Aventura literaria en tres actos - Jaime Alejandro Rodríguez   
 
Segundo acto: Metratrón: Escritura neomanierista  

 

  Arriba el telón
 

Primer acto.
Opio en las nubes: La posmodernidad ha concluido

 

Segundo acto:
Metatrón: Escritura neomanierista

  Tercer acto.
El camino del caimán: La voz del otro
  Cae el telón
  Bibliografía

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Me referiré aquí también a dos reseñas sobre Metatrón que me parece que ofrecen una visión complementaria: la que expone en forma amplia el profesor Cristo Figueroa en un artículo que examina la obra de Philip Potdevin (La obra literaria de Philip Potdevin o la vivencia imaginaria de la cultura) y la que presenta Julio Paredes: La coartada erudita.

Según el profesor Figueroa, la obra de Potdevin (quien, por lo demás, es un escritor plurigenérico, pues ha publicado también libros de poesía y de cuento) está marcada por una visión de mundo que entiende la cultura como un texto vivo.  Esta visión de mundo se manifiesta en una escritura neomanierista, abundante en referencias culturales, carente de ironía y muy marcada por el pensamiento, la inteligencia y sobre todo la erudición.

El tema central de la novela (la androginia) no sólo es tratado desde distintas ópticas y mediante complejos procedimientos, sino que constituye una propuesta moralista muy clara, cuya exposición, de alguna manera -pese a la forma misma de la obra (llena de vericuetos, de autoconciencia y de juegos intertextuales y metatextuales)- la aleja de lo que se esperaría de una novela posmoderna (aún cuando Paredes considere que su neobarroquismo la coloca en medio de los lenguajes posmodernistas).

Extrapolando a Pineda en su artículo sobre la novela posmoderna en Colombia, referido en el aparte anterior, Metatrón, en su aspecto temático, tendería a lo que el crítico considera como propio más de la novela moderna: caracterización psicológica sostenida de los personajes, visión ordenada del mundo, existencia de verdades objetivas y de principios trascendentes.

Es cierto que tales verdades y principios no hacen parte de lo que llamaríamos la cultura oficial y que se alimentan más bien de las corrientes esotéricas y underground, pero la novela lo hace para contraponerlas a la cultura oficial, con la esperanza (andrógina en ese sentido) de  recuperar una unidad perdida, movida precisamente por la fe en que la oposición de los contrarios permita dicha unidad.  Toda la exposición del  Angel Necesario, por ejemplo, muestra un claro planteamiento de enseñanza moral práctica: revivir el cadáver angélico y de esta manera enfrentar el nuevo milenio. "Se trata, dice Figueroa, de una nueva anunciación desde una perspectiva ecuménico capaz de conciliar muchas tradiciones y credos hasta conformar otra noción de Angel, entendida como arquetipo de la propia identidad, cada vez más elevada".

No cabe duda de que Metatrón es una obra ambiciosa y que esa ambición, como afirma Paredes, es su mejor acierto. Implica, del lado del autor, una gran amplitud de conocimientos, saberes y visiones y una actitud (en este caso en particular) muy comprometida con su propuesta de Verdad.  Ahora, del lado del lector, sin embargo, es posible que muchas de las páginas de la novela no lleguen precisamente bajo el código de lo literario.  Siguiendo a Paredes en su reseña, el relato del Maestro, sería el que mejor cumpliría con una condición literaria, es la pieza de ficción más pura, menos contaminada por el intertexto filosófico o histórico:

Se trata de otra historia de amor pero sin didactismos, sin preceptivas, sin divagaciones 0 retahílas eruditas para disfrazar la certeza o el fracaso de un amor (Paredes, 22).

Esto no quiere decir que sea ilegítimo el uso del intertexto en la novela.  La novela es un género que lo permite todo.  Lo que estaría en duda en Metatrón es lo que de alguna manera sugiere Paredes cuando afirma que la historia de Trevis y el Maestro es la más sólida y la más breve y que allí la erudición es más funcional y estimulante que en el resto de los planos de la novela, porque, en otros, la utilización de los datos eruditos puede incluso romper en forma abrupta el clima narrativo mismo.  Un ejemplo: el primer encuentro en la novela de Franz y Sabina, tan lleno de ansiedad y tensión erótica se ve cortado para dar paso a una explicación erudita del valor simbólico y ritual de las piedras de sus dijes, o cuando Sabina de pronto le da una lección de su conocimiento de los pinos de la sabana a Franz, en un viaje que debería tener más bien una atmósfera romátinca.  Tal vez, como lo asegura Paredes, la erudición de la novela se convierte a veces en una coartada para disfrazar la falta de profundidad de la obra.

Con todo, Metatrón, constituye un ejemplo de la calidad de la literatura joven en Colombia y una esperanza de muy buenos augurios para la narrativa de nuestro país. Siguiente

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