Literatura y nuevas tecnologías  

Introducción

El camino emprendido en torno a una reflexión acerca del hipertexto tuvo su origen en una primera reacción frente a la propuesta de salida a la crisis expresiva de nuestros tiempos que planteaba Samperio en su conferencia. Y esa salida, no olvidemos, consistía básicamente en resistir frente a dos efectos “nocivos” de la sociedad posmoderna denunciados por el mexicano: la simplificación del pensar y la manipulación de lo tecnológico. Así sintetizaba su posición Samperio:

Frente a ello (reducción, simplificación), ya desde 1951 Martin Heidegger sugería una actitud frente a los productos de la tecnología: dejarlos reposar en sí mismos y manipularlos cuando los utilicemos. Es decir, si reposan en sí mismos, se mantendrá en su interior su sistema y su mecanismo implícito de pensamiento, y no transitará hacia el usuario; por otro lado, se trata de manipularlos a ellos y no ellos a nosotros, y manipularlos al servicio del crecimiento humano y sus complejos procesos de pensamiento. De esta manera, no dejaremos la posmodernidad en manos de un idioma sin memoria, unívoco y reduccionista, con ensambles simples.

La intuición de que había algo que no era del todo cierto en esta declaración me llevó en un comienzo al otro extremo: a dejarme deslumbrar por el entusiasmo que Landow manifestaba frente a las posibilidades que brindaba, a la creación literaria, precisamente un producto tecnológico: el hipertexto. Entre esos dos extremos relativos (finalmente ni Samperio ni Landow resultan intransigentes en sus posiciones, pues ambos dan cabida en sus discursos a posturas moderadas frente al problema), pueden encontrase varias posiciones intermedias. De modo que el panorama de discusión se vuelve pronto muy amplio.

Eso: un panorama de la discusión, es lo que ofrece el volumen Literatura y multimedia que recoge las actas del VI seminario internacional del Instituto de Semiótica literaria, teatral y nuevas tecnologías de la UNED, y que será aquí nuestro principal punto de referencia para tratar de dilucidar qué es lo que se mueve detrás de las distintas posiciones frente a las nuevas tecnologías en relación con la literatura.

Pero quiero volver un momento a Landow, antes de hacer ese inventario de posiciones que me propongo exponer muy brevemente como primer paso en la visualización de las relaciones entre literatura y nuevas tecnologías. En el capítulo: La política del hipertexto, de su libro Hipertexto, Landow nos ofrece un horizonte de las posibles relaciones entre tecnología y poder. De entre las distintas posiciones que examina, dos me parecieron ilustrativas del fenómeno en cuestión.  Una tiene que ver con la crítica que hace a Frederic Jameson, promotor de la postura marxista de rechazo a la tecnología como generadora de cambios. Landow llega  a la conclusión de que las exclusiones de Jameson poco tienen que ver con el marxismo y son más bien una muestra de la fobia por la técnica del humanista corriente. Jameson y muchos humanistas, según Landow, recurren a mecanismos de oscurecimiento que sugieren que ciertas cuestiones (tecnología y desarrollo, por ejemplo) no afectan asuntos cruciales de categoría y poder. En realidad, lo que devela Landow es que los ludistas (humanistas que no creen en la tecnología) verían afectados muy seriamente sus intereses si admitieran que la ecuación: mutación tecnológica, entonces mutación cultural, es cierta, y por eso enfilan todo su empeño y su discurso hacia la deconstrucción de la posible relación entre tecnología y poder. Pero una tecnología siempre confiere poder a alguien, recuerda Landow, y en el caso del hipertexto, pareciera que se trata de una trasferencia de poder que estaría democratizando el conocimiento, lo cual tiene que afectar dramáticamente las jerarquías tradicionales.

Landow también examina la postura de Lyotard de considerar la tecnología como prótesis y hace una deconstrucción de esta posición, para mostrarnos que efectivamente hace falta algo que el hipertexto proporciona a la mente del hombre: contar con una herramienta más afín a la propia naturaleza de su pensamiento. Landow (acudiendo a Ong ) hace una comparación de los efectos (culturales, políticos y psicológicos) del implantamiento de otra tecnología de la comunicación: la escritura, y finalmente explicita su postura:

Mi postura es que la historia de la tecnología de la información, desde la escritura hasta el hipertexto, refleja una creciente democratización o reparto del poder. Este proceso lo inició la escritura: exteriorizar la memoria, convertir el saber de uno en el saber de muchos; el lector se ha venido convirtiendo en creador, en autodidacta y ha cortado lazos de subordinación: el hipertexto facilita y pone al alcance todo esto (Landow, Hipertexto, 216).

Es muy posible, pues, que detrás de las posiciones de rechazo y promoción de las nuevas tecnologías se esconda una lucha por el poder: resistir a la tecnología podría (al contrario de lo que esperaba Samperio) favorecer un status quo jerárquico y conservador, mientras que promoverla, podría estar indicando cierta posibilidad de emancipación. ¿Pero es la cara del poder contemporáneo tan clara como para aceptar que un optimismo tecnológico es suficiente para allanar el camino hacia esa democratización que espera Landow? No es fácil contestar a esta pregunta. Examinemos otras posiciones antes de intentar formular alguna solución.

Este capítulo también desarrolla los siguientes apartes:

Las lecciones de la historia

Una dimesnión sincrónica

© Jaime Alejandro Rodríguez
Hipertexto y literatura - Foro abierto