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Imaginarios en lucha
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Desde una historia de las resistencias, resulta muy interesante profundizar en el análisis de dos imaginarios colectivos, dos sistemas de representación antagónicos que convergen en dos actitudes igualmente opuestas: la del agelasta, enemigo del devenir y del cambio, y la del rebelde que lo proclama; la del conservador que sólo admite la existencia y legitimidad de lo estable y prescrito, y la del perturbador que vive a gusto en medio de la diversidad, la fragmentación y la inestabilidad. Esta revisión es también la oportunidad para explicar los conflictos ideológicos suscitados alrededor de la discusión sobre la pertinencia del hipertexto como resultado de considerarlo una invitación al carnaval de la escritura. Unos, los entusiastas, acogen la invitación; otros: los detractores intentan ignorarla o deslegitimarla. Esa intuición inicial estará guiada aquí por las siguientes preguntas: ¿No es acaso festiva la actitud que hay tras esa invitación a carnavalizar de la escritura? ¿No es el entusiasmo por la práctica del hipertexto una convocatoria a la celebración de la era del lector? Si es así: ¿qué tipo de fiesta es? Ahora, el hecho de que el hipertexto sea una practica intelectual (que a lo sumo permite una carnavalización entonces de “segunda” dimensión), ¿no le resta autenticidad? Pero, también, ¿no es el carnaval el soporte de larga duración de esa celebración? De otro lado, en tanto “retorno” (de lo oral, de lo popular, de lo medioeval, de lo barroco ), ¿no configura el hipertexto una reivindicación de lo siempre deseado? ¿No es el hipertexto una fiesta de su tiempo, que inventa (reactuliza) lenguajes y prácticas? ¿No es por eso la fiesta del hipertexto un observatorio privilegiado (en cuanto representación, purga, etc.) de gestos, comportamientos colectivos, actitudes, sensibilidades y expresiones del imaginario social? El hipertexto —algo así como un carnaval moldeado por herencias lejanas que conviene descifrar— ¿no nos enfrenta al problema de las invariantes reactulizadas? ¿No hay que estar, por eso, atento a dilucidar qué es lo que alimenta el imaginario de su época (gusto neobarroco y tras de ello, la posmodernidad, el capitalismo tardío, etc.)? Laplantine propone el estudio de tres tipos de comportamiento colectivo: la espera mesiánica (necesidad de convertir la desesperación en esperanza al rededor del profeta o de los pequeños iluminados), la posesión (reacción ante la frustración intensa que ya no espera, puesta en marcha de una alternancia temporal) y la utopía (o pasión de la perfección alcanzada de una vez por todas). Tres tipos posibles de respuesta a fenómenos de degradación de los vínculos sociales tradicionales. Laplantine también afirma que, por encima de las discontinuidades, es posible siempre hallar las invariantes de la imaginación colectiva. Pero, de igual modo, que esta “memoria” colectiva de la esperanza y de la rebelión se re-actualiza continuamente. Además, es importante tener en cuenta que la visualización y estructuración de comportamientos “invariantes” no sólo es aplicable a sociedades tradicionales, sino que, una vez deconstruidas las fronteras entre arcaísmo y modernidad, es posible aplicarla a manifestaciones contemporáneas. Quizás por eso, Laplantine advierte que, hoy, estamos nuevamente disponibles para la utopía, el mesianismo y la posesión, y que no hay nada de lo que solemos llamar arcaísmo o primitivismo que no se refleje en nuestra modernidad. Al hacer una introducción de las actitudes en que se diversifica la matriz de la imaginación colectiva de la esperanza, Laplantine propone relacionar sus manifestaciones específicas según ciertas oposiciones y cruces. Examinada con los parámetros adecuados, la práctica hipertextual muestra (en oposición, pero sobre todo hibridados) elementos tanto de mesianismo, como de utopía y de posesión, lo cual podría confirmar la presencia subyacente de ese imaginario que el teórico francés llama “de la esperanza”, en los discursos que la justifican (y la reacción concomitante en los discursos que la deslegitiman). Es importante recordar que el discurso promocional del hipertexto se exhibe como posibilidad de libertad e igualdad. Se insiste mucho en que el hipertexto le otorga libertad al lector y “equipara” su potencia creativa con la del escritor. Esta posibilidad de ser, por fin, todos creadores, puede apreciarse como nostalgia de un deseo nunca cumplido, y, a la vez, como instauración del ya propio de la posesión. De otro lado, se acude al mito de la técnica, por el cual, como nunca antes, se adquiere una vía segura para el alcance de esa libertad deseada. También, en la promoción del hipertexto, se da cuenta de profetas (del lado de la literatura, los posestructuralistas, del lado del discurso tecnológico, autores como Bush o Nelson; este último hasta se autoproclama como tal). Finalmente, aquéllas actitudes que fomentan la exploración de la nueva herramienta y acciones para su institucionalización (búsqueda de lenguajes, estrategias de circulación específicas, etc.), estarían jugando, según esta lógica, a la construcción de la “ciudad ideal” del hipertexto; una ciudad que, por lo visto, sería privada, a la que no accederían sino los privilegiados, lo que la acerca a la ciudad utópica. Temas relacionados Hipertexto y carnaval - Hipertexto y neobarroco - Escrituras posmodernas - El hipertexto y la matriz mesiánica de la imaginación - El Hipertexto y la matriz de la posesión - El hipertexto y la utopía |