Aventura literaria en tres actos - Jaime Alejandro Rodríguez   
 
Primer acto: Opio en las nubes: La posmodernidad ha concluido  

 

  Arriba el telón
 

Primer acto.
Opio en las nubes: La posmodernidad ha concluido

 

Segundo acto:
Metatrón: Escritura neomanierista

  Tercer acto.
El camino del caimán: La voz del otro
  Cae el telón
  Bibliografía

Volver al índice anterior

De alguna manera, las dos reseñas que conozco sobre Opio...(y que invito a leer para no tener que repetirlas aquí y evitar así un ejercicio de glosa que me parece ya suficiente con esas dos referencias ) terminan valorando positivamente la novela.

Silva en su artículo Opio en las nubes y otras novelas ácidas, justifica esa valoración desde dos observaciones generales: una, que podríamos llamar, la "espontaneidad" de la novela y otra que llamaré su franca ruptura del canon.

Según Silva, la obra de Chaparro es esencialmente expresiva, en el sentido de dar cuenta de un mundo contemporáneo "descuadernado y múltiple" sin tener que acudir a ningún juicio moral o una posición ideológica explícita.  De un modo que es básicamente lúdico en la forma y contracultural en el contenido -y sobre todo sin pretensiones académicas o intelectuales-, la novela termina constituyendo, por superposición de estos procedimientos, el vehículo más adecuado de esa expresión de lo contemporáneo que se propone: "Chaparro, afirma Silva, es simplemente un productor de sensaciones". A cambio de las contorsiones vanguardistas (posmodernistas, dice Silva, aunque, como veremos, esa acepción no es tan exacta) que se habrían esperado, hay un ritmo vertiginoso del lenguaje, una fragmentación perfectamente concomitante con el mundo que expresa, la creación de una atmósfera existencial impactante y eficaz y una renovación de lo real (es decir una desautomatización de la percepción del mundo contemporáneo), que a su vez está fundamentada en la mayor virtud de un productor de ficciones: su fuerza expresiva.  Es, según Silva, la madurez del autor de no mostrar las ganas de ser reconocido como escritor en su primera novela y la sincera necesidad de expresar el mundo que le tocó vivir, lo que determina que la obra de Chaparro sea una buena novela, pese a ciertas dificultades técnicas "propias de la época": sus limitaciones de lenguaje y sus imperfecciones en la construcción.

Aunque Silva sólo anuncia las dificultades técnicas de la novela y no las desarrolla, seguramente se está refiriendo a esa doble sensación que afecta al lector de Opio ... : de un lado, el ritmo vertiginoso de la obra tiende a arrastrar su lectura hasta el final, pero, de otro, el monologismo de la novela termina haciendo empalagoso esa lectura.  Ese es, precisamente, el mayor inconveniente de la obra que detecta Pineda Botero en su artículo Novela colombiana: la propuesta de los noventa, cuando se refiere a Opio en las nubes como una novela posmoderna.  Según Pineda, el intento por hacer que la novela alcance un alto nivel de dialogismo se ve frustrado cuando el lector reconoce que los distintos narradores seleccionados utilizan "el mismo sistema de metáforas, los mismos juegos lingüísticos y similares temas y procedimientos".  Es decir, no hay varios narradores, sino un mismo narrador monofónico, de modo que el mayor logro de la novela: su lenguaje, se ve opacado por esta incapacidad de diferenciación de las voces que pueblan el texto.

El otro aspecto valorado positivamente es la capacidad de  romper el canon mismo de la novela Opio... no se comporta de manera canónica:  no construye una anécdota  coherente y sólida (tiene más bien, un "airecito surealista", nos dice Silva), la escritura está llena de faltas (procede de una manera heterodoxa, mediante descripciones, listas con frases de ingenio, falta de puntuación, repetición, cacofonía, onomatopeya y sus metáforas no producen el efecto retórico clásico esperado.  Está entonces, "pésimamente escrita") y, como si fuera poco, acude al traqueteado recurso de los mensajes musicales. ¿Cómo es posible, entonces -se pregunta irónicamente Silva- que los jurados del Premio Nacional se hayan "despistado" de esa manera?

