Hipertexto como observatorio  

Hipertexto como acontecimiento

Quiero insistir en la consideración del hipertexto como acontecimiento, con el ánimo de legitimar la importancia de una discusión a su alrededor. Sólo si admitimos que la “irrupción” del hipertexto en las discusiones literarias es un acontecimiento podemos avanzar hacia la consideración de las importantes implicaciones para la institución literaria que tiene esa irrupción. ¿Y qué es lo que hace que un hecho adquiera el carácter de acontecimiento?. Antes que nada, su imprevisibilidad.

Y es que el hipertexto, como ya lo dijimos, toma por sorpresa a los actores de la escena literaria. Si bien es posible hablar de cierto tipo de anticipaciones (he querido hablar, más bien, siguiendo a Landow, de convergencias discursivas, y he preparado un apéndice, donde describo esa “múltiple” convergencia), en realidad, el hecho de que el hipertexto sea percibido básicamente como una herramienta tecnológica hace ya extraña su presencia en el ámbito de lo literario. Pero además existe otro hecho: la poca preparación para discusiones sobre el orden tecnológico que caracteriza el espíritu de los discursos literarios mismos. Si bien es posible encontrar en ciertos microsectores (ciencia-ficción, futurismo, por mencionar algunos) una real disponibilidad para la discusión tecnológica, en general la literatura ha estado siempre bastante alejada de ella.

Para legitimarse como saber y como disciplina, por ejemplo, la literatura, al tener que acudir a los modos de pensar y actuar propios de las ciencias sociales, ha convertido lo tecnológico más en objeto de aversión que en herramienta de trabajo. Pero hay algo que olvidan los literatos contemporáneos y es que muchas de las características del discurso literario moderno se generaron como desarrollo de un hecho tecnológico: la invención de la imprenta. Justamente, Kernan nos menciona que la constitución del “objeto” literario (entendido como objeto de estudio, pero también como objeto de práctica) es un efecto directo del modo de reproducir la palabra escrita derivado de la imprenta: la estabilidad de ese objeto, la valoración del estilo, la promoción de la figura del autor y otras propiedades de la “obra literaria” sólo fueron apreciables cuando se tuvo a punto este modo tecnológico de reproducción de la palabra.

No obstante esto, los literatos (tanto escritores como críticos) han estado tan ocupados en una miope crítica ideológica contra la burguesía (uno de cuyos pilares es la tecnología) que han dejado de ver las posibilidades de lo tecnológico en su propio discurso. De este modo es que resulta tan poco probable una apreciación de lo tecnológico (y, por ahí, del hipertexto) por parte de críticos y escritores.

Esta imprevisibilidad (la percepción del hipertexto como un hecho inesperado, distinto, es decir, nuevo) de una posible injerencia de lo tecnológico en el seno del discurso literario, genera otro síntoma que ayuda a caracterizar al hipertexto como acontecimiento: la nutrición de una crisis. En efecto, el hipertexto vehicula una crisis al interior de la institución literaria que cuenta también con otros agentes. Kernan incluye, por ejemplo, las actividades de la critica radical que ha deconstruido las nociones establecidas, pero también factores de pérdida de centralidad de lo literario como la superposición de una cultura de la imagen a una cultura del libro, o las dificultades jurídicas del Copyright. Es decir, que más que un generador de la crisis, el hipertexto la alimenta, en la medida en que obliga a repensar lo que podría denominarse la rutina institucional. Una visualización de las potencialidades (destructivas, constructivas o reconfigurantes) del hipertexto produce sinnúmero de actitudes: temor, inseguridad, pero también búsqueda e indagación. Ocasiona revisiones y un proyectar nuevo. Incluso genera un carácter dramático específico: la lucha por negar o por afirmar la pertinencia de esta presencia, que hace que algunos la vean como algo apocalíptico y otros más bien la aprecien como algo valioso en su carácter fundador.

El punto de partida de estas actitudes que se desarrollan con posterioridad es el desconcierto, es decir, la pérdida de certezas y de seguridades. Una reflexión sobre el hipertexto provoca necesariamente preguntas de difícil respuesta, provoca “dolor” al interior de la institución, pero genera, finalmente, una actitud histórica, esto es, una nueva conciencia, el rompimiento de mitos, el cuestionamiento de lo tradicional, la búsqueda de lo nuevo, aunque también la recuperación de lo válido en el pasado. Autores como Landow, Chartier y Kernan están de acuerdo en afirmar que el proceso de “concientización” frente al hipertexto tiene un paralelo (bastante útil, históricamente) con el del desarrollo e imposición de la cultura de la imprenta.  Este paralelo permite, de un lado, apreciar en su carácter fundador las nuevas dinámicas y, de otro, prepararse a asumir la “lección” de los tiempos.

Quizá lo más importante de todo acontecimiento (y el hipertexto, insistimos, lo es) es que exige sentido. Siendo la literatura un discurso del sentido, esto no puede menos que traducirse en una motivación de dinámica del propio discurso literario. Y es así como vemos que esta búsqueda de sentido afecta rápidamente a algunos autores de narrativa, quienes empiezan a incluir como tema de sus cuentos y novelas, muchas de las situaciones dramatizables en torno a las implicaciones de la presencia del hipertexto en el mundo de la literatura. Ya sea con tono escéptico o en uno más confiado, los autores se hacen sensibles a la discusión e intentan ponerla en escena en sus trabajos. También el discurso teórico intenta focalizar el posible sentido o sin sentido del potencial del hipertexto. Aparecen trabajos que abordan el problema desde múltiples perspectivas. Con estas actividades, que se desarrollan como parte de las dinámicas de discusión, se produce otro efecto propio de todo acontecimiento: el de la consignación y reconocimiento del fenómeno. Y con éste el de la adquisición progresiva de una conciencia temporal, de un nuevo punto de referencia. Se empieza a percibir una línea divisoria; y el pasado se reinterpreta a la luz del acontecimiento.

Me interesa entonces empezar a desentrañar “mentiras, falsedades, inconsecuencias lógicas, generalizaciones, contextualizaciones situacionales, reciclajes, usos, imaginarios sociales, deseos de legitimación, utopías latentes...” a partir de la discusión que se ha generado alrededor de un hecho traumático para la institución literaria: la aparición del hipertexto en el horizonte de sus inquietudes.

© Jaime Alejandro Rodríguez
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