Hipertexto y mente

Kerckhove en hipertexto y mente, un aparte de su libro Inteligencias en conexión. Hacia una sociedad de la Web, afirma que los sistemas de procesamiento de información (y de entre ellos sobre todo el hipertexto) serían extensiones de algunas de las propiedades de nuestra mente, serían algo así como psicotecnologías, esto es, herramientas que facilitarían mejor que otras tecnologías los procesos naturales de producción del pensamiento. Igualmente, Kerckhove afirma que, al mismo tiempo, la mente estaría viéndose afectada por efecto de la utilización de estas tecnologías. Y trae a colación a Stephen Talbot (127), quien considera que el computador adquirió forma en la mente humana antes de que se materializara en el mundo. Nos estaríamos enfrentando, por consiguiente, a los más activos poderes de nuestro propio funcionamiento mental: “Una vez que has vuelto a concebir tu interior como una computación, afirma Talbot, y una vez has incrustado un reflejo de ese interior en el computador, buscas satisfacción de forma compulsiva por medio de la interfaz”.

Clément, en cambio, en su Epistemología del discurso hipertextual, nos advierte que no deberíamos considerar tan fácilmente al hipertexto como “imagen” del pensamiento. Aunque el objetivo de Clément en su artículo es examinar el funcionamiento de la estructura hipertextual en tanto instancia enunciativa, parte del hecho de que la interacción entre hombre y máquina dentro de un sistema complejo es lo que distingue al hipertexto de otros dispositivos, tales como los sistemas expertos o las bases de datos. La idea básica que sostiene el autor es que el hipertexto puede considerarse a la vez como un sistema material e intelectual dentro del cual un actor humano interactúa con las informaciones que surgen de su recorrido y que a su vez modifican sus representaciones y sus demandas. A diferencia de una base de datos, el interés del hipertexto no está solamente en las unidades informativas que contiene, ni tampoco en la forma en que están organizadas, sino en la posibilidad que ofrece de construir un pensamiento o un discurso a partir de esos datos. Y aunque esta operación de extracción de un sentido a través de un recorrido de lectura es propia de cualquier texto, en el caso del hipertexto reviste un carácter particular: tiende a la no linealidad y, potencialmente, a la discontinuidad

Según Clément, existe toda una literatura de la discontinuidad que insiste en las limitaciones de la retórica narrativa o argumentativa. Esta literatura fragmentaria cuenta con obras muy notables y constituye la señal de una escritura que busca “restituir el surgimiento del pensamiento, oponerse al tratado, al espíritu del sistema, a la plenitud, a los tiempos muertos de las transiciones”. En forma de montaje discontinuo, encuentra su cohesión no en la linealidad de un desarrollo, sino en la red subterránea de temas vueltos a retomar y a variar. Esta estructura deconstruida es la que el hipertexto le propone al lector para que él la organice según su propio gusto, a partir de configuraciones potenciales, como un espacio  semántico a construir.

Pero no hay que confundir este tipo de deconstrucción (de la continuidad), nos advierte Clément, con la creencia de que nuestro modo de pensar más natural es el analógico. En "As we my think", Bush  imagina el hipertexto del futuro como un dispositivo material para unir documentos que se le presentan simultanea o sucesivamente a la mente de un científico en la fase preliminar de su investigación, de tal manera que pueda después consultarlos en el mismo orden. Esta búsqueda de información y su puesta en relación analógica, según Clément, puede aportar una valiosa ayuda al investigador, pero no es equivalente al pensamiento. Porque el ejercicio del  pensamiento exige que pasemos de la información a la argumentación, y por eso la sola recopilación de información no basta para construir un razonamiento. El hipertexto no reproduce estas categorías habituales de la lógica o el discurso, sino que se construye a través del recorrido del lector. La especificidad del hipertexto está en la ausencia de un orden jerárquico fijo que estructure el dominio previamente a su lectura y en la invención de nuevas formas discursivas.

Por esta razón, Clément afirma que la escritura hipertextual trata los puntos de vista y las estructuras conceptuales como paisajes para ser explorados más que como posiciones para ser defendidas o atacadas. Potencia la fluidez y la reudundancia más que los fundamentos y las posiciones definitivas. Ofrece caminos que llevan al lector a visitar varias veces un mismo fragmento. Inventa una nueva retórica. Clément finaliza su exposición de esta manera:

Si hay que encontrar una información, las bases de datos lo harán. Si hay que seguir una argumentación, el orden de los razonamientos induce a la linealidad. La especificidad del hipertexto es que introduce una forma de enunciación pionera. Podemos recorrerla utilizando un plano, seguir las indicaciones de las "calles". Pero en cada cruce, es el peatón quien decide qué dirección seguirá, dando un rodeo o tomando un atajo. Y lo que le induce a girar a izquierda o derecha es la alquimia que se establece entre los humores del paseante y los ambientes de la ciudad. Recorrer un hipertexto es ir a la deriva.

Curiosamente, este “ir a la deriva”, coincide a la perfección con la aseveración de Morin de que el conocimiento es siempre una aventura que conlleva a “navegar en un océano de incertidumbre a través de archipiélagos de certezas.”

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