Hipertexto y narrativa: vacíos mapas y percepción

Reseña del artículo "Gaps, maps and perception: what Hypertext readers (don't) do" de J. Yelowless Douglas

Según Douglas, existe una natural habilidad en el ser humano para percibir conexiones, dada una secuencia narrativa. Las narrativas fundamentan su eficacia en el hecho de que el ser humano tiende a hacer conexiones de secesión y orden, de modo que ellas representan, de un lado una demostración de nuestra tendencia a percibir el mundo según estados intencionales o causales y, de otro, la oportunidad de establecer conexiones frente a los vacíos propios del texto, algo ya previsto en los estudios de Isser, los cuales proponen que esta cualidad promueve el acto creativo.

La percepción humana, sin embargo, también parece trabajar en la dirección opuesta, excluyendo el ruido cuando un signo fuerte está presente y permitiendo oír lo que nosotros percibimos cómo significante e ignorando lo extraño. De otro lado, el cerebro al parecer no conserva las sucesiones paso a paso pero reconoce los modelos globales y nos permite sintetizar los vacíos inconscientemente. Son nuestras percepciones entonces las que crean la ilusión de continuidad sucesión y causalidad, permitiendo de paso la pertinencia de los objetos estéticos y la retención de significados importantes para nosotros.

Ahora, según Douglas, la percepción de conexiones es quizás la característica definitiva tanto de la conducta inteligente como de la práctica hipertextual. En el hipertexto, dada su estructura fragmentaria, existe una abundancia de vacíos que comprometen la percepción de conexiones y generan el desconcierto en los lectores habituados a la página impresa.

Con base en varios experimentos de lectura, Douglas, demuestra que existen diferencias significativas entre leer a partir de un texto impreso y leer hipertextos. Cuando le pidió a sus estudiantes que ordenaran un texto que había sido cortado en fragmentos, ocurrió que ellos actuaron con ciertos prejuicios heredados muy seguramente de su práctica literaria. Así fue como intentaron encontrar un principio y un final, una información de fondo, sucesiones de acción, descripción de caracteres, transición entre sucesiones, voces en la historia y tonos. Pero lo más significativo fue que todos ellos intentaron encontrar un solo orden. Douglas cree que este "instinto literario" responde a tres causas: La primera es que, dado que toda narrativa tiene necesariamente vacíos, nosotros intentamos llenarlos según modelos preexistentes, y los que tenemos a la mano son los modelos propios del texto impreso. En el texto impreso la sustancia física de la página y la autoridad de la palabra narrativa se confabulan de manera que el lector busca un orden único. En segundo lugar, existe la tendencia a creer que existe un solo orden secuencial y lineal, de modo que cuando las uniones lineales están rotas aparece una plétora de posibles conexiones que desconcierta al lector. En tercer lugar, el texto impreso por lo general responde a una macroestructura, es decir, a un orden ulterior único, de modo que estamos naturalmente impedidos para extraer órdenes alternos. En síntesis, Douglas concluye que la fragmentación de textos permite ver el papel estabilizador y a veces coercitivo de la página y de la autoridad narrativa, aunque también permite comprobar que es posible establecer otros tipos de conexión distinta a las que responden al orden lineal, así como la percepción de órdenes alternos.

La pregunta que se hace Douglas es cómo hacer entonces para que lectores acostumbrados a narrativas de texto impreso, donde el orden textual es singular, definitivo y conclusivo, respondan adecuadamente ante narrativas interactivas, dónde se les exige que lean sin la ayuda del formato de la página, que se enfrenten a episodios múltiples de cierre y que respondan a los puntos de decisión que aparecen en cada segmento narrativo. El estudio de la lectura de hiperficciones de Bolter, Moultthrop y Joyce, donde las exigencias propias de una narrativa fragmentada e interactiva están bien desarrolladas, permitió encontrar elementos para proponer una práctica hipertextual adecuada. Douglas destaca dos grupos de elementos para una lectura hipertextual. En primer lugar, la necesidad de acudir a mapas y cartografías en lugar de las convencionales relaciones metonímicas y metafóricas. En segundo lugar, la necesidad de desarrollar lógicas de fin, cierre y satisfacción distintas a las exigidas para textos lineales. Por la primera condición, el sentido de la lectura del texto se deriva del hecho de haber visitado la mayoría de los puntos del mapa virtual del texto. Por la segunda condición, el lector de textos interactivos debe reconocer y aprender a gozar de la aparente infinitud del texto. Sólo así, el lector podrá visitar los puntos una y otra vez, re-significarlos y potenciarlos.

Douglas finaliza su artículo proponiendo dos tipos de lectores. Los que él llama "lectores dirigidos internamente" y los que define como "lectores dirigidos por otro". Los primeros se distinguen por su capacidad de navegar a través del espacio de la narrativa revisando el concepto de cierre. Los lectores dirigidos por otro toman sus señales para leer de su conocimiento y práctica preestablecidos de lectura y de los convencionalismos literarios.

Con su falta de cierre convencional, sus indeterminaciones, ambigüedades y representaciones de hechos mutuamente excluyentes, las narrativas interactivas quieren claramente perturbar los sentidos y convenciones de los lectores dirigidos por otro. Estas narrativas requieren de los lectores su inmersión en los tejidos narrativos y desprenderse del sentido de narrativa como totalidad y reemplazarlo por el de una estructura de posibles estructuras. De esta manera, las narrativas interactivas realzan el valor y la importancia de las acciones de significación, cierre e, incluso, conexiones narrativas.

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