Todos estos aspectos -que podrían, en efecto, generar una recepcion negativa en quienes esperarían de un Premio Nacional un comportamiento más ortodoxo- están ligados profundamente al modo mismo de ser de esta novela.  De un lado, lo de la "pésima escritura", obedece, como ya se ha dicho, a la necesidad de expresar, en plena concomitancia, un mundo fracturado y frenético.  Una historia tejida en forma cronológica no habría alcanzado el efecto (esa sensación de fractura y frenesí) que se había requerido.  Se necesita del ritmo vertiginoso y de una historia que también se fractura en lo virtual.  Ese ritmo parece ser el de la música rock.  Por lo demás, lo de la música es apenas uno de los elementos (quizás el de mayor peso) de la manifestación contracultural propuesta en la novela.  El recurso frecuente a la música rock como discurso que juega en el texto, más que un clisé, es el impulso que nace de la necesidad -de quien ha descubierto la mentira del discurso oficial- de encontrar un espacio de comunicación franca.  El proceso sería más o menos el siguiente: a la pérdida de confianza en el orden establecido, se contrapone la vida, esa vida se expresa en el ritmo -en la posibilidad de sostener infinitamente ese ritmo- y ese ritmo alcanza su espacio natural en la música.  La música es el discurso que no miente, que ofrece la vida en su estado puro: sentimientos, goce, comunicación.  El rock comunica sin tener que acudir al logos oficial, es universal porque expresa y significa para aquellos que ya no tienen cabida en el mundo de la cultura hegemónico.

Ahora, es cierto (como lo advierte el propio Silva) que esa experiencia ya estaba propuesta en la obra de Andrés Caicedo: ¡Que viva la música!  Pero, ¿se puede acusar a Opio... por eso de plagiarismo o de epigonismo?  Yo creo, más bien, que habría que apreciar lo propio y lo regalado de la obra de Chaparro.  Es ahí, en la posibilidad de diferenciar lo que a primera vista es una confluencia, donde encuentro de gran utilidad el artículo de Pineda Botero.

En efecto, a diferencia de la obra de Caicedo, donde la historia es sólida y cerrada, donde los personajes se han construido según el canon, la propuesta ideológica es clara y está más o menos explícita, existe un único sujeto de la narración y el comportamiento formal sigue una senda tradicional, en Opio... lo anecdótico es débil y contradictorio, los personajes no alcanzan una identidad clara, no se hace culto a ninguna institución y sobre todo no hay propuesta ideológica, ni mensaje, ni enseñanza.  Pineda también destaca el hecho de que la masificación, el despilfarro y la contaminación (para mencionar sólo algunas de las “plagas" de la hipermodernidad presentes en la obra de Chaparro) "se asumen no con propósito de denuncia sino con naturalidad, como si nadie quisiera protestar o cambiar el mundo".  No hay pues, dramatización ni tampoco una intención utópica y el efecto es una visión caótica del mundo.  Caos al cual tenemos que sumarle un narrador disperso y confuso, un espacio desarticulado y sobre todo un tiempo carente de continuidad en el que los hechos suceden sin relaciones de causa efecto (Pineda, 363).

En contraste, ¡Que viva la música! es una obra que hace oposición explícita al orden establecido y presenta una propuesta de resistencia muy clara: convertirse en la enfermedad de los valores burgueses.  Según una afirmación del profesor Gastón Alzate, Caicedo proclamaba el final de los tiempos en el que la música y la droga terminarían por suplir los grandes valores del pasado.  En Opio... , al parecer de Pineda Botero, todo ese proyecto se ha consumado:

En Opio en las nubes ya todo está desacralizado y ni siquiera se mencionan los antiguos dioses para tener un objeto de risa. Tampoco existe la oposición modernidad-posmodernidad: el universo se ha convertido en una inmensa ciudad contaminada, desacralizada y yerma.  El proceso de posmodernización del mundo ha concluido (Pineda, 363).

De una a otra novela va lo que distancia la modernidad de la posmodernidad.  Eso es lo propio de la novela de Chaparro. Siguiente

  Volver al índice anterior