placer del enigma y el del extravío, más que el placer de la salida. Siguiendo a Deleuze, Calabrese propone que esta característica de los laberintos de hoy, se debe a un rechazo generalizado a la sistematicidad que ha ocasionado un modo de pensar-vivir, “nómada” muy afín a la asistematicidad construida, a una suspensión de la indecibilidad. En un ámbito aparentemente refractario a esta asistematicidad, el de las nuevas tecnologías computacionales, la lógica nómada ha hecho también carrera. El diseño de los programas interactivos genera en el usuario un proceder más o menos aleatorio que le impide ver el trasfondo binario de esos programas. Pero además, circula toda una literatura anecdótica construida a partir de las experiencias con nuevas tecnologías, incluida la Internet y otras herramientas interactivas, y hasta se han hecho intentos de novela “aleatoria”, ejemplos todos de una estética potencial, que reside en el uso a ciegas de la maquina computadora. En general, es necesario hablar no sólo de un gusto distinto al que otorga la seguridad de lo homogéneo e integral, sino de todo un placer por el trabajo sin control, vehiculado por la extensión de un nuevo tipo de tareas y prácticas que exigen “la inmersión en pequeños bloques, zonas, áreas, sin visión panóptica" (159). Esto concluye Calabrese en relación con la manera como laberinto y nuevas tecnologías están cambiando el modo de pensar el lenguaje y sus aplicaciones, los textos (conclusión muy oportuna, si se quiere percibir y valorar el hipertexto como un objeto neobarroco): Al periodo conexo y paratáctico lo sustituye un pensamiento “en pequeñas partes”, hipotáctico , en el que los nexos se hacen lógicos a posteriori y no lógicos gramaticalmente y sintácticamente (159). La lógica del laberinto constituye, pues, un desafío a los supuestos integradores de la ciencia y de la estética clásica. Por eso resulta fácil también relacionarlo con las reconfiguraciones de la lectura y del diseño narrativo de un hipertexto de ficción con la lógica del extravío del laberinto. En la ficción hipertextual, las estructuras son laberínticas y la lectura “en caída libre” del lector, está guiada por el placer del extravío y por el desafío a un orden que ya no es impuesto sino que depende de su Gestalt. Temas relacionados No linealidad - Hipertexto y anarquismo - Reconfiguraciones del texto - Estructuras narrativas